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CUADERNO NEXOS

Teresa Gurza. Reportera. Corresponsal en Michoacán de La Jornada. 

Los cinco candidatos a gobernador de Michoacán andan ya en campaña. Víctor Manuel Tinoco es el del PRI, y los expriístas Cristóbal Arias, José Alcaraz y Hermenegildo Anguiano, lo son por el PRD, PT, y FCRN, respectivamente. Felipe Calderón es el candidato del PAN.

Para Arias los principales obstáculos de la contienda política que culminará el próximo 12 de noviembre con las elecciones para gobernador, 30 diputados y 113 alcaldes, están en la falta de equidad por el desvío de recursos públicos y la parcialidad de los órganos electorales a favor del PRI. Ha anunciado, incluso, que puede suspender su campaña si esta situación no cambia.

Calderón coincide y añade que lo más difícil es «vencer el escepticismo de la gente que quiere el cambio pero piensa que no se puede». Agrega que los triunfos panistas en Jalisco y Guanajuato alentarán a los ciudadanos de Michoacán y para favorecer esta especie de contagio ha recibido banderas panistas de esas dos entidades en sus fronteras con Michoacán.

PRD y PAN están en contra, por excesivo, del tope de gastos de campaña que fijó el Instituto Federal de Michoacán en 28 millones de nuevos pesos por partido.

Tinoco tiene como tesis central el no a las concertacesiones y está incorporando a sus intervenciones propuestas regionales.

Fuera de las características anteriores, las campañas de Arias, Calderón y Tinoco son muy parecidas. Los tres hablan de la necesidad de la paz y estabilidad para crear inversiones que ayuden al desarrollo de Michoacán, frenen la emigración y contribuyan a la seguridad de la entidad, que tiene un alto índice de marginación y de asaltos en carreteras. A sus casi idénticos discursos, responden sus simpatizantes con iguales consignas como el «duro, duro, duro». Quitando las críticas al gobierno, que no hace el PRI, ni planteamientos ni porras permiten saber de qué partido se trata.

Con Tinoco y con Calderón viajan a los pueblos «gritones» que ambientan los actos, alaban a los candidatos y dicen a los presentes cuándo aplaudir y porrear. En los mítines de Arias hay más entusiasmo espontáneo. Algunas actividades de los tres candidatos son anunciadas como organizadas «por la sociedad civil», pero a ellas concurren los mismos priístas, panistas o perredistas reconocidos.

Transcurren las campañas en medio de la indiferencia de los ciudadanos sin partido y que, de acuerdo con lo dicho por los tres candidatos, es a quienes se ha tratado de llegar desde que hace alrededor de dos meses las iniciaron.

Mal se vieron entonces las direcciones nacionales del PRI, PRD, y PAN. El PRI estatal había asegurado que el «centro» no intervendría. No fue así y los enviados a Michoacán de la aún dirigente nacional, María de los Angeles Moreno, violentaron tiempos y formas y el nombre del «bueno» fue publicado por columnistas de México y «filtrado» en Morelia por Héctor Hugo Olivares Ventura, días antes de que fuera oficial. Pese a esto Olivares semiobligó al presidente estatal Víctor Silva y al coordinador del CEN, Juan Salgado, a desmentir «los rumores» publicados la mañana del destape anunciando que Tinoco sería candidato «porque no tenían fundamento». Cinco horas más tarde, ambos leyeron como si nada la convocatoria para la elección del candidato y el pronunciamiento «de los sectores obrero, campesino y popular de Michoacán» a favor de Tinoco.

Silva reconoció que «se violentaron las cosas»: negó que formas y designación hayan provocado división y afirmó que la decisión que favoreció a Tinoco se fundamentó en «verdaderas auscultaciones». En éstas tuvieron papel fundamental las ternas presentadas al CEN del PRI por los exgobernadores Agustín Arriaga, Carlos Torres Manzo, Luis Martínez Villicaña y Genovevo Figueroa.

El equipo de campaña de Tinoco lo encabezan Francisco Octavio Aparicio, muy cercano a Figueroa, y Carlos Arteaga Paredes, titulares de la coordinación general de la campaña y la coordinación de comunicación social y perdedores en otros procesos electorales.

Como candidato a diputado federal por Zacapú, Aparicio sacó en las elecciones federales de agosto de 1994, más votos que Ernesto Zedillo como candidato a presidente. El PRD lo acusó de fraude. Los votos que le anularon los organismos electorales dieron el gane al PRD. Meses después fue nombrado delegado estatal de la SEDESOL.

Arteaga Paredes fue colaborador de Ignacio Vázquez, el candidato del PRI a gobernador de Guanajuato derrotado por Vicente Fox.

Al iniciar su gira en Pátzcuaro, acompañado por los exgobernadores anticardenistas Arriaga Rivera y Martínez Villicaña, con quien llegó -a Michoacán en 1986, Tinoco dijo que su campaña estaría inspirada en los valores de Tata Vasco.

Con «amarres» entre los inconformes y gracias a los errores del PRD, al gobierno de Ausencio Chávez y a los recursos que Pronasol ha destinado al estado, el PRI ha podido remontar la situación que tenía hace años y que lo llevó a perder más de la mitad del estado.

Pero tendrá dificultades para ganar las elecciones si el PRD resuelve sus pleitos internos y Cuauhtémoc Cárdenas decide participar en la campaña electoral de Arias.

Lo primero no se ha dado. Roberto Robles Garnica, que perdió con Arias en elecciones internas la candidatura a gobernador, ha llamado a no votar. El grupo de Arias tampoco ha arreglado sus conflictos con Leonel Godoy que condiciona su ayuda a la entrega a su gente de posiciones en los comités perredistas, en listas plurinominales y en algunos ayuntamientos.

El apoyo de Cuauhtémoc a Cristóbal no ha sido claro. A dos meses de la campaña y hasta el cierre de esta nota faltando mes y medio para las elecciones del 12 de noviembre, Cárdenas no había estado en la campaña pese al publicitado abrazo que dio a Arias el 15 de agosto.

Se anuncia que lo hará el último domingo de septiembre y que visitará entonces comunidades de la sierra purépecha. En una de ellas, Carapan, una manta que se colocó en un mitin de Arias al que asistió Muñoz Ledo, advertía: «Sólo votaremos por Cristóbal si Cuauhtémoc nos lo pide».

La división de los perredistas michoacanos llegó hasta el Tercer Congreso Nacional de este partido, luego de que se agudizó en junio pasado a raíz de las elecciones internas para candidato a gobernador.

Alejandro Encinas y Raymundo Cárdenas dieron en México las cifras de la votación tres horas antes de que en Michoacán las tuvieran listas. Sólo que resultaron erróneas. Nadie, ni allá ni acá, explicó de dónde salieron.

A esto siguieron la revocación que del triunfo de Arias hizo la Comisión Nacional perredista de Garantías y Vigilancia, telefonazos y comunicados que se desmentían unos a otros y amenazas de renuncia de varios miembros del comité ejecutivo nacional si no se ratificaba a Cristóbal, quien finalmente rindió protesta como candidato en Morelia con la presencia de nueve miembros del CEN encabezados por Porfirio Muñoz Ledo.

Arias propuso a partidos y candidatos la firma de un acuerdo de 13 puntos para garantizar la paz y evitar conflictos postelectorales y que incluye la integración de comisiones legislativas que verifiquen si se está gastando dinero de dependencias oficiales en favor del PRI. El líder del congreso, diputado Germán Ireta, del PRI, dijo que la comisión era viable, pero semanas más tarde cambió de parecer.

Por lo que hace a la dirección del PAN, ha sido ya muy divulgado el incidente de las «chingaderas», entre el presidente nacional, Carlos Castillo Peraza, y periodistas de Morelia el día de la convención estatal que eligió a Felipe Calderón candidato a gobernador.

El conflicto de Castillo Peraza con la prensa moreliana ha repercutido negativamente en la cobertura de la campaña de Calderón, cuyas declaraciones sobre el conflicto influyeron para que fuera suspendida como corresponsal de un noticiero de Multivisión y despedida como funcionaria del Instituto Electoral de Michoacán, la reportera Cecilia Arista, que ahora labora para el PRI.