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CUADERNO NEXOS

Edmundo Henríquez. Etnólogo. Vocal de organización del Instituto Federal Electoral en Ocosingo. Juan Pedro Viqueira. Historiador. Investigador del CIESAS-Sureste en San Cristóbal de Las Casas.

El 15 de octubre de este año se llevarán a cabo en Chiapas elecciones para elegir presidentes municipales y diputados locales. Aunque estas elecciones han despertado menos interés y pasión en la opinión pública nacional que las que tuvieron lugar el año pasado en ese mismo estado, no por ello son menos importantes. Si bien las elecciones de 1994 fueron sin duda las más limpias que jamás hayan tenido lugar en Chiapas, ello no significa que hayan estado exentas de cuestionamientos más o menos graves. Las protestas postelectorales alcanzaron tal grado de violencia que en varias ocasiones estuvieron a punto de dar al traste con la tregua pactada con el EZLN y hundir al estado en una espiral incontenible de caos y represión. La repetición de este escenario en las elecciones de este octubre pondría en serio riesgo no sólo la continuidad de las negociaciones de San Andrés Larráinzar, sino que vendría a perturbar seriamente las posibilidades del diálogo nacional entre los partidos políticos.

En estas elecciones se encuentra también en juego la legitimidad política y social de muchos de los principales actores políticos del estado. La cámara local, que actualmente sólo cuenta con dos diputados de oposición, se va a abrir a un mayor pluralismo. De acuerdo a los resultados de las elecciones de 1994, el PRD llegó en primer lugar en cinco distritos estatales de un total de 24: el VII (Ocosingo), el XVIII y XIX (Tapachula); el XX (Las Margaritas), y el XXIV (Caoahoatán), resultados que a pesar de cierto desgaste del PRD podrían llegar a repetirse. El PRI fue mayoritario en todos los demás, aunque su ventaja sobre el PRD fue relativamente corta en el X (Bochil) y en el XXIII (Villaflores). El PAN estima poder ganar en las próximas elecciones los dos distritos de Tuxtla Gutiérrez (el I y el II) y el de San Cristóbal (el V). Pero incluso si el PRI perdiera los 10 distritos que acabamos de mencionar, muy probablemente lograría conservar la mayoría en el congreso local gracias a las curules que se otorgan por la vía plurinominal.

En lo relativo a los municipios, en 1994 el PRD llegó en primer lugar en 23 de ellos, la gran mayoría ubicados en Los Altos, en la Selva Lacandona y en el Soconusco. En otros cuatro hubo un «empate técnico», ya que según el tipo de elección el PRI o el PRD ocuparon el primer sitio. Parece difícil que el PRD pueda superar o incluso igualar estos resultados en las elecciones venideras. El PAN, por su parte, aunque no llegó en primer lugar en ningún municipio en 1994, tiene algunas posibilidades de triunfo en unos 10 municipios ubicados principalmente en el área de influencia de Tuxtla Gutiérrez, en la región Costa y en San Cristóbal de Las Casas. De cualquier forma resulta muy improbable que el PRI pierda el control no digamos de la mayoría sino incluso de las dos terceras partes de los municipios del estado, que en total suman 111.

En cambio, el PRI sí corre el riesgo de perder todos o casi todos los municipios en los que se localizan centros urbanos de gran importancia. En Tuxtla Gutiérrez, el candidato del PAN, Enoch Araujo, conocido y respetado comerciante, quien fue nombrado contralor del estado por Eduardo Robledo en su «gobierno de unidad», es el favorito para ocupar la presidencia municipal. En Tapachula, centro neurálgico de la región más rica y dinámica de Chiapas -el Soconusco-, el PRD logró capitalizar en 1994 el descontento de las clases populares junto con el de las clases medias, cansadas del centralismo tuxtleco, alcanzando el 48% de los votos contra el 34% del PRI. Aunque es probable que la votación a favor del PRD disminuya sensiblemente, no es imposible que este partido logre hacerse de la presidencia municipal de esta importantísima ciudad. En San Cristóbal de Las Casas, el PAN presenta un candidato que al decir de muchos mestizos es «joven, bien preparado, de buena familia y ya tiene dinero». El PRI, por su parte, ha postulado a Rolando Villafuerte, quien se había desempeñado como regidor en el cabildo saliente, y que ha sido señalado como uno de los creadores del grupo denominado «los auténticos coletos». Así, en estas elecciones municipales de San Cristóbal (y en las del distrito electoral correspondiente, en donde el candidato del PRI para diputado local es Jorge Mario Leesiour Talavera, presidente municipal saliente de esta ciudad), los «auténticos» se juegan su legitimidad como representantes del sentir mayoritario de los «coletos». Finalmente en el municipio de Reforma, en donde se extrae y se procesa la cuarta parte del gas natural del país, el PRI llegó en primer lugar por un margen muy pequeño ante el PRD (44% contra el 41%). Un avance importante del PAN en ese municipio, a costa de los votantes del PRI, podría quitarle a éste el control del ayuntamiento.

La pérdida de dos o más de estos cuatro municipios, que son claves en la economía del estado, significaría una derrota de grandes consecuencias para el PRI, que se vería reducido a administrar casi exclusivamente municipios rurales.

En estas elecciones también está en juego el control de las regiones indias de Chiapas, con el peso simbólico que significa en este momento de la vida nacional el poder ostentarse como el representante legítimo de los indios. Salvo en algunos municipios del norte (Chilón, Simojovel y El Bosque) el PRD estaba totalmente ausente en ellas. En 1994, las organizaciones campesinas e indígenas independientes, al mismo tiempo que apoyaban las demandas del grupo armado, se comprometieron por primera vez con la vía electoral y decidieron apoyar a los candidatos del PRD y de la «sociedad civil». Gracias a ello en la región maya (Los Altos y la Selva Lacandona) los votos se repartieron más o menos equitativamente entre el PRI y el PRD (48% al primero y 44% al segundo). El PRI llegó en primer lugar en Los Altos (51% contra 40%), mientras que el PRD triunfó en la Selva Lacandona (53% contra 41% del PRI) gracias al voto de los zapatistas. A pesar de los éxitos obtenidos en 1994, el avance de la disidencia política en los municipios indios no es necesariamente irreversible. A lo largo de estos últimos meses el PRI ha sabido cooptar a un buen número de líderes antes independientes y ha logrado que varias planillas surgidas de las asambleas comunales se registren bajo sus siglas. Los caciques indios que mantienen el control de los recursos financieros, los han canalizado preferentemente a las comunidades que se mantienen leales a su causa, comunidades plenamente identificadas gracias justamente a los resultados de las elecciones de 1994.

Muy probablemente el gobierno va a analizar con lupa los resultados electorales de la zona que estuvo bajo control de los zapatistas durante todo el año pasado y los va a comparar con los de las elecciones de 1994, para saber si el EZLN ha logrado mantener el apoyo del grueso de sus bases o si, por el contrario, ha sufrido grandes defecciones a raíz de la entrada del Ejército Mexicano a la selva. Desgraciadamente los lectores, que normalmente sólo conocen los resultados por municipios, no podrán realizar esa misma evaluación, ya que la zona que estuvo bajo control zapatista se encuentra dividida en tres municipios (Ocosingo, Las Margaritas y Altamirano) en los que la dinámica electoral que existe en sus partes no selváticas puede oscurecer los resultados de la región de las Cañadas.