La existencia de la oposición y la posibilidad de que gane elecciones son características fundamentales de todo régimen democrático. Durante décadas, los mexicanos vivimos sin una oposición institucionalizada fuerte que ofreciera una alternativa al PRI. Los treinta gloriosos años de paréntesis democratizador (1988-2018) que impulsó el reformismo político-electoral fueron una liberación. Fue un momento de florecimiento del pluralismo que hasta entonces ahogaba la necedad autoritaria de ignorar que no todos pensamos igual. Fueron años, también, de gran creatividad institucional y analítica.
Sin oposición no hay democracia, ni voluntad soberana, ni voto que valga, ni campaña que convenza, ni pueblo que se respete. Ya lo sabemos, ya lo vivimos. Si no podemos escoger a nuestros gobernantes, si no podemos deshacernos civilizadamente de los que no nos gustan, si no podemos promover con el voto nuestro proyecto político preferido, entonces tendremos que admitir que estamos de regreso en la caverna autoritaria. Si en esa dirección nos lleva la próxima elección, habrá que reconocer en este destino un triunfo del lopezobradorismo.
Este artículo está disponible sólo para suscriptores
Si ya tienes una suscripción puedes iniciar sesión aquí.
Suscríbete
Suscripción plus
(impresa y digital)
1 año por $ 799 MXN
Entrega de la edición impresa*
Lectura de la versión impresa en línea
Acceso ilimitado al archivo
Contenidos especiales
*Para envíos internacionales aplica un cargo extra, la tarifa se actualizará al seleccionar la dirección de envío
Suscripción digital
1 año por $ 399 MXN
Lectura de la versión impresa en línea
Acceso ilimitado al archivo
Contenidos especiales
¿Eres suscriptor de la revista y aún no tienes tu nuevo registro?
Para obtenerlo, sólo tienes que validar tus datos o escribe a soporte@nexos.com.mx.