Llevo ya unos cuatro años trabajando sobre la violencia en México, es decir: sobre asesinatos, desmembramientos, desapariciones, amenazas, vejaciones y todo eso. Y con alguna regularidad me pregunto: ¿por qué lo hago?, ¿para qué hacerlo?
Si contestara esas preguntas como cronista, diría que —sin buscarlo— la realidad me fue “enganchando”, pero ¿por qué? Tendría que poder contestar esta pregunta tanto en el terreno subjetivo —psicológico— como en cuanto a lo que pretendo conseguir a través del trabajo que hago. De otro modo, mi trabajo valdría lo mismo que cualquier otra forma de autoflagelación.
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