En 1957, con cinco años de reinado a sus espaldas, la reina Isabel II visitó por primera vez Estados Unidos en calidad de jefa de Estado, invitada por el entonces presidente Dwight D. Eisenhower. La soberana devolvió el favor dos años más tarde, en agosto de 1959, cuando recibió a Eisenhower y su esposa, Mamie, en el castillo de Balmoral, Escocia, una magnífica y extensa propiedad privada de la familia real desde 1852. Nadie sabe qué sucedió, de qué se habló tras esas puertas cerradas; en cambio, sí sabemos a ciencia cierta que el presidente Eisenhower se dejó seducir hasta el enamoramiento por los bollitos de su majestad, los scones. Tanto que cinco meses después de servirles, ella le envió con cierto retraso una carta que incluía su receta personal.
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