Darwin contra el acoso

“Muy bien, entonces; vamos a rostizarlo”, gritó Flashman, y agarra a Tom por el cuello […] y es retenido a la fuerza frente al fuego, Flashman apretando sus pantalones como tortura adicional”.

“¿Cuatro con la bata puesta o tres sin ella? […] Los cuatro varazos le llovían a uno en el culo tan aprisa que acababa todo en cuatro segundos”.

“¿Quién quiere verme quitarle los pantalones a Snivelly?”.

Tres escenas de acoso escolar, tal como las recuerdan o imaginan Thomas Hughes en 1857 (Días de escuela de Tom Brown); Roald Dahl en 1984 (Boy, relatos de la infancia); y J. K. Rowling en 2003 (Harry Potter y la Orden del Fénix). Al cambiar de hoja, de los internados británicos novelados a los pasillos de colegios creados y recreados por el cine sin discriminación de género cinematográfico, vemos burlas terroríficas (Carrie, 1976), vergonzantes humillaciones (La venganza de los nerds, 1984), atemporales agresiones (Volver al Futuro y Forrest Gump, 1994), chismes y otras tácticas indirectas (Chicas pesadas, 2004) y lo que se acumule este año. Porque si algo ha sido apenas exagerado en la literatura y la cultura popular, es el retrato de los acosadores en una etapa de nuestra vida —la adolescencia— y en un lugar —el colegio— propicios para este comportamiento: un grupo de personas sin parentesco alguno, forzadas a convivir durante meses y a establecer una jerarquía, compitiendo académicamente y al inicio de su vida sexual por la atención de compañeros del otro o del mismo sexo, ¿qué podría salir mal?

Más allá del interior de las aulas y de la invención de las escuelas, más allá del interés inicial de antropología, sociología y psicología por su estudio sistemático (el primer artículo científico sobre el tema fue publicado en 1897 y pasaron más de siete décadas antes de que apareciera el segundo), y mucho más allá, incluso, de la adolescencia y de nuestra especie, el acoso como una forma específica de agresión en la que un individuo con más poder que otro daña a este último de manera repetida, con un fin determinado (adelante, más sobre esto), se presenta no sólo entre otros animales, sino hasta entre plantas y bacterias.

Ilustración: Oldemar González

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