La colección de zapatos de Imelda Marcos fue durante muchos años la representación emblemática de la corrupción en el tercer mundo. Y era casi lo único que sabía sobre Filipinas cualquier lector de periódicos. Detrás estaba la dictadura de Ferdinand Marcos, diez años de estado de excepción, miles de muertos, decenas de miles de detenidos, torturados, pero Marcos era sólo uno más, ni el más pintoresco ni el más sanguinario en la floración de tiranos del ecuador de la Guerra Fría, donde se contaba a Somoza, Stroessner, Amín, Suharto.
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