En su famosa conferencia de 1882 “¿Qué es una nación?”, el historiador francés Ernest Renan afirmó que la nación era un referéndum diario. La clave de su existencia era que los ciudadanos recordaran ciertas cosas y olvidaran otras (como por ejemplo: la matanza de protestantes de la noche de san Bartolomé de 1572, en la cual los católicos masacraron a los hugonotes en París). Lo interesante es el sujeto que “recuerda” u “olvida”. Tendemos a pensar a la nación como un ente colectivo impersonal y, en cierta forma, intemporal. Sus líneas de inicio y final deben ser difusas. Sin embargo, a la continuidad simbólica de la nación se le opone su dimensión biológica. Todas las naciones están conformadas por personas de carne y hueso que nacen, viven y mueren. Son ellas las que recuerdan u olvidan.
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