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CUADERNO NEXOS

El voto estratégico

Beatriz Magaloni Kerpel. Politóloga del Centro de Investigación para el Desarrollo A.C. (CIDAC).

El «voto de oposición» en México esta determinado no sólo por preferencias ideológicas (preferir la izquierda sobre la derecha o viceversa) sino por un razonamiento estratégico: votar por el candidato que se considera mas «viable» o capaz de derrotar al PRI. Si bien es cierto que el elector tiende a votar consecutivamente por el mismo partido, de acuerdo con la mayor identificación que este siente hacia la ideología, desempeño y propuestas del partido, dicha decisión no es inamovible. El elector puede decidir votar por un partido distinto cuando, por ejemplo, desaprueba el desempeño de su partido en el pasado reciente o considera que existe alguna alternativa mejor. También puede ocurrir que el elector decida cambiar su voto por razones estratégicas. Así, por ejemplo, si un elector se identifica más con el candidato del PRD, Cárdenas, pero considera que el candidato del PAN, Fernández de Cevallos, tiene más posibilidades de ganarle al candidato del PRI, Zedillo, es posible que dicho elector decida darle su voto a Fernández de Cevallos. Si, por el contrario, dicho elector se identifica más con el candidato del PAN, pero sin embargo considera que el PRD tiene más posibilidades de vencer al PRI, entonces podría ocurrir que el elector votara estratégicamente por Cárdenas. ¿Bajo que circunstancias es de esperarse que el voto «estratégico» tenga lugar? ¿Sería posible que el voto estratégico decidiera el resultado de las elecciones? ¿Qué «tipo» de votantes podrían razonar de esta manera?

El voto estratégico implica votar no por el candidato del mayor agrado del elector, sino por el de su segunda opción con el fin de derrotar al candidato que lleva la delantera en la contienda electoral. Este tipo de voto tiene lugar sobre todo en sistemas electorales de mayoría relativa en distritos uninominales cuando compiten más de dos partidos políticos. Las elecciones presidenciales de México,(1) Estados Unidos, Chile y Brasil, entre otros, están reguladas precisamente por este tipo de regla electoral. Esta regla implica que sólo un candidato, el que obtenga la mayoría relativa de votos, es elegido a pesar de que dicho candidato no logre obtener una mayoría absoluta de los votos. En estas ocasiones existen incentivos para que algunos electores voten por el candidato que se encuentra en segundo lugar, aunque este no sea el de su preferencia, con el fin de derrotar al candidato más fuerte. El voto estratégico tiende a suceder con menor frecuencia en sistemas electorales en los que existe una segunda vuelta o «desempate» entre los dos candidatos que obtuvieron el mayor numero de votos en la primera ronda, tal como ocurre en las elecciones presidenciales de Perú.

(1) También las elecciones de gobernadores cumplen con estos requisitos, no así las de la Legislatura Federal en las que existen tanto representantes uninominales como plurinominales.

El voto estratégico no solo es una posibilidad teórica. Existe evidencia de que en las elecciones presidenciales de Estados Unidos el voto estratégico ocurre cada vez que un tercer candidato independiente decide competir en la elección. En estos casos, un numero importante de votantes ha decidido votar por su segunda opción a pesar de simpatizar mas con el candidato independiente. Por ejemplo, en las ultimas elecciones presidenciales en Estados Unidos algunos de los votantes que prefieran a Perot sobre Bush, y a estos por encima de Clinton, decidieron votar por Bush con el fin de fortalecer la opción republicana. El voto estratégico, no obstante, no tuvo la importancia suficiente como para derrotar al candidato demócrata, Clinton.

También existe evidencia indirecta del voto estratégico en México -aunque esta no se deriva de encuestas sino de datos agregados. En Baja California, por ejemplo, en 1988, Cárdenas era candidato del FDN y ganó la competencia por la Presidencia con 36.9% de los votos mientras que el candidato del PAN, Clouthier, obtuvo 24.5%. No obstante, el segundo partido ganó la gubernatura en 1989 con 52.5%. Probablemente el electorado razonó estratégicamente que el PAN representaba la mejor opción para derrotar al PRI aunque no fuera su primera opción partidista, esto suponiendo que el voto por el FDN en 1988 revelaba una manifestación de preferencias reales. Este supuesto seria falso si el voto por Cárdenas en 1988 hubiera representado una opción estratégica, es decir, un voto por la candidatura que a juicio del electorado parecía más viable para derrotar al PRI.

En México el voto estratégico en contra del PRI es de esperarse sobre todo de los electores que consideran la alternancia en el poder y la democratización objetivos fundamentales del voto, ademas de que no poseen una preferencia «rígida» sobre un partido en particular. Esto elimina como posibles votantes estratégicos a los militantes y activistas de los partidos políticos -los que trabajan directamente en la organización del partido y de las campañas- y a quienes tienden siempre a votar por el candidato de su partido, con independencia de las posibilidades que este tenga de ganar, sus propuestas de campaña o las alternativas existentes.

Para ilustrar la posibilidad de voto estratégico supongamos el escenario que se ilustra en la tabla siguiente. La primera columna representa el porcentaje de votos que los candidatos recibirían si no existiera voto estratégico (los números son simplemente ilustrativos, no se derivan de encuestas o de una predicción personal). En la segunda columna se propone un ordenamiento hipotético de las preferencias de tres grupos de votantes respecto a los candidatos de los partidos fuertes. En este ejemplo, supongo que los votantes que apoyan a Zedillo (39%) prefieren en segundo lugar a Fernández de Cevallos y en tercer lugar a Cárdenas, y los votantes que apoyan a uno de los partidos de oposición ordenan al candidato del PRI en último lugar.(2)

(2) Para que el voto estratégico tuviera algún impacto no se requiere que los números sean los presentados en la tabla. Lo que se necesita es que, en primer lugar, el candidato del PRI no tenga la mayoría absoluta de los votos, y en segundo lugar, que la suma de los votos de los candidatos de oposición sea mayor a la pluralidad del candidato del PRI.

Porcentaje de votos

Ordenamiento completo de

de primer lugar

preferencias

39% Zedillo

Zedillo, Fernández, Zedillo

30% Fernández de Cevallos

Fernández, Cárdenas, Zedillo

20%

Cárdenas Cárdenas, Fernández, Zedillo

11% Otros candidatos

El voto «sincero», exclusivamente basado en preferencias partidistas, supondría que Zedillo recibe 39%, Fernández de Cevallos 30%, y Cárdenas 20% de los votos. El voto estratégico, en cambio, supondría que algunos de los votantes pertenecientes al tercer grupo votaran por su segunda opción, Fernández de Cevallos, con el fin de derrotar a su tercera opción, Zedillo. Con estos números hipotéticos se requeriría que 10% de los votantes que prefieren a Cárdenas votaran estratégicamente para que el candidato del PAN, Fernández de Cevallos, ganará la elección con 40% de los votos. Un voto estratégico como este supondría un cambio significativo en el comportamiento electoral: implicaría que del electorado que expresara simpatía por Cárdenas, el 50%(3) no votaría por dicho candidato sino por el del PAN. En la medida que la tabla presentara un menor margen de Zedillo sobre el segundo candidato el requisito de voto estratégico seria menos exigente para definir el resultado de las elecciones. Si Cárdenas se encontrara por encima de Fernández de Cevallos en la columna de votos de primer lugar podría suceder, en cambio, que los votantes que prefieren al candidato del PAN voten por el del PRD. El que ocurriera lo primero o lo segundo dependería de cual de los candidatos de oposición se considere más «viable» a juicio del electorado. Una forma adicional de voto estratégico consistiría, por ejemplo, en votar por el candidato del PRD, a pesar de que la posición ideológica del votante se encuentre mas cercana a la de la candidata del PT, Cecilia Soto, esto con el fin de fortalecer la posición de izquierda que se considera más viable en la contienda electoral.

(3) Es decir, el 10% del 20% de los votantes que en la tabla posicionan a Cárdenas como su primera opción.

Para que el voto estratégico tuviera impacto en el resultado de la elección no se requiere que todos los electores que apoyan al candidato del PAN o del PRD ordenen sus preferencias en la forma que hipotéticamente se propone en la tabla. Si, por ejemplo, existiera un subgrupo relevante dentro de los electores que apoyan a Cárdenas y ordena sus preferencias de dicha manera (PRD, PAN, PRI), mientras que el resto prefiriera al candidato del PRD, en segundo lugar a la candidata del PT y en tercer lugar a la candidata del PPS, el voto estratégico podría seguir teniendo algún impacto en la elección.

Pero mientras mas partidos entran al juego, el impacto del voto estratégico se diluye dado que es mas difícil que las preferencias sobre un gran número de partidos se coordinen en un mismo sentido.

El hecho de que después del debate algunas encuestas reportaron un cambio de preferencias en favor del candidato del PAN y en perjuicio del candidato del PRD es una evidencia indirecta de que en esta elección habrá posibles electores estratégicos. Por ejemplo, en las encuestas publicadas por el periódico Reforma el 11 de mayo, antes del debate, se reportó que 45% votaría por Zedillo y el 15% por Cárdenas, mientras que el tercer lugar lo ocupaba Fernández de Cevallos. Después del debate los porcentajes se modificaron: 38% en favor de Zedillo; 31% en favor de Fernández de Cevallos, y 11% en favor de Cárdenas. Algunos de estos porcentajes reflejan un simple cambio de preferencias en favor del candidato menos conocido. Pero el candidato del PAN posiblemente logró capturar votantes no sólo del PRI sino también del PRD. Estas encuestas no indican quien ganará las elecciones, no sólo porque después del debate 19% aun se declararon indecisos, sino porque no son representativas de la población de electores (por ejemplo, no está representado el sector agrícola). Además, las preferencias aun pueden cambiar al acercarse más las elecciones. No obstante, esta y otras encuestas indican que existe un porcentaje de votantes dispuestos a cambiar su decisión de voto por razones estratégicas, lo cual explicaría por que Cárdenas se encontraba por encima de Fernández de Cevallos en la mayoría de las encuestas hasta antes del debate pero no así después. Hay que ser cautelosos, sin embargo, al obtener conclusiones de estos datos, pues el voto estratégico en estas encuestas no se puede verificar directamente. La encuesta no especifica con precisión quienes cambiaron su decisión de voto. Bien pudiera ser que el grupo que cambió en favor de Fernández de Cevallos fuera el de indecisos, mientras que los votantes que antes preferían a Cárdenas hayan pasado a reemplazar a los indecisos que se volvieron explícitos en sus preferencias.

Del análisis anterior se pueden derivar por lo menos tres hipótesis respecto al proceso electoral y las estrategias de campaña.

1) Si para un grupo relevante de los votantes que apoyan a los partidos de oposición, el candidato del PRI representa su última preferencia de entre los candidatos de los partidos fuertes, el voto sera bastante volátil: dependerá de las percepciones que el electorado tenga sobre la viabilidad de las candidaturas del PAN y del PRD al acercarse más el día de la elección. Si entonces el primero se considera más viable, es probable que el PAN capture votos estratégicos de votantes que manifiestan preferencias por el PRD; si, por el contrario, Cárdenas recupera la credibilidad que a juicio de los encuestados perdió en el debate, es posible que capture votos estratégicos.

2) Los partidos de oposición con mayor posibilidad de ganar la presidencia -PRD y PAN- se encuentran en un dilema. Ambos contienden por ser la segunda fuerza política del país. La competencia por este puesto los ha llevado a atacarse mutuamente. Esta estrategia fortalece al partido de oposición que mas exitoso sea en desacreditar a su oponente, pero paradójicamente eleva los costos para los posibles votantes estratégicos. Entre mas polarizada este la oposición es más difícil que el voto estratégico tenga lugar.

3) Si el PRI teme que una pluralidad de votantes ordene sus preferencias como en la primera tabla, este partido posiblemente seguirá dos estrategias de campaña: primero, intentara crear la percepción de que la oposición «no es viable» -por ejemplo, enfatizando en su campaña que «no tienen experiencia en gobernar» o intentando que las encuestas desfavorables al PRI tengan poca visibilidad. Segundo, buscará polarizar a los electores del PAN y del PRD con el fin de que estos ordenen en el último lugar de sus preferencias al candidato del otro partido de oposición y no al del PRI. En la tabla presentada anteriormente esto significaría que los dos últimos grupos de votantes posicionarían a Zedillo en el segundo puesto y con ello se rompería la posibilidad de votar estratégicamente para fortalecer a la oposición. Es decir, si el PRI siguiera una estrategia de este tipo podría lograr que la tabla hipotética antes presentada se viera ahora de la siguiente manera:

Porcentaje de votos

Ordenamiento completo de

de primer lugar

preferencias

39% Zedillo

Zedillo, Fernández, Cárdenas

30% Fernández de Cevallos

Fernández, Zedillo, Cárdenas

20% Cárdenas

Cárdenas, Zedillo, Fernández

11% Otros candidatos

Si las preferencias se reordenan de esta manera, el candidato del PRI se convertiría en el así llamado «ganador de Condorcet», rompiéndose la posibilidad de voto estratégico en contra del PRI. Ser ganador de Condorcet significa ser el candidato que siempre gana en comparaciones binarias (comparando sólo dos candidatos a la vez) con el resto de las opciones. Así, por ejemplo, si se compara a Zedillo solo con Fernández de Cevallos, el primero obtendría 59% de los votos (la suma de 39% y 20%), y si se compara a Zedillo solo con Cárdenas, el candidato del PRI obtendría 69% de los votos (la suma de 39% y 30%). Ninguno de los candidatos de oposición es ganador de Condorcet bajo el ordenamiento modificado de preferencias presentado en esta segunda tabla. Hay que hacer notar que bajo el ordenamiento de preferencias presentado en la primera tabla, Fernández de Cevallos era el ganador de Condorcet, obteniendo en comparación binaria en contra de Zedillo el 50% de los votos y en contra de Cárdenas el 69%. Esto ilustra la naturaleza del voto estratégico: si el ganador de Condorcet no coincide con quien obtiene la mayoría relativa de los votos, hay cabida para votar por la segunda preferencia y así evitar lo que se percibe como un mal mayor. 

La diferencia fundamental entre los dos «juegos» electorales presentados es que en cada caso el electorado ordena en forma diferente sus preferencias respecto a los tres candidatos mas fuertes, mientras que el porcentaje reportado de votos de primer lugar permanece constante. En el fondo lo que las dos formas de ordenación de preferencias están reflejando es una dinámica distinta de competencia partidista. En el juego presentado en la segunda tabla, la dimensión más relevante de competencia política es la económica o ideológica (el eje izquierda-derecha), en cuyo caso el candidato del centro, Zedillo, es el más fuerte y además resulta invulnerable al voto estratégico. Esto se deriva de que, si se observa con detenimiento, las preferencias de los tres grupos de votantes están ordenadas consistentemente en la dimensión izquierda-derecha. Así, por ejemplo, los que hipotéticamente manifiestan preferencias por Cárdenas (izquierda), prefieren en segundo lugar a Zedillo (centro) y en tercer lugar a Fernández de Cevallos (derecha); los que prefieren a Fernández de Cevallos (derecha) posicionan en segundo lugar al candidato del PRI (centro) y en tercer lugar al candidato del PRD (izquierda); mientras que los que prefieren a Zedillo (centro), para ser consistentes con la dimensión izquierda-derecha, podrían indistintamente preferir en segundo lugar al candidato de derecha o de izquierda. En el juego se supone que prefieren en segundo lugar al candidato del PAN, pero si colocaran en segundo lugar al del PRD no se alteraría en nada el resultado: el candidato del centro gana por pluralidad y, al ser ganador de Condorcet, es además invulnerable al voto estratégico.

La primera tabla, en cambio, refleja una dinámica de competencia partidista prosistema-antisistema. Si el PRD es considerado el partido más radical en esta dimensión, el PAN el partido moderado, y el PRI el partido prosistema, las preferencias de los votantes pueden ordenarse consistentemente. Así, por ejemplo, los electores que prefieren al PRI (prosistema), posicionan en segundo lugar al PAN (moderado) y en tercer lugar al PRD (radical); los que prefieren al PRD (radical), posicionan en segundo puesto al PAN (moderado) y en tercer puesto al PRI (prosistema); mientras que los que prefieren al PAN (moderado), para ser consistentes con dicha dimensión de competencia, podrían indistintamente ordenar en segundo lugar al partido prosistema o al radical y en nada cambiaria el resultado del juego. En este juego el PRI gana por pluralidad pero, al no ser ganador de Condorcet, es vulnerable al voto estratégico. Más aun, esta dimensión de competencia partidista fortalece al PAN, al ser el ganador de Condorcet, en este caso por ser el partido moderado.

La dinámica electoral mexicana presenta de hecho ambas dimensiones de contienda política.(4) Los partidos políticos intentarán enfatizar en las campañas la dimensión que les resulte más conveniente. En la dimensión económica o ideológica (izquierda-derecha) el PRI ocupa la posición más fuerte, al ser el partido del centro. En la dimensión política (prosistema-antisistema), el PRI se ve vulnerado porque el partido de oposición más fuerte (en el ejemplo el PAN) podría beneficiarse de votos estratégicos en contra del partido en el poder al ser el ganador de Condorcet. Dado el multipartidismo de México, los candidatos no se comparan en forma binaria en las elecciones, por lo que es difícil que cualquier candidato, sobre todo de la oposición, obtenga porcentajes tan altos de los votos como aquellos arrojados por la noción de ganador de Condorcet. Más aun, en la medida en que es difícil suponer que todos los votantes razonaran estratégicamente para fortalecer a su segunda opción, es de esperarse que el multipartidismo debilite a la oposición en las elecciones presidenciales y que por consiguiente al partido en el poder le resulte conveniente fomentar la fragmentación de las ofertas políticas.

(4) Véase Juan Molinar Horcasitas (1991): El tiempo de la legitimidad, México, Cal y Arena. Molinar propone (p. 171-210) ambos ejes o dimensiones de competencia, el «ideológico»que va de izquierda a derecha y el «programático» que es el eje antisistema-prosistema.