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CUADERNO NEXOS

Palabras de Ernesto Zedillo Ponce de León, candidato del Partido Revolucionario Institucional a la Presidencia de la República, en el foro «Crecimiento económico para el bienestar familiar», en la ciudad de México el 6 de junio de 1994.

Señoras y señores:

Hoy aquí, ante trabajadores, productores del campo, líderes sindicales, profesionistas, empresarios, representantes del sector financiero y de la sociedad civil; vengo a presentar mi propuesta de crecimiento económico para el bienestar familiar. Agradezco mucho su presencia. Todos ustedes, desde diversos ámbitos y perspectivas, desempeñan un papel esencial en la vida económica de México.

El México actual, el país de instituciones que hoy disfrutamos es producto de largas luchas sociales; de proyectos que tuvieron que germinar con el esfuerzo de décadas, antes de convertirse en realidad. Así se explican la claridad meridiana de las proclamas insurgentes; la firmeza y legalidad de la infatigable lucha juarista o la insospechada fuerza con que se aglutinaron las energías sociales de la Revolución Mexicana.

De esa manera, los mexicaños hemos venido construyendo el andamiaje que regula y orienta el quehacer nacional y que, en el terreno político, en 1917 se reafirmo como la voluntad del pueblo mexicaño de constituirse en una República representativa, democrática, compuesta de estados libres y soberaños, unidos en una federación.

A su amparo, con el liderazgo de los partidos Nacional Revolucionario, de la Revolución Mexicana y Revolucionario Institucional, México se ha modernizado.

Estamos hoy reunidos porque todos queremos una nación en donde cada niño pueda acudir a la escuela; donde cada trabajador tenga un empleo bien pagado y pueda darle vivienda y servicios de salud a su familia; donde no exista la pobreza que frustra talentos, amarga destinos y ofende la dignidad de los mexicaños; donde cada uno de nosotros cuente con seguridad para su persona y protección para su patrimonio.

Hoy como nunca, los mexicaños anhelamos llegar al siglo XXI viviendo en una gran nación de desarrollo con bienestar, equidad y justicia.

Vengo hoy a hablar de mi compromiso con una economía en expansión; de mi firme compromiso con una política económica que nos permita crecer y elevar la rentabilidad de las actividades industriales, agrícolas y de servicios, para crear mas empleos y generar mayores ingresos para las familias mexicanas.

Durante mi campana, he subrayado que el combate a la pobreza será parte fundamental de mi gobierno. Por esta razón, pronto ofreceré a la consideración de la ciudadanía una estrategia firme, intensa, participativa, para promover el desarrollo social. Hoy me concentraré en el objetivo de crecimiento, la vía para lograr la creación de empleos, mayores remuneraciones y sustentar la lucha contra la pobreza.

En los últimos años, los mexicaños hemos hecho un gran esfuerzo para superar la crisis de la década de los ochentas. Los desequilibrios estructurales, el impacto de la deuda y las consecuencias de una inadecuada inserción en el entorno internacional, habían significado una importante perdida de bienestar.

A fin de enfrentar estos retos y aprovechar las nuevas oportunidades, México decidió volverse participante activo -no espectador pasivo- de los procesos de cambio en el mundo. Esa reforma impulsada por el Presidente Carlos Salinas de Gortari, fue diseñada para enfrentar la crisis de los años ochenta, gestada en la década anterior y sentar bases distintas para el futuro desarrollo del país.

La reforma económica tuvo dos vertientes.

En primer lugar, se aplico una política de estabilización que redujo, por primera vez en más de dos décadas, la tasa de inflación a menos del 10 por ciento anual.

Esta política se baso en el saneamiento de las finanzas públicas y en una exitosa renegociación de la deuda pública externa. Así, el gobierno ha dejado de imponer a la sociedad el impuesto más injusto que existe, el que más lesiona a quienes menos tienen; el llamado impuesto inflacionario.

De igual modo, el saldo de la deuda publica disminuyo en más de dos terceras partes como proporción del producto, del 68 al 21 por ciento. México pasó así de ser uno de los países más endeudados del mundo, al de menor endeudamiento relativo, entre los países de la OCDE.

En segundo lugar, la reforma económica permitió aplicar una política de cambio estructural para modernizar el aparato productivo. Esto y una más eficiente acción gubernamental han hecho posible canalizar montos crecientes de recursos a programas sociales, y ha permitido comenzar a mitigar los efectos de la pobreza extrema en muchas regiones del país. También ha liberado recursos para ampliar la infraestructura y otros usos productivos en la economía. Por ello, debe consolidarse el cambio estructural del gasto público.

Ciertamente hemos avanzado gracias a un gran esfuerzo colectivo. Pero los avances no anulan del todo los rezagos. Un sector amplio de nuestra sociedad vive en condiciones de marginación y pobreza. No estamos creando suficientes empleos y buena parte de los existentes no son estables o no cubren toda la semana laboral. En lugar de que la economía formal crezca, lo que crece es la economía informal. Los salarios reales de los obreros no son suficientes y los ingresos de los campesinos son muy bajos. He visto cómo muchas micro, pequeñas y medianas empresas tienen problemas de supervivencia.

Adicionalmente, debemos tener clara conciencia sobre los retos que plantean las características de nuestro crecimiento poblacional. Si bien la tasa de crecimiento es de 1.9 por ciento anual, la fuerza de trabajo aumenta a más del 3 por ciento. Ello revela la presión social y demográfica que experimenta el mercado de trabajo. En virtud de la composición primordialmente joven de nuestra población, esa presión no disminuirá en muchos años. Debemos llegar a crear un promedio anual de un millón de empleos para dar trabajo a las mujeres y los jóvenes que ingresan al mercado laboral.

Sabemos también que por razones demográficas, solo alrededor de la tercera parte de la población es económicamente activa, por lo que es imperativo incrementar sustancialmente la productividad para elevar los ingresos de todos.

El crecimiento sostenido exige producir mejor en un entorno de estabilidad económica que garantice certidumbre y ofrezca confianza para planear, invertir, ahorrar y trabajar productivamente.

Terminar con la inflación es acabar con uno de los fenómenos más lesivos a la distribución del ingreso. Por eso, me propongo mantener la inflación controlada a través de finanzas públicas sanas.

Rechazamos las posturas demagógicas que ofrecen gastar más en todo, cobrando menos también en todo. Ello no es posible. En el pasado, esas posturas ya significaron un elevado costo social que debimos pagar todos los mexicanos. No podemos regresar a ellas. El equilibrio en las finanzas públicas implica cobrar lo justo y gastar solo lo socialmente necesario. La propuesta que hoy les presento es realista y responsable.

Nuestro diagnostico es claro: mucho hemos avanzado para consolidar una economía flexible, moderna y participativa, pero aun debemos avanzar mucho más para capitalizarla y traducirla en mayores niveles de bienestar.

Los mexicanos hemos realizado un enorme esfuerzo para estabilizar la economía y realizar el cambio estructural. Ha sido un proceso inédito, de sacrificios para todos. Pero era indispensable hacerlo y ha valido la pena. México tiene ya una plataforma solida para el futuro.

Hoy, ha llegado el momento de pasar de la estabilidad y el ajuste estructural, a una política de fomento a la inversión y el crecimiento económico. Hoy, ha llegado el momento de pasar del énfasis macroeconómico a la transformación microeconómica. Hoy, ha llegado el momento de enriquecer la integración nacional con el despliegue de cada región. Este es mi compromiso, y al ser electo, consagraré a ello mi esfuerzo.

Muy pocos países cuentan con la energía social y la experiencia humana que significó el cambio estructural de México. Ahora debemos volcarlas en la promoción del desarrollo, en la promoción del crecimiento.

La estrategia que adoptaremos para fomentar el crecimiento se sustentará en la participación equitativa, reglas claras y trato justo para todos los sectores productivos. Trato justo a nuestros productores en su competencia con el exterior. Trato justo a los productores nacionales en sus relaciones con el gobierno. Trato justo entre productores y fuerzas productivas.

Trato justo para los productores nacionales significa asegurar que no compitan en desventaja con el exterior. Significa que no tengan que pagar más por los servicios públicos e insumos productivos aquí, que lo que pagan sus competidores en el extranjero. Significa que la competencia financiera se refleje en mucho menores diferencias entre las tasas de interés en México y las internacionales. Si hemos abierto la economía para que la competencia externa aliente la eficiencia y la productividad, debemos corregir las condiciones de inequidad con que compiten nuestros productores.

Trato justo entre el gobierno y los particulares significa tener un sistema fiscal transparente y equitativo. Significa capacidad de defensa ante posibles abusos de la autoridad. Significa eficiencia y eficacia de las empresas paraestatales, para proveer bienes y servicios en condiciones competitivas de calidad y precio. Significa regulación precisa, sin excesos, que fomente efectivamente la actividad económica.

Trato justo entre particulares significa seguridad jurídica en las relaciones contractuales, combate a practicas monopólicas y abusos. Significa fomentar la competencia sana y acabar con los privilegios.

De ahí que el trato justo será principio rector de mi política económica. Mi compromiso es asegurarlo para todos, sin distinción de tamaño, de región geográfica, de rama económica. Trato justo es una demanda de todos ustedes, trato justo será una responsabilidad primordial de todos los niveles de gobierno.

Vamos a crear los empleos que México necesita y vamos a emprender el camino de un crecimiento sostenido. Vamos a avanzar con estabilidad, hacia la economía del futuro, a una economía más participativa, a una economía con bienestar para las familias.

De ahí que hoy proponga, ante ustedes, representantes de todos los sectores productivos del país, una estrategia de 10 puntos para la reactivación económica y el crecimiento sostenido.

Reactivación económica porque para los mexicanos, el estancamiento es inaceptable. Debemos reactivar rápida y eficazmente nuestra economía.

Crecimiento sostenido porque nuestro propósito no se reduce a crecer únicamente en el corto plazo, sino a consolidar el cambio estructural para que el sector productivo pueda aprovechar las oportunidades de los mercados nacional e internacional.

Mi compromiso es que esta propuesta nos lleve a que, ya en 1995, nuestra economía crezca por lo menos al doble de la tasa de crecimiento de la población, y que ese crecimiento aumente progresivamente en los siguientes años. Sabemos cómo hacerlo y juntos lo vamos a hacer. Mi compromiso es que esta estrategia mantenga congruencia con la estabilidad macroeconómica y tenga como instrumento principal la promoción de la inversión privada y pública, y de las exportaciones.

La propuesta de 10 puntos que hoy presento a ustedes y a toda la opinión pública, no proviene de un estudio insensible de gabinete; está nutrido con las demandas que me han planteado obreros, campesinos, amas de casa, jóvenes, profesionistas y estudiantes; está nutrido también con las propuestas expresadas por empresarios, estudiosos y lideres sociales de todo el país. Es una estrategia elaborada al cabo de una consulta intensa, realizada en la fábrica y el taller, en la empresa y el ejido, en el aula y el comercio, en los hogares y puestos de trabajo. Me asiste la confianza de que en esta estrategia reconocerán sus demandas y sus propuestas todos los grupos sociales, todos los sectores productivos de México. Es una estrategia para ampliar sus oportunidades y cumplir sus aspiraciones.

Los diez puntos para la Reactivación Económica y el Crecimiento Sostenido son los siguientes:

PRIMERO. FOMENTO A LA INVERSION, MOTOR DEL CRECIMIENTO.

Para crear los empleos que demandan los mexicanos, debe crecer la economía. Y para ello, debemos aumentar considerablemente la inversión.

La inversión privada es un motor fundamental del crecimiento económico sostenido pues cumple un papel insustituible en el desarrollo de los sectores productivos, generando la capacidad de elevar el bienestar de la sociedad. Por esta razón, el próximo gobierno deberá dar la más alta prioridad a su fomento. Diseñaremos y aplicaremos medidas que incrementen la rentabilidad de los proyectos. Crearemos un entorno adecuado para que aumente la inversión y, con ella, la generación de empleos.

La inversión extranjera debe continuar siendo un apoyo complementario a la inversión nacional, ya que permite adquirir tecnología de punta y representa un vínculo con los flujos internacionales del comercio y la producción. Promoveremos condiciones de seguridad jurídica e igualdad para que cumpla cabalmente ese papel complementario.

La inversión pública también es esencial para detonar el crecimiento, sobre todo si rompe cuellos de botella en sectores estratégicos y provee la infraestructura necesaria para el desenvolvimiento de la actividad económica. La inversión pública es una importante palanca para alcanzar un desarrollo regional equilibrado.

Seleccionaremos las inversiones públicas y mixtas que puedan generar más oportunidades de trabajo, mejor remuneradas y de mayor impacto social en todo el territorio nacional. Dichas inversiones se apegarán a criterios transparentes y de relevancia social para aprovechar mejor los recursos con que cuenta nuestra economía.

Propongo tres acciones concretas para reactivar la inversión pública e inducir un volumen importante de inversión privada. 

En primer lugar propongo que ya en el primer año de gobierno se aumente la inversión pública directa en una cuarta parte adicional al nivel actual.

En segundo término promoveremos una reforma que permita una presupuestación multianual de la inversión pública que dará certidumbre en el financiamiento de proyectos de mediano y largo plazo.

En tercer lugar, a fin de detonar la participación del sector privado en proyectos de infraestructura, propongo la creación de un Fondo para el Fomento de la Inversión.

Dicho Fondo otorgará garantías a los proyectos de inversión para que obtengan financiamiento a tasas y tiempos acordes con su rendimiento y plazos de maduración. También tendrá la capacidad de invertir capital de riesgo en forma temporal y minoritaria y buscando siempre complementar la inversión privada.

Este Fondo se financiara con los recursos provenientes del Fondo de Contingencia alimentado con el producto de la desincorporación de activos del sector publico y que hasta ahora se ha utilizado para liquidar deuda pública.

Este Fondo podrá contratar recursos de largo plazo en los mercados internacionales cuando existan condiciones favorables para ello. El Fondo actuará con prudencia y sus recursos se destinarán a proyectos específicos cuya rentabilidad asegure su capacidad de pago.

Así como en el pasado la prioridad de reducir la deuda pública fue bien atendida con el uso de recursos provenientes de las desincorporaciones; hoy cuando la prioridad es reactivar la economía, estos recursos serán utilizados para promover la inversión en proyectos de infraestructura.

SEGUNDO. INVERSIÓN EN EDUCACIÓN, CAPACITACIÓN Y SALUD.

El objetivo central de mi propuesta de política económica es aumentar el bienestar de las familias mexicanas. Debemos otorgar especial atención a la inversión en las personas. Mejor educación, más capacitación y mejores servicios de salud serán la plataforma social para que los trabajadores mexicanos sean más productivos y estén mejor remunerados.

La educación sera prioridad indiscutible en mi gobierno. Debemos hacer un gran esfuerzo, una verdadera cruzada nacional para resolver los rezagos que persisten en nuestra educación, elevar su calidad y fincar bases firmes para la realización y superación individual. La educación es clave para un porvenir de desarrollo, bienestar y justicia.

Por otro lado la revolución tecnológica subraya la importancia de la educación y la capacitación para los trabajadores. El avance tecnológico tiende a eliminar ocupaciones no calificadas y semi-calificadas en todos los sectores productivos. Los nuevos puestos de trabajo requieren habilidades analíticas y destreza en el manejo de equipos automáticos o computarizados. Para ser competitivos debemos incrementar sustancialmente nuestros esfuerzos de capacitación e inversión en los trabajadores.

Me comprometo a que durante el próximo gobierno llegaremos por lo menos a quintuplicar el numero de trabajadores que ahora se capacitan cada año. Lo haremos a través de esquemas de incentivos gubernamentales basados en la estructura y necesidades de las empresas. Ampliaremos el programa de capacitación con becas y apoyos económicos para adultos empleados o desempleados que requieran adaptarse al uso de nuevas tecnologías de producción.

Bajo el principio laboral que he postulado de que las únicas transformaciones admisibles serán aquellas que se traduzcan en un mayor bienestar para el trabajador alentaremos la concertación de mejores formas de organización que permitan una ágil movilidad de trabajadores dentro de las propias empresas al interior de sectores y entre sectores.

Fortaleceremos y extenderemos el sistema de estudios técnicos y de capacitación para el trabajo.

Impulsar la extensión y la calidad de la educación superior, así como el dar un aliento sin precedente a la investigación científica y tecnológica constituirá un factor de la más alta prioridad en la estrategia que propongo.

Nuestra atención también debe enfocarse a la salud. La salud es un factor esencial para el bienestar y la productividad humana. Cuidaremos que el financiamiento de las instituciones encargadas de la salud de los trabajadores no aumente innecesariamente los costos de las empresas, ya que esto reduce la competitividad y limita el nivel de empleo productivo. Para avanzar simultáneamente hacia más empleos y mejor salud vigilaremos los costos de las instituciones de seguridad social exigiendo mayor eficiencia.

Tenemos un compromiso muy especial con la mujer trabajadora. Crearemos nuevos mecanismos para que cuente con buenas guarderías y buenos servicios de seguridad y asistencia social. Además haremos un gran esfuerzo para incorporar a los beneficios de la seguridad social a los trabajadores que hoy no disfrutan de ella.

La inversión en educación, salud y capacitación es una inversión en las personas; es una inversión directa en cada mexicano, en cada niño y en cada joven, en cada mujer, en cada hombre. Es la inversión más rentable en el presente y el futuro de México.

TERCERO. UNA POLÍTICA FISCAL PARA LA INVERSIÓN.

A lo largo de mi campaña he escuchado insistentemente una fuerte inquietud por la orientación de la política tributaria. La política tributaria debe convertirse en un pilar de apoyo y aliento a la producción y a la inversión. Debemos poner al fisco al servicio de contribuyentes cuidando que actos de prepotencia y abuso no inhiban el esfuerzo y la iniciativa de todos.

La seguridad jurídica en el ámbito tributario será prioritaria. Por ello propongo que la autoridad fiscal encargada de la ejecución de las leyes fiscales de la recaudación y el cobro de impuestos se constituya en un órgano descentralizado moderno y autónomo con funcionarios formados en un servicio civil.

Con ello lograremos que la administración fiscal disponga de gente cada vez mejor capacitada y con una remuneración acorde a la importancia de la labor que realiza; con una alta calidad en el servicio que presta al público y con una aplicación imparcial transparente de las leyes fiscales.

Propondré que las auditorías se realicen en el menor tiempo posible y que al termino de cualquier acto de fiscalización, el contribuyente reciba una resolución que le permita recurrir a los tribunales para revisar la legalidad de la actuación de la autoridad fiscal.

Promoveré el fortalecimiento del Tribunal Fiscal de la Federación otorgándole una mayor independencia.

En materia de simplificación administrativa pondré énfasis en que la actitud del fisco sea la de un prestador de servicios a la comunidad y por lo tanto realice su labor con mayor eficiencia y menor molestia a los ciudadanos.

Una medida de gran importancia y beneficios inmediatos, consistirá en hacer extensivo a muchas más empresas del país el poder calcular y pagar cuatro veces al año, en vez de doce, el impuesto a su cargo. Ello significara que más del 80 por ciento de las empresas del país esencialmente micro, pequeñas y medianas, serán favorecidas con esta medida. Además simplificaremos procedimientos para reducir su carga administrativa.

Promovere un ambicioso programa de reformas que proporcione

un marco tributario competitivo a nivel internacional. Tan

importante es la tasa de impuestos como las practicas

recaudatorias.

Revisaremos el sistema de incentivos fiscales, premiando a la inversión productiva. Promoveré una reforma para aumentar y extender el beneficio de la deducción inmediata de las inversiones, a pequeñas y medianas empresas ubicadas en las tres grandes áreas metropolitanas e incrementándola en las demás zonas, donde ya se disfruta.

Propondré la introducción de un nuevo régimen de incentivos fiscales para que las empresas destinen mayores recursos a la capacitación del trabajo, la adopción de nuevas tecnologías y la inversión en equipos anticontaminantes. Ello nos hará más competitivos en los mercados internacionales y contribuirá a elevar el nivel de vida de la población en general.

Promoveré revisar el mecanismo de operación del impuesto al Activo con objeto de mitigar los efectos nocivos que me han señalado repetidamente durante mi campaña.

En primer lugar y como paso inicial, propondré una reducción del 10 por ciento en la tasa de este impuesto, para hacerla congruente con la reducción que ha experimentado el impuesto sobre la renta de las empresas. Me comprometo a que al final del primer año de gobierno revisaremos la tasa y la mecánica de aplicación de este impuesto.

En segundo lugar, propondré que se establezca un plazo de gracia de cuatro años, durante el cual las nuevas empresas y los activos nuevos, no paguen este impuesto.

En tercer lugar, propondré que las empresas que registran perdidas en un determinado año fiscal, no paguen este gravamen si obtuvieron utilidades en alguno de los tres años anteriores.

No podemos mirar con indiferencia las dificultades de las empresas cuando estas son fuente del progreso de la Nación.

En materia del impuesto sobre la renta de los trabajadores, propondré reformas para simplificar su cálculo y hacerlo proporcional y equitativo. Los trabajadores de ingresos bajos y medios pagarán proporcionalmente menos.

Cabe recordar que el mejor sistema fiscal, el más justo y equitativo, es aquel donde la totalidad de los causantes cumplen con sus obligaciones. Las medidas que propongo contribuirán a crear un régimen fiscal sencillo y accesible a la mayoría de los contribuyentes. Ello habrá de traducirse en un mejor cumplimiento de las obligaciones fiscales de cada causante.

Concertaremos con los gobiernos estatales y locales nuevas formulas para garantizar el flujo directo de mayores recursos a los municipios. Promoveremos la coordinación de esfuerzos con los gobiernos estatales y locales para mejorar sus propias fuentes de recaudación, sin cargas excesivas que inhiban el desarrollo regional, pero garantizando la calidad de los servicios que proporcionan.

Con estas reformas iniciales, dedicaremos el primer año a examinar otras reformas para establecer, a la brevedad, un régimen permanente que dé certidumbre y cuente con mecanismos que eviten continuas modificaciones.

CUARTO. PROMOCIÓN DEL AHORRO Y FINANCIAMIENTO COMPETITIVO PARA EL CRECIMIENTO.

El sistema financiero tiene un papel fundamental en la captación del ahorro y en su canalización eficaz hacia actividades productivas. Por ello, debemos continuar con acciones que aumenten la competitividad y eficiencia del sistema financiero, para que sus usuarios tengan acceso a los servicios y productos en condiciones de oportunidad y precio comparables a las de otros países.

Es muy justo el reclamo de los productores nacionales acerca de las desventajas comparativas que enfrentan en materia crediticia. Es inaceptable que nuestros pequeños y medianos empresarios enfrenten tasas de interés tan elevadas como las que están vigentes.

Estas tasas tienen dos componentes. Uno que corresponde al entorno macroeconomico, determinado por las tasas de interés vigentes en el exterior, las expectativas inflacionarias y la percepción del llamado «riesgo de país». El otro se determina por el margen de intermediación, o sea la diferencia entre el costo de captación de los intermediarios y la tasa a la que prestan los recursos.

Al consolidar la estabilidad macroeconómica debemos llegar a una tasa de interés de un dígito, tal y como se había registrado en los primeros meses del año. Asimismo, la congruencia de la estrategia económica que hoy propongo sera un elemento de peso para reducir el «factor riesgo», que a su vez propiciara menores tasas de interés.

También es indispensable que los márgenes de intermediación se reduzcan. Para ello, debe estimularse una competencia más intensa a través de la mayor apertura tanto interna como externa del sector financiero. También debe promoverse una mayor desregulación que amplíe la variedad de productos financieros y facilite el acceso de más empresas a los mercados de deuda y capital. Es imperativo que los productores nacionales cuenten con financiamiento a tasas de interés internacionalmente competitivas, para ello trabajaremos sin descanso.

Reconocemos que aún en un escenario de estabilidad, los mercados financieros son volátiles y, en ocasiones, las tasas de interés de corto plazo alcanzan niveles que no pueden soportar nuestras empresas. Por ello, alentaré la creación de mecanismos de cobertura que permitan que el alza coyuntural de las tasas de interés no repercuta directamente sobre el costo de financiamiento de largo plazo de las empresas. Adicionalmente la banca de desarrollo extenderá los beneficios de fondeo de largo plazo, a las pequeñas y medianas empresas.

Me propongo incrementar los recursos de la banca de desarrollo y los mecanismos de garantía en apoyo a la pequeña y mediana empresa, pues son vigorosas generadoras del empleo. Asimismo buscare que la banca de desarrollo y los nuevos intermediarios financieros surgidos a raíz de la apertura y la desregulación del sector, orienten su actividad hacia este tipo de negocios.

El sistema financiero enfrenta dos retos más: el financiamiento al medio rural y el fomento al ahorro popular. Debemos reconocer que la banca comercial se ha especializado en los nichos de mercado aparentemente más rentables, sin ofrecer servicios financieros básicos a diversos sectores productivos, estratos de población y regiones geográficas.

Es inaceptable que en los umbrales del siglo XXI, 1,600 municipios no cuenten con servicios formales para la captación del ahorro y el otorgamiento del crédito. Mi estrategia contempla impulsar instituciones financieras que tengan una orientación local, que canalicen recursos de la banca de desarrollo y promuevan el ahorro popular.

Me propongo fortalecer las uniones de crédito y a las cajas de ahorro que proporcionan servicios financieros básicos a las comunidades. Aprovecharemos la banca de desarrollo y, en particular, el Patronato del Ahorro Nacional, para que se convierta en un instituto de regulación y fomento de estos intermediarios.

En relación con el financiamiento al sector rural, es necesario promover nuevos mecanismos institucionales y operativos para que el crédito llegue al campo con oportunidad y a bajo precio. Propondré condiciones para que las uniones de crédito puedan descontar directamente en los fondos de fomento. Debemos promover una cultura de sanas prácticas bancarias, distinguiendo siempre entre apoyos, subsidios y crédito.

De otro lado, la vivienda es un factor indispensable para promover el bienestar de la población y, ademas, representa una actividad muy dinámica y altamente generadora de empleos. 

Hoy tenemos un gran déficit de vivienda. El crecimiento de la población y la reposición natural imponen la necesidad de construir alrededor de 700 mil viviendas por año. Por ello, durante el gobierno que me propongo encabezar, haré especial hincapié en acciones de fomento a los programas de vivienda. En particular, impulsare las reformas necesarias para crear un mercado secundario de créditos hipotecarios que canalice un mayor volumen de recursos a esta actividad. También propongo inducir un volumen importante de los recursos del SAR en apoyo a la vivienda de interés social.

QUINTO. UNA MAYOR DESREGULACIÓN PARA PROMOVER EL EMPLEO.

Una regulación excesiva afecta sensiblemente la productividad, la competitividad y la rentabilidad de las empresas. Consecuentemente, inhibe la inversión y las posibilidades de generar empleos bien remunerados. El país no puede crecer cuando los productores soportan una gran carga derivada de regulaciones obsoletas; cuando estas limitan de hecho o, inclusive, eliminan la viabilidad no sólo de empresas sino de sectores completos de la actividad económica.

De ahí que llevaremos a cabo un gran esfuerzo para adecuar las regulaciones a las necesidades de una economía que busca más crecimiento y mayor equidad. La desregulación se extenderá a todos los sectores de la actividad económica; reduciendo las barreras de entrada a nuevos participantes, eliminando ventajas exclusivas y fijando reglas claras y de aplicación universal. Esto resultara en menores costos para las empresas y más empleos para nuestros trabajadores.

Nuestros esfuerzos de desregulación deben alcanzar todos los ámbitos del país. En el marco de nuestro pacto federal propongo establecer mecanismos de coordinación con los gobiernos de los estados y con las autoridades municipales. Ello es particularmente importante en materias como el transporte y el uso del suelo, que pueden generar cuellos de botella a la creación de empleos. A través de estos esfuerzos abriremos nuevas oportunidades para los pequeños y medianos empresarios y comerciantes de los estados y del Distrito Federal, que son los más afectados por regulaciones obsoletas y, a veces, caprichosas.

En materia de concesiones y permisos públicos, promoveremos reformas legales para que en todo momento sean otorgados con criterios de eficiencia, eliminando márgenes de discrecionalidad.

Reconocemos que las empresas, señaladamente las pequeñas y medianas, están soportando una excesiva carga administrativa. Reconocemos tambien que, con frecuencia, el marco regulatorio favorece practicas de corrupción. El México de este fin de siglo no puede ver entorpecida su marcha por una regulación densa y a veces irracional ni por procedimientos administrativos redundantes y vanos.

La economía no puede seguir tolerando que, por ejemplo, los empresarios del Distrito Federal tengan que hacer más de 100 tramites ante dependencias oficiales para establecer sus empresas. Todo ello está perjudicando las oportunidades de sus habitantes.

La política de desregulación estará acompañada de una profunda simplificación administrativa y racionalización de los trámites en todos los niveles de gobierno.

Para evitar que algunas empresas obtengan ventajas ilícitas a través de prácticas monopólicas, fomentaremos activamente la política de competencia. La eficiencia que el país tanto necesita para crear empleos productivos, sólo se puede alcanzar a través de un proceso de competencia vigorosa. No es aceptable que la ausencia de competencia signifique ventajas, privilegios e ingresos extraordinarios para unos cuantos. La competencia genera más empleos y una distribución más equitativa del ingreso.

Que quede bien claro: la ausencia de reglas claras y parejas para todos, los favoritismos o abusos de algunos funcionarios, y los ingresos monopólicos, no son parte de la moderna economía que queremos construir. Por el contrario: la obstruyen con privilegios y corrupción. Mi política económica tendrá como eje rector un trato justo para todos. Vamos a trabajar juntos por una economía participativa. Ese es mi compromiso.

Para asegurar el efectivo avance de esas medidas, aprovecharemos la experiencia obtenida en la concertación social para la macroeconomía. Habremos de pasar a una etapa en la que se suscriban pactos precisos a escala microeconómica con énfasis en la desregulación. Constituiremos comités de seguimiento que sesionen periódicamente para constatar avances. Lo haremos en cada municipio, en cada región y en cada estado en que se justifique.

SEXTO. INSUMOS INTERMEDIOS E INFRAESTRUCTURA PARA LA COMPETITIVIDAD

Debemos eliminar todos los factores que reducen la capacidad de competir y crear empleos de nuestros productores. Por ello, uno de los elementos clave de mi propuesta de política económica es asegurar a los productores nacionales acceso a sus insumos básicos, en condiciones similares de calidad y precio a las de sus competidores en el extranjero.

Queremos más competencia, pero ésta debe darse en condiciones justas para todos. Al nivelar las condiciones de abasto de insumos estratégicos e infraestructura con las de nuestros principales países competidores, aumentaremos la rentabilidad de las empresas en nuestro país impulsando la creación de los empleos que requerimos. Concentraremos nuestros esfuerzos en los insumos energéticos, el transporte y las telecomunicaciones.

Con estricto apego al marco constitucional vigente propongo introducir cambios profundos al interior de las empresas estatales en los sectores energéticos. En materia de electricidad, aprovecharemos las nuevas opciones que ahora ofrece el marco legal para dirigir la inversión pública a fortalecer y mejorar la transmisión y la distribución, y alentar la participación privada en la generación. Así, los productores nacionales tendrán ahorros importantes, bien porque el uso de la electricidad será más barato, o bien porque su mejor calidad hará innecesario equipo adicional para protegerse contra fallas excesivas en el suministro.

Mantener la propiedad y el control directo del Estado sobre los hidrocarburos extraídos del territorio nacional constituye un compromiso político, plasmado claramente en nuestra Constitución. Hoy lo refrendo con convicción y orgullo de mexicano: el petróleo es de los mexicanos y seguirá siendo de los mexicanos.

Para que PEMEX apoye más el crecimiento y la creación de empleos productivos, propongo fortalecer su capacidad de respuesta estratégica y su eficiencia operativa.

Debemos concentrar los esfuerzos de PEMEX en la exploración y extracción, pero también tomar acciones para que el suministro de combustibles industriales, incluyendo el gas natural sea rápido, confiable, a precios competitivos y en las cantidades requeridas por los productores nacionales.

Sólo así podra PEMEX administrar racionalmente un recurso no renovable, propiedad de la Nación, y proveer a la planta productiva nacional con los insumos que requiere para crecer. 

La inversión en infraestructura de transporte es esencial para reducir costos y aumentar el empleo, a través de una red más amplia y económica que permita a las empresas acceder a los mercados regionales y extranjeros. Por eso propongo destinar mayores recursos presupuestales a mejorar el mantenimiento de las carreteras, evitar el deterioro de los equipos de transporte y reducir tiempos de entrega.

Además, la estrategia que propongo alentará una mayor participación de los particulares en la construcción y operación para avanzar en la ampliación de la red carretera en un marco de competencia que resulte en peajes y tarifas competitivas. Apenas ha comenzado México a saldar el rezago, acumulado por décadas, en la construcción de carreteras modernas. Debemos acelerar el paso. No podemos tener ni carreteras nuevas sin usar, ni carreteras viejas sobreexplotadas.

Como parte de mi propuesta para modernizar el transporte, emprenderemos una profunda transformación de la infraestructura ferroviaria, grave asignatura pendiente del México moderno que obstaculiza el desempeño de la economía.

La reestructuración de los ferrocarriles es indispensable para modernizar el comercio interior y resulta esencial para que la desregulación de nuestros puertos permita aumentar su productividad, fomentando una sana competencia interportuaria. Ello reducirá los costos de los insumos intermedios importados por nuestros productores y elevará la competitividad de los productos exportados.

Ademas de apoyar el proceso de creación de empleos, la reestructuración de ferrocarriles será una palanca para inducir el crecimiento de regiones de menor desarrollo relativo del país.

Mi propuesta para apoyar a nuestros productores nacionales también incluye una rápida modernización de las telecomunicaciones, adaptando la regulación al cambio tecnológico. Fomentaremos una vigorosa competencia en este sector, lo que se traducirá en más calidad en el servicio, menores precios y un desarrollo acorde a los requerimientos del país. Mejores telecomunicaciones no sólo son esenciales para atraer más inversión en un mundo crecientemente interrelacionado, también lo son para contar con ciudadanos mejor informados que participen en el fortalecimiento de nuestra democracia.

SÉPTIMO. LA ACTUALIZACIÓN TECNOLÓGICA PARA UNA MAYOR PRODUCTIVIDAD.

A mediano plazo la actualización tecnológica es fuente principal del crecimiento. México debe llegar al siglo XXI combinando sus exportaciones de manufacturas tradicionales con una mayor proporción de productos intensivos en tecnología. En ello reside una de las bases para aumentar los ingresos de los trabajadores.

La actualización tecnológica es un proceso de larga gestión que entraña riesgos, y un intenso trabajo calificado.

Crearemos esquemas novedosos para reducir los riesgos de inversión en la adquisición, adopción y creación de nuevas tecnologías, como incentivos fiscales y esquemas de riesgo compartido con la banca de desarrollo. Promoveremos nuevas formas de asociación entre empresas para su cooperación en proyectos de investigación y desarrollo. Otorgaremos incentivos de forma neutral, sin discriminar a ningún sector o empresa. La política industrial se centrará en crear las condiciones fiscales, crediticias, regulatorias y de estímulos a la actualización tecnológica para que todos participen bajo condiciones justas y parejas en la actividad económica. Debemos evitar repetir los errores del pasado, cuando los apoyos a sectores especiales resultaron ser contraproducentes pues en vez de estimular esfuerzos para mejorar la productividad, alentaron la concentración del ingreso.

OCTAVO. LA COMPETENCIA JUSTA CON EL EXTERIOR.

Cuando hablamos de comercio exterior generalmente pensamos en la competencia que implica, sin considerar las oportunidades que ofrece. El comercio exterior es necesario para producir más y mejor. Mediante el comercio podemos especializarnos en la producción de aquellas cosas que hacemos mejor.

Para aprovechar plenamente este potencial, debemos avanzar mucho más en la promoción de nuestras exportaciones. Reforzaremos los esfuerzos para que desaparezcan los obstáculos administrativos y legales que nuestros productos enfrentan en los mercados internacionales. Fortaleceremos la estructura de centros de información, asesoría y formación técnica en comercio exterior para apoyar a los empresarios. Vigorizaremos las representaciones comerciales de México en el extranjero para identificar nuevos nichos de mercado y mayores oportunidades de negocios. Ampliaremos los medios de financiamiento adecuados a fin de fomentar las exportaciones con esquemas de garantía más efectivos y ágiles, y con un mayor número de intermediarios de crédito para este sector.

En lo que toca a las importaciones, propiciaremos una competencia justa. Aplicaremos con todo rigor la legislación mexicana en aquellos casos en los que el productor mexicano sufra prácticas desleales de comercio internacional. Garantizaré a los productores mexicanos la aplicación de impuestos compensatorios. Tomaré las medidas necesarias para evitar la triangulación de mercancías provenientes de países no incluidos en el régimen de trato preferencial. Complementare lo anterior con la reestructuración a fondo de la operación aduanera del país.

A la vez, es necesario generar nuevos vínculos comerciales para tener acceso preferencial a los principales mercados del mundo y diversificar nuestras exportaciones. Continuaré la promoción de acuerdos internacionales a fin de obtener condiciones que garanticen simetría con nuestros competidores internacionales.

En aquellos casos en que no haya reciprocidad comercial, actuaremos con todo el rigor que exige la defensa de los productores nacionales para que no se vean afectados por la competencia desleal e injusta.

NOVENO. EL DESARROLLO DEL CAMPO MEXICANO.

En los últimos años se han sentado las bases para el desarrollo rural. Las reformas al artículo 27 constitucional y sus leyes y reglamentos, fortalecen y garantizan la existencia de los ejidos, las comunidades, la pequeña propiedad, y prohiben expresamente el latifundio. Contamos hoy con un marco jurídico que asegura el patrimonio de las mujeres y los hombres del campo y promueve la capitalización del medio rural. Me comprometo a consolidar y perfeccionar el PROCAMPO y promover condiciones de competencia justa y leal con el resto del mundo.

A pesar de los avances, falta mucho por hacer. Hoy, la productividad en el sector rural es cuatro veces inferior a la del resto de las actividades económicas. Apoyaré con decisión la producción agropecuaria, porque creo firmemente en el potencial del campo mexicano.

Daremos prioridad al desarrollo de infraestructura, especialmente a la pequeña y mediana irrigación, al drenaje, la nivelación de suelos, los caminos rurales, y las obras para el control de la erosión. Las obras de infraestructura amplían la gama de cultivos que puede sembrar el productor, dan rentabilidad al campo, facilitan el acceso al crédito, favorecen el uso de insumos modernos, y elevan en forma permanente la productividad. También crean más empleos y reducen las presiones migratorias sobre el mercado de trabajo urbano.

Acabar con el intermediarismo excesivo es una demanda reiterada de los productores del campo. Propongo modernizar los esquemas de comercialización para facilitar transacciones directas entre productores y mayoristas, y complementaré este esfuerzo con inversiones en infraestructura de comercialización. De igual modo, promoveremos la organización de productores para fortalecer su capacidad productiva.

Combatiré la burocracia y la centralización a través de una reforma institucional de las dependencias que atienden al sector rural, para que las demandas de los productores sean atendidas en su lugar de origen. Serán los estados y los municipios los que, con el apoyo de la Federación, den respuesta a las demandas de la sociedad rural.

DÉCIMO. POR UN CRECIMIENTO RESPETUOSO DEL MEDIO AMBIENTE.

Los recursos naturales y el medio ambiente constituyen uno de los activos fundamentales del desarrollo económico de todo país. Dañarlos lesiona gravemente, en ocasiones de manera irreversible, las perspectivas de bienestar de la población.

Para cuidar el medio ambiente, promoveré incentivos económicos y fiscales. Me comprometo también a que la regulación ecológica sea clara y con plazos que den certidumbre a la inversión e impliquen un costo adecuado para la sociedad. Asimismo, deberá haber una simplificación de trámites sin afectar la conservación.

Buscaremos que los instrumentos de vigilancia y observancia sean más sencillos, transparentes y efectivos con el propósito de facilitar el cumplimiento de las disposiciones legales.

Al mismo tiempo, es indispensable continuar con los esfuerzos de educación ecológica y fomentar la participación de la sociedad en el desarrollo de las políticas, en su evaluación y vigilancia.

Señoras y señores, amigos todos:

Estos son los diez puntos principales de la estrategia de Reactivación Económica y Crecimiento Sostenido que hoy propongo.

Con estos diez puntos iniciaremos la nueva etapa del desarrollo de México. A partir de los avances en la estabilización y el cambio estructural, y sobre la base de lo ya alcanzado, impulsaremos una estrategia de fomento a la productividad, el empleo y las remuneraciones.

Hoy las condiciones están dadas para impulsar el crecimiento de nuestro país.

Mi propuesta aprovecha lo ya construido para promover la actividad económica, fundándola en una amplia participación social con reglas claras y trato justo.

Para llevarla a cabo, consolidaremos un soporte gubernamental propicio para que las iniciativas de la sociedad cristalicen en proyectos viables.

Es esencial que exista un marco jurídico que proteja efectivamente tanto a personas físicas como a personas morales. El crecimiento económico, al igual que el desarrollo social, no es posible sin seguridad jurídica. En particular, es necesario garantizar las obligaciones contractuales y los derechos de propiedad. La seguridad jurídica sobre los legítimos derechos de propiedad de todos los grupos sociales, es condición indispensable para el crecimiento.

Estoy convencido de que es impostergable descentralizar funciones que hoy en día lleva a cabo el Gobierno Federal para atender las demandas y elevar el bienestar de las familias mexicanas.

México debe llegar al siglo XXI con un federalismo renovado; un federalismo pleno, fundado en el fortalecimiento del municipio, nutrido por el vigor de los estados, respaldado por una genuina división de poderes, y una acción gubernamental cercana a la ciudadanía y responsable ante ella.

No basta con proponer una mera reforma al sistema de participaciones fiscales. Necesitamos replantear todo el esquema de ingresos y gastos para lograr un nuevo federalismo, que es indispensable para un crecimiento económico integral de todas las regiones.

Debemos transferir a los municipios y a los estados facultades, autoridad, atribuciones efectivas y, sobre todo, recursos que se traduzcan en capacidad y poder de decisión. Ese es mi compromiso.

Es imperativo recobrar la senda del crecimiento desde el primer año de la próxima Administración. La estrategia que hoy he propuesto tiene los elementos que lo garantizan.

El impulso a la inversión pública y a la inversión privada, permitirá que en 1995 el Producto Interno Bruto crezca a un ritmo de por lo menos el doble de la tasa de crecimiento de la población.

Al mismo tiempo, con la consolidación de los apoyos al sector exportador, una mayor desregulación, nuevos estímulos y simplificación fiscales, y un clima favorable en el mercado internacional, podemos prever un crecimiento vigoroso de las exportaciones. Con más inversión y más exportaciones, llegaremos a crear el próximo sexenio, el millón de empleos anuales que la población demanda.

Hoy, reitero que nuestro porvenir económico exige un especial aliento a la micro, pequeña y mediana empresa. Estas ya generan el 60 por ciento del empleo productivo del país y debemos promover su multiplicación y expansión a fin de que constituyan un motor que imprima el dinamismo que demanda el crecimiento de la economía. De ahí que ante los pequeños empresarios del país, haya propuesto un programa especifico para alentar su participación en la economía mexicana.

Nuestra experiencia, y la de todos los países que han seguido estrategias exitosas de crecimiento, muestra claramente que no hay recetas milagrosas; no hay medidas espectaculares que conduzcan por sí solas al desarrollo de la noche a la mañana. La fórmula para lograr el crecimiento sostenido reside en que el trabajo cotidiano de los mexicanos sea cada vez más productivo. Si avanzamos en la dirección correcta, los resultados espectaculares serán los logros cotidianos de las empresas, de los campesinos y de los obreros, de los técnicos, de los profesionistas, de los empleados.

En esta campaña política, otros están haciendo propuestas demagógicas a sabiendas de su inviabilidad, con tal de obtener votos. El PRI no es así.

Como candidato de mi partido, propongo una estrategia económica de fomento y aliento al crecimiento, con bases realistas y responsables. Esta estrategia de reactivación y crecimiento se puede financiar adecuadamente con los márgenes presupuestales que la sociedad ha generado con su esfuerzo, y con los ingresos derivados del propio crecimiento económico. Mi propuesta guarda congruencia con la responsabilidad fiscal y la estabilidad económica.

Esta estrategia recoge inquietudes, demandas y propuestas de todos los grupos sociales y será todavía enriquecido con la participación de ustedes. Los invito a que la hagan suya, perfeccionándola con sus conocimientos y experiencias. Es una estrategia abierta a las opiniones y a las propuestas adicionales de las organizaciones aquí representadas. Los invito a que juntos hagamos de esta estrategia, el germen compartido de un programa de gobierno. Será en beneficio de todos. Sera en beneficio de México.

El esfuerzo del gobierno que me propongo encabezar estará dirigido a lograr a través de más empleos y mejores ingresos, que las necesidades cotidianas de las familias estén satisfechas. Han quedado atrás los tiempos donde la rectoría del Estado significaba una participación indiscriminada en la actividad productiva. Hoy, el Estado tiene que ser el aliado de la sociedad en la promoción del crecimiento económico.

Los mexicanos no aceptamos permanecer indecisos en un mundo que cambia con rapidez y que ya no admite titubeos ni retroceso.

Los mexicanos no aceptamos la critica desmesurada que no propone nada. No vamos a construir el México del futuro con propuestas que destruyan lo que hemos logrado.

Los mexicanos no aceptamos las propuestas que hablan de la construcción de un México hueco que no reconoce nuestra historia, las conquistas de nuestros obreros o el importante papel de nuestras mujeres en la sociedad.

Los mexicanos no aceptamos el pesimismo de los que creen que en nuestro país el camino es de retorno a la crisis, a la incertidumbre, a la violencia.

Los mexicanos no aceptamos el escepticismo paralizante de quienes prefieren cruzarse de brazos ante los retos que enfrentamos.

Yo veo con optimismo el futuro. México tiene problemas que reconocemos con claridad y honestidad como punto de partida para atenderlos. Y cada día de campana, se reafirma que el Partido Revolucionario Institucional es el que ofrece la mejor plataforma, la mejor propuesta y los mejores hombres y mujeres para atenderlos.

Hoy más que nunca, México quiere estar unido.

Hoy más que nunca, México mira con optimismo, firmeza y convicción hacia el porvenir.

Hoy más que nunca, estamos ante un camino claro que nos conduce al crecimiento y al bienestar.

Vamos juntos a construir un México de soberanía y desarrollo, de desarrollo y bienestar, de bienestar y justicia.

Vamos juntos a construir el México prospero que hoy esta al alcance de nuestras maños.

Vamos juntos a construir el México que merecen nuestros hijos.

Vamos a hacerlo con la participación y el compromiso de todos.

Hoy, ante ustedes, lo ratifico. íEse es mi compromiso y sabré cumplirlo!

íViva Mexico!