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Luis Miguel Aguilar. Escritor. Su último libro es Suerte con las mujeres

Los dos silencios

No pude herirte más,

Frente a la copa amarga

En la noche más larga.

Ya todo estaba dicho

Entre nosotros dos

Y callaba hasta Dios.

Era inútil rogar,

Inútil insistir,

Cuando el amor partía.

Y lo dejamos ir

En busca de un lugar

Hacia el incierto día.

No pude herirte más,

No pude herirte ya

Aunque tenía un segundo

Aquel segundo tenso

Al filo de las copas

Y de la noche rota

Y del sentir profundo.

Era un segundo inmenso

Y nuestros dos silencios

Pesaban más que el mundo.

No pude herirte más.

Aura

Tus cautos ojos verdes

Me dan la fe perdida;

Pero vuelvo a perderla

Al despuntar el día.

No sé

Si algo me ocultas

O si temes que yo mire

Dentro del verde de tus ojos, y suspire

Ante el vaivén continuo

De este amor.

Tus cautos ojos verdes

Con ansiedad me miran;

Intentan revelarme

Algo que al fin retiran.

No sé Si van diciendo que mi amor

Llegó muy tarde,

Y que mis brazos ya no pueden rescatarte

Cuando en las olas de la noche

Vas a ahogarte.

No sé

Por qué tus ojos me dan muerte

Y me dan vida,

Y es un misterio cada nueva despedida

Con un olor a fuego verde

Y rosas idas.

María

Son tantos ya los años

Que no hay un calendario

Para guardar las cosas.

Son tantas ya las cosas

Que no caben los años

En nuestro viejo armario.

Hemos vivido tanto

Que no me ha dado tiempo

De comprarte una rosa.

Son tantos ya los días

Que olvido cada día

Decir que eres hermosa.

Hemos vivido tanto,

Son tantos mis errores,

Mis actos de pirata;

Son tantas ya las noches

Que olvido cada noche

Llevarte serenata.

No sé cómo amará

El pájaro a la luna

Al beber de su cara;

Pero así como bebe

El pájaro en la luna

Será que ame tu cara

Yo no sé qué le diga

La piedra al claro lago

Después de tantos años;

Pero eso que le dice

Será lo que te diga

Después de tantos años.

Peñafiel

Democrático alivio y mediodía

De crudos y de atletas,

Pecadores de fuste, anacoretas

-Y la extraña renuencia de una tía

Que al mediar este siglo en sus sesentas

Vino a recomendarme seriamente

Y bajo un sol de trópico inclemente

(Y al pie de un mostrador, junto a sus clientas

Mientras yo deambulaba con un vaso

De piedras líquidas y límpido licor)

Que no le fuera fiel

Al agua mineral, al Peñafiel.

Y luego de esa tía, cuando crecí,

Me lo dijo el doctor:

«No vaya ahí.

Lo único mejor

Es la agua sola.

Se lo dice el doctor.

Agua sin ola:

Sin costos ni cuestiones minerales,

Sin gol, sin gas, sin cálculos, sin sales».

Alguna vez el Púas Olivares

Para poder ganar algunos gramos

Y así ajustar el peso

Requerido, se sometió al proceso

Inmensamente cruel

De no probar el agua en varios días

Previos a la pelea;

Bailó con la más fea;

Y en eso, alguna noche, su subconsciente quiso

Que se soñara en un país de Peñafiel.

(También me he figurado el paraíso

Bajo la especie de un mar de Peñafiel.)

Tántalo Bis del sueño, por más que El Púas tomaba

Su sed no se saciaba

Y más desesperado despertaba;

Y al sueño se volvía

Pues sólo el sueño aquel

Le daba una alcaldía

De Peñafiel.

Agua con agujeros,

Como dijo el poeta:

¿Acaso está la meta

En una plancha y seis litros de suero?

Después de tanto whisky acompañado

El lego y el letrado

¿Pasto serán de ignominiosa treta?

Después de la frescura en las mañanas,

Oh gran aplacador de las pasiones,

¿De ti no sacaremos sino vanas

Esperanzas y secas ilusiones,

Taquicardias y piedras en riñones?

Cuando llegue a la

Curva de La Pera;

Cuando no haya salida

Para mi pobre vida,

Pasajera

Más que la espuma de la mar;

Cuando el vil ejercicio

De cada caro vicio

Traiga adjunto el cilicio,

Y ya no quede más que me lo untar,

Te sabré por la piel,

Oh Peñafiel.

El proceso civilizatorio

Buscar y no encontrar a Roma en Roma,

Y no tocarla ya más, que así es la rosa,

Y nada sabe la rosa de poesía,

Y la prosodia no dura más de un día.

Para el poeta la comida es prosa;

No habrá más recompensa que la fosa

Y los cantantes serán siempre de la loma.

Se debe predicar con el ejemplo

Y hay verdades tan grandes como un templo.

Ecce homo. Honda es la noche. Qué le vamos a hacer.

La vida es corta y el pesar abruma;

Inmensa es la factura de un ínfimo placer

Y Venus nace de la amarga espuma.

Sólo la tía es autora de una invaluable Summa

Y nuestra madre Helvia nos consuela

-Sénecas fracasados como somos-,

Y tiene siempre el remedio en varios pomos;

Luego nos peina y nos manda a la escuela.

Por siempre el camarón, siempre dormido;

Por siempre el ave que cayó del nido;

Por siempre las andanzas de Cupido.

Heráclito fue sólo un boticario,

Agamenón es inferior a su porquero,

Bouvard nos mira desde el espejo diario.

Sansón no quiere saber más de las patadas;

Quiere pasársela bien con su pareja,

Y palomitas comer, y en cada oreja

Oír el dulce murmullo de las hadas.

¿Y cómo era también aquella cosa

De cultivar aquella blanca rosa

En junio Como-Enenero

Para quien es el amigo más sincero

Y nos exime del psicoanalista

-Por culpa de esa joven, tan culpable

De que el irremediable pasado aún exista

Porque no quiso ir con nosotros a la pista?

(Sin olvidar lo del jardín, con gran esmero.)

Se cumplirán las profecías del peluquero

Y no habrá inepta, u apta, cultura que resista

Mis sesudas opiniones de taxista,

Mis grandísimas ficciones de bolero.