En Sentido y sensibilidad Marianne, una de las protagonistas de la novela de Jane Austen, llora en veinte ocasiones y por sus ojos se desborda el espectro emocional entero (o casi). En su llanto hay tristeza, pesar, impotencia, nostalgia, frustración, agresividad, agonía, alegría y felicidad, como leemos en unos de los pasajes: “Rompió a llorar y abandonó la habitación. Esta inexorable tristeza continuó durante toda la noche”; “Las lágrimas que hicieron brotar los recuerdos”; “Pasaba horas completas al piano alternando cantos y llantos, a menudo con la voz totalmente ahogada por las lágrimas”; “Ahora sólo podría reprochársela mediante las lágrimas que le arrasaron los ojos con apasionada violencia”; “Se embriagó en lágrimas de agonía”; “Pudo dejar correr lágrimas de alegría”. Hacia el final de la novela, ¿qué puede ya extrañarnos que “Marianne podía manifestar su felicidad únicamente a través de las lágrimas”?
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