En febrero de 1935 Jorge Cuesta, el más lúcido de los Contemporáneos, escribió un artículo titulado “Marx no era inteligente”. Entre sus argumentos me interesó el siguiente: “El ideal de Marx fue un mundo inteligible; un mundo sin misterios; que no cueste trabajo concebir”. Me ha hecho gracia el artículo; y, por supuesto, jamás me atrevería a decir que Marx no era inteligente, pero es verdad que el misterio le resultaba ajeno. No hay pensador ni filósofo sin fisuras; más bien es contradictorio, cambiante e interpretado de mil maneras; de modo que lo más práctico es leerlo desde cierta distancia crítica o mientras se rasca uno la panza. El pragmático trabaja y crea cosas. Es como un creador de piedras. Se pone de acuerdo con los demás para realizar acciones convenientes. El realista piensa que existe una sola Realidad y que ésta puede ser verificable; una Verdad; Esencia; Fundamento; y que a partir de estas certezas comprenderemos el mundo y le daremos su manita de gato. Puaf. No cuenten conmigo.
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