El monopolio de la violencia legítima es la definición básica del Estado. Me temo que sería insuficiente para tratar el caso mexicano, cuyas circunstancias actuales colocan al Estado en una situación de debilidad que cada día que pasa es más difícil disimular. Primeramente, está sometido a la voluntad del presidente López Obrador que, para ser un político de izquierda, no le tiene ningún respeto. Lo trata como si fuera un muñeco de trapo: ignora sus normas, socava sus instrumentos, desacredita sus instituciones fundamentales (véase el Poder Judicial); porque con toda ingenuidad el presidente cree que puede gobernar directamente, sin mediaciones.
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