Con este título de un cuento de Edmundo Valadés, Fernando Escalante Gonzalbo empezó en estas páginas hace once años una reflexión sobre la espiral de sangre que empezaba a bañar al país.
Pensábamos entonces, sobre todo, en la violencia derivada del narcotráfico, al que el gobierno le había declarado la guerra, una guerra mal diseñada que había multiplicado la violencia antes que sofocarla.
Desde entonces Escalante advirtió que las fuentes de nuestra violencia eran más complejas que la sola guerra contra el narco.
Su advertencia se hizo realidad. Está claro hoy que nuestra violencia no viene sólo del narco, sino de un fenómeno más complejo cuya consecuencia es la hegemonía criminal en diversos órdenes: masacres y guerras locales; extorsión y venta de protección (el famoso “derecho de piso”); secuestro; feminicidios; trata de migrantes y trata de blancas; robo de combustible; desapariciones forzadas que terminan en fosas clandestinas; tala clandestina, mercado de homicidios, apropiación de negocios, captura de pueblos, desplazamiento de autoridades, gobiernos paralelos.
Hay más homicidios, más variedad criminal y más exacción social que nunca. Florece el narcotráfico y florece la opresión criminal sobre negocios, ciudades y gobiernos.
Nuestra violencia es mayor y más variada que nunca, configura en cierto modo una forma de vida, un tipo de sociedad.
En las páginas que siguen Fernando Escalante vuelve sobre sus reflexiones seminales. José Ramón Cossío aborda un aspecto apenas visto: el de la contraviolencia social.
Héctor Aguilar Camín
En la violencia
2008-2022
Fernando Escalante Gonzalbo
La contraviolencia social
José Ramón Cossío Díaz
