Pueblo tomado

Es el cuarto domingo de mayo. El viaje comienza en Ciudad de México a las siete y media de la mañana. Además de las horas incómodas perdidas en asientos de cojines azules en un camión de pasajeros con las ventanas selladas y el aire acondicionado casi imperceptible, las curvas prolijas del camino retuercen al estómago más curtido.

Para medir de otra manera la distancia: la primera hora y media del trayecto la televisión está apagada y después hay tiempo suficiente para ver, de principio a fin, Prometeo y Sonic. La rutina se rompe con dos paradas en centrales camioneras, con las promesas milagrosas del vendedor del ungüento de Mariguanol (“Buenas tardes, atentos pasajeros, esta mañana les traigo el extraordinario ungüento de Mariguanol. Seguro lo han visto en la televisión. Lo único que tienen que hacer es aplicarlo con masajes suaves en la zona que les duela; alivia artritis, golpes y otros dolores”) y con el rosario del menú de los tacos de guisado que lleva vendiendo desde al menos hace dos décadas la misma mujer. Ella casi siempre aborda en la misma zona, sube con dificultad los escalones, deja cerca de los primeros asientos una cubeta con refrescos, aguas y jugos embotellados. Comienza a caminar con su canasta atiborrada de tortillas rellenas de nopales con huevo, frijoles refritos, papas con queso, papas con chorizo, chicharrón en salsa roja. La mezcla de olores provoca que algunas personas busquen por instinto manijas en las ventanillas; quienes ya traen el estómago revuelto no se salvan de las arcadas.

En este viaje no se han repartido más de cuarenta boletos, cifra muy baja al compararse con las de antes de la pandemia de covid, cuando no importaba que los pasajeros fueran de pie y lo más apretados posible. Ahora sólo hay dos corridas, esta de las siete y media y otra a las dos y media. Al menos cuatro se cancelaron y no se sabe si se reanudarán. Para quienes suelen ir o venir de este rumbo es difícil acostumbrarse a los trasbordos y horarios que ofrecen otro tipo de transportes, como las camionetas colectivas que suben a más de diez personas, la mayoría paradas, en la parte trasera. Las tarifas de los taxis y la inseguridad orillan a que sólo sean una opción para emergencias o viajes compartidos.

Ilustración: Raquel Moreno

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Publicado en: 2022 Agosto, Expediente