El poder intelectual (o la fuerza de las ideas y conceptos) es, en realidad, intangible a la hora de medir su efecto en las sociedades lingüísticas, pese a que la tradición nos haya llevado a ser respetuosos con el honorable catafalco dentro del cual reposan sus restos. Es el actual un momento en el que se vuelve a escuchar hasta el agotamiento y la angustia el advenimiento de nuevas plataformas de comunicación global (lo nuevo como intoxicación), tecnologías y prácticas comerciales que, sin embargo, dejan intacto el deterioro económico, ético o civil de la mayoría de los consumidores del “nuevo” mundo. Adaptarse al asedio de las lacras sociales, constantes en el pasado, resulta sencillo, ya que sólo hay que revestirlas de un futuro reparador y acudir a la esperanza popular, que se revela eternamente intacta. El pasado continúa concentrándose en el presente y el futuro resulta ser lo más antiguo que existe, puesto que no podría pensarse sin haber ya sido planteado en nuestra mente. Es como una trampa. Vuelvo a imaginarme que el tiempo viaja del futuro hacia el pasado y que cuando nos sorprendemos ante algún acontecimiento venidero, lo que en verdad hacemos es fingir o actuar: actores de lo vivido.
Este artículo está disponible sólo para suscriptores
Si ya tienes una suscripción puedes iniciar sesión aquí.
Suscríbete
Suscripción plus
(impresa y digital)
1 año por $ 799 MXN
Entrega de la edición impresa*
Lectura de la versión impresa en línea
Acceso ilimitado al archivo
Contenidos especiales
*Para envíos internacionales aplica un cargo extra, la tarifa se actualizará al seleccionar la dirección de envío
Suscripción digital
1 año por $ 399 MXN
Lectura de la versión impresa en línea
Acceso ilimitado al archivo
Contenidos especiales
¿Eres suscriptor de la revista y aún no tienes tu nuevo registro?
Para obtenerlo, sólo tienes que validar tus datos o escribe a soporte@nexos.com.mx.