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El texto que presentamos es el abstract de un artículo científico (revista Icarus, Vol. 26, No. 1, 1975). Su autor, investigador de la Universidad de California, está interesado en los procesos fundamentales que determinan el volumen de un planeta. El tema, según él, ha sido soslayado por la planetología en boga, orientada al estudio de las superficies planetarias. Lo curioso es que el resumen de estas ideas da lugar a un interesante poema. En la traducción se ha buscado conservar el equilibrio entre la exactitud científica y la calidad literaria del original, con lo que tal vez ambas son traicionadas:

Ilustración: Oldemar González

Nuestro sistema es un escenario/ y el Sol los planetas son intérpretes./ Ellos tuvieron su nacimiento y tendrán ardiente fin./ Un planeta representa en su tiempo varios papeles./ Siete edades son sus actos. La primera/ es condensación: granos de polvo dirigiéndose hacia el plano nebuloso/ en masas cartilaginosas. Luego, los planetesimales/ que en ocasiones se rompen/ pero casi siempre crecen/ mientras el cálido aliento del Sol expele gas./ Y entonces viene la formación: arrasando los cuerpos a su paso, en ráfagas brutales/ para dar un poderoso vigor convectivo/ demasiado caliente para revestir una forma aunque,/ por la radiactividad impelida, el hierro puede hundirse y los mares gasificarse./ A continuación viene el plano tectónico: plomo enfriándose/ hacia la litósfera, con varias fracturas marginales./ Impulsos convectivos que una corteza transforma en un complejo anillo. Pero el calentamiento disminuye:/ la sexta edad muda hacia un vulcanismo final:/ no más el esparcimiento de la litósfera, sólo respiraderos/ de magma. Nix Olympica hacia la superficie/ terminando con el fraccionamiento./ En la última escena, la historia/ concluye en quietud: tiempo sin mezcla, sin planos, sin casi todo.

 

William Kaula

 

Un comentario en “Las siete edades de un planeta
(Poema cósmico)

  1. Una versión con pequeños cambios. No soy poeta ni domino el inglés, pero soy geóloga y estudio el origen de los planetas.

    Nuestro sistema es un escenario
    y el Sol los planetas son intérpretes.
    Ellos tuvieron su nacimiento y tendrán ardiente fin.
    Un planeta representa en su tiempo varios papeles.
    Siete edades son sus actos. La primera
    es condensación: granos de polvo dirigiéndose hacia el plano nebuloso en masas granulares. Luego,
    Los planetesimales/ que en ocasiones se rompen, pero
    Casi siempre crecen/ mientras el cálido aliento del Sol expele gas.
    Y entonces viene la formación: arrasando los cuerpos a su paso, en ráfagas brutales
    para dar un poderoso vigor convectivo demasiado caliente
    para formar una costra aunque,/ por la energía radioactiva impelida, el hierro puede hundirse y los mares desgasificarse.
    A continuación vienen las placas tectónicas: el enfriamiento lleva hacia la litósfera, con varias fracturas marginales.
    Impulsos convectivos que una corteza transforma en un complejo anillo. Pero el calentamiento disminuye: / la sexta edad muda hacia un vulcanismo final:/ no más el esparcimiento de la litósfera, sólo respiraderos / de magma. Nix Olympica o mare hacia la superficie. /terminando con el fraccionamiento./ En la última escena, la historia/ concluye en quietud: tiempo sin fundido, sin planos, sin casi todo.