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Mi viejo amigo James Harrington tenía una relación muy cercana con sir Benjamin Ruddyer, quien a su vez era amigo de sir Walter Raleigh. Ruddyer le contó a Harrington que, en una ocasión, habiendo sido invitado sir Walter Raleigh a una comida con cierta persona muy importante, a la cual supuestamente asistiría su hijo también, le dijo a éste último: “Eres una criatura tan pendenciera y afrentosa, que me avergüenzo de tener tal carga por compañía”. Mr. Walt se humilló ante su padre y le prometió que se portaría en el banquete de un modo totalmente irreprochable. De modo que emprendieron camino y, creo, sir Benjamin con ellos. Se sentó Walt al lado de su padre y estuvo muy callado cuando menos hasta la mitad de la comida. Entonces dijo: “Esta mañana, no teniendo ante mis ojos el temor de Dios, sino por pura instigación del diablo me fui con una puta. Me puse muy ardiente con ella, la besé y la abracé, y ya me disponía a gozarla cuando en eso me apartó con fuerza y me juró que yo no debía continuar refocilándome, porque tu padre —dijo— se acostó conmigo hace apenas una hora”. Sorprendido de ese modo tan fuera de lo normal y desconcertado ante una mesa tan distinguida, sir Walt le propinó a su hijo una bofetada en plena cara; su hijo, rudo como era, le pegó no a su padre, sino que golpeó en plena cara al caballero que estaba sentado al lado de él, y le dijo: “Pásala, al fin que ahorita le va a llegar a mi padre”. Esto último se volvió un dicho que es usado comúnmente.

Fuente:John Aubrey, Vida breve de Walter Raleigh.

Ilustración: David Peón