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En un artículo publicado en The Atlantic en mayo de 1991, el poeta y crítico Dana Giogia se pregunta «¿Puede importar la poesía?», ante el hecho de que nunca ha habido mas poetas en las universidades norteamericanas, ni más publicaciones de poesía, este género, como entre nosotros, ha pasado a ser una subcultura, «ya no es parte de la corriente importante de la vida intelectual y artística». Giogia invita a los poetas a hacer todo el esfuerzo por no aislarse y atraer a los lectores. Al final hace «seis modestas proposiciones» para que los poetas lleguen a un público mayor. Estas son:

1. Cuando los poetas hagan lecturas en público, deberían destinar una parte de cada programa a leer la obra de otros- de preferencia poemas que admiran, escritos por autores a los que no conozcan personalmente. Las lecturas deberían ser celebraciones de la poesía en general, no una mera comparecencia del autor y su obra.

2. Cuando los funcionarios culturales planeen lecturas en público, deberían evitar el formato previsible, sub-cultural, en el que sólo se lee poesía. Mezclar la poesía con las otras artes, sobre todo la música. Planear veladas en homenaje a escritores muertos o extranjeros. Combinar lecturas breves de crítica con representaciones de poesía. Estas combinaciones atraerían a un público alejado del mundo de la poesía sin arriesgar la calidad.

3. Es necesario que los poetas escriban sobre poesía con mayor frecuencia, con mayor franqueza, y con mayor eficacia. Los poetas deben recapturar la atención de la más amplia comunidad intelectual escribiendo en publicaciones no especializadas. También deben evitar la jerga de la crítica académica contemporánea y escribir en un lenguaje común. Finalmente, los poetas deben ganar otra vez la confianza del lector admitiendo con franqueza lo que no les gusta y promoviendo al tiempo lo que les gusta. La cortesía profesional no tiene si tío en el periodismo literario.

4. Los poetas que compilan antologías -o que hacen simples listas de lectura deberían ser escrupulosamente honestos e incluir sólo los poemas que de veras les gustan. Las antologías son la vía de acceso de la poesía a la cultura general. No debían usarse como pork barrels incentivos ca nadas del mercado de las clases de escritura. Un arte aumenta su público al presentar obras maestras, no mediocridad. Las antologías deberían compilarse para conmover, entretener e instruir a los lectores, no para halagar a los profesores de escritura que incluyen libros en sus cursos. Los poetas antólogos no deben comerciar nunca con la propiedad de la musa a cambio de favores procesionales.

5. Los profesores de poesía, sobre todo en las secundarias y en las licenciaturas, deberían destinar menos tiempo al análisis y más tiempo a la lectura o la representación. Hay que liberar a la poesía de la crítica literaria Los poemas deben memorizarse, recitarse, representarse. Hay que insistir en la alegría redonda del arte. El placer de la representación es lo primero que atrae a los niños a la poesía. La excitación sensorial de decir y oir las palabras del poema. La representación fue también la técnica de enseñanza que durante siglos conservó la vitalidad de la poesía. Quizá también tiene la llave para el futuro de la poesía.

6. Finalmente, los poetas y los funcionarios culturales deberían usar la radio para aumentar el público del arte. La poesía es un medio oral, y por lo mismo, se ajusta idealmente a la radio. Una programación algo imaginativa para las cientos de estaciones de radio estatales y de las universidades podría llevar la poesía a millones de escuchas. Existen algunas programaciones, pero en su mayoría se quedan pegadas al formato previsible, subcultural, de poetas vivos que leen su propia obra. Mezclar la poesía con la música en las estaciones de música clásica y de jazz, o crear formatos innovadores de pláticas radiofónicas podría restablecer una relación directa entre la poesía y el público en general.