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Enrique Hernández Laos. Profesor e investigador del Programar de Doctorado en Ciencias Económicas de la Universidad Autónoma Metropolitana.

Suelen distinguirse tres etapas en los procesos de integración económica. La primera es el establecimiento de alguna forma de Area de Libre Comercio (ALC) mediante la cual se reducen o eliminan los aranceles y otras barreras comerciales. La segunda, denominada Unión Aduanera (UA), implica además medidas de armonización tributaria entre los países miembros, aunadas a una acción común en el establecimiento de aranceles frente a los demás países. La tercera etapa es la formación de un Mercado Común (MC), en el cual, además de lo anterior, se agregan flujos libres de factores y recursos entre los países que lo conforman.(1)

En estos momentos México se encuentra en el inicio de las negociaciones de un Tratado de Libre Comercio (TLC) con Canadá y los Estados Unidos, es decir, en el proceso de concertación de un Area de Libre Comercio. Pese a su trascendencia es escasa la información sobre la naturaleza misma del proceso de concertación, y aun mas escasa la referida a las repercusiones que podría tener tal acuerdo, de llevarse a cabo, sobre la economía y la sociedad mexicanas.

Evidentemente es muy difícil preveer lo que podría suceder de firmarse el TLC a nivel de cada país involucrado en el acuerdo y en relación con el resto del mundo. Sin embargo, una breve revisión a lo establecido por la teoría, un poco de sentido común, pueden darnos una idea, aunque muy general, de la dirección que podrían tomar los acontecimientos en materia económica derivados del establecimiento del TLC.

BREVE REPASO DE LA TEORÍA (2)

Desde el inicio de los cincuenta comenzó a desarrollarse con significativa rapidez la Teoría de las Uniones Aduaneras, a partir de la contribución pionera de J. Viner.(3) En esencia, Viner sostiene que la Unión Aduanera aumenta siempre el comercio y la especialización entre los países miembros, y en conjunto es benéfica para sus economías y sus relaciones recíprocas. Este efecto suele conocerse como el efecto creación de comercio.

Sin embargo, argumenta Viner, la integración puede también tena un efecto desfavorable sobre el comercio (y la especialización) de la unión vis a vis del resto del mundo. Ello sucede cuando la integración desvía parte del comercio de los países miembros con el resto del mundo hacia otros países miembros, lo que generará una pérdida de bienestar desde el punto de vista del mundo en su conjunto. Este segundo efecto suele denominarse efecto desviación de comercio.

Así cualquier proceso de integración podrá juzgarse, desde el punto de vista del bienestar económico mundial, comparando la magnitud de ambos efectos: el de creación de comercio vis a vis y el de desviación de comercio.

Una ampliación de esas conclusiones se debe a J.E. Meade, quien afirma que resulta imposible juzgar la UA en general. Todo depende de las circunstancias particulares de cada caso. Sin embargo, Meade destaca algunos criterios de orden general.(4)

a) Se puede, en principio, esperar que la reducción de las barreras comerciales, en la mayoría de los casos, provocará una expansión del comercio internacional, y de esta expansión derivará casi siempre una ganancia importante para los países que conforman el Acuerdo de Libre Comercio o UA.

b) La formación de una UA tendrá mayores probabilidades de incrementar el bienestar económico neto si las economías de los países asociados son en realidad muy competitivas o similares, pero en potencia muy complementarias y distintas. En ese caso existe la posibilidad de una gran expansión en su comercio mutuo sin gran desviación de sus importaciones o exportaciones de otros mercados.

c) La formación de la UA tendrá mayores probabilidades de aumentar el bienestar económico mientras más altas sean las tasas iniciales del arancel sobre las importaciones de los países asociados.

d) Una UA tendrá mayores probabilidades de aumentar el bienestar económico si cada país es el abastecedor principal del otro en los productos que le exporta, y si cada uno de ellos es el mercado principal del otro en los productos que le importa.

e) Mayor será el bienestar económico mundial mientras mayor sea la proporción de la producción, el consumo y el comercio mundiales representada por los miembros de la UA.

f) Mayor será el bienestar económico mundial mientras menor sea la tasa arancelaria en el resto del mundo, pero mayor el número de áreas aduaneras independientes en que se divida el resto del mundo.

g) Mayores serán los efectos positivos sobre el bienestar económico, mientras mayor sea el margen para las economías de escala en aquellas industrias de la unión que puedan expandirse a consecuencia del mayor comercio.

h) El mejor principio para la reducción de las barreras comerciales es un acuerdo global, que abarque a todos los países de la unión y a todos los productos, para reducir todos los aranceles en forma no discriminatoria por debajo de cierto nivel dado.

Otros autores han enriquecido la teoría. H.G. Johnson señala, por ejemplo, que en la evaluación de las UA deberán tenerse presentes, además de las cuestiones anteriores, los efectos sobre las economías de los países miembros derivados de la mayor eficiencia e ingresos, producto de las mayores corrientes comerciales.

Tales efectos, según Johnson, pueden lograrse en tres formas: mediante economías de escala en la producción, permitidas por el ensanchamiento del mercado; mediante economías de especialización y división del trabajo, resultantes de la mayor libertad de comercio, y mediante el mejoramiento de los términos de intercambio de los países de la UA con el resto del mundo.

W.M. Corden, por su parte, apunta la necesidad de analizar la distribución de las ganancias (y de las pérdidas) entre el gobierno, los productores y los consumidores de cada país, ya que como consecuencia de un tratado de libre comercio se afecta generalmente la distribución de las ganancias y de las pérdidas dentro de cada país y entre los países asociados.(6) 

La existencia de oligopolios en los países antes de la creación de la UA puede llevar, una vez establecida ésta, a reducir las ganancias de la expansión del comercio, ya que los productores oligopolistas pueden mantenerse en el mercado sólo diferenciando sus productos, lo que no necesariamente implica reducir costos por las mayores economías de escala.

Además, señala Corden, la magnitud (y la distribución) de las ganancias entre los países, derivadas del establecimiento del acuerdo de libre comercio, dependerán de las tasas de inversión bruta: mayores beneficios recibirá el (los) país(es) con mayores tasas de inversión bruta, por las mayores posibilidades de incorporar progreso tecnológico en sus procesos productivos, lo que les permitirá incrementar su escala, reducir costos y aumentar su participación en las exportaciones.(7)

Cabe referir, por último, las observaciones de Wonnacott y Wonnacott. Estos autores apuntan que el libre comercio, al expandir la industria, puede provocar un alza de equilibrio en los salarios de uno (o más) de los países si el incremento de la demanda de mano de obra, tras la reducción arancelaria, fuera suficiente para aumentar los salarios de todos los sectores de sus respectivas economías. Cuando gran parte de las industrias opera con economías de escala, esta modificación de los salarios de equilibrio general se convierte en un criterio fundamental de evaluación de las ventajas derivadas del acuerdo.(8)

REPERCUSÍONES SOBRE LA DISTRIBUCIÓN DEL INGRESO

De acuerdo a los principios teóricos esbozados arriba, acerca del TLC entre Canadá, México y los Estados Unidos podría esperarse, en principio, un considerable incremento del comercio entre los tres países, con todos los efectos favorables que ello podría acarrear en términos de mayores ingresos, empleo y bienestar para la población de los mismos. 

Más aún, dado que las economías de estos países-en especial las de México y EU- son en la actualidad de alguna manera competitivas, son precisamente sus posibilidades de complementariedad lo que las hace, de acuerdo con la teoría, susceptibles de generar una mayor expansión de su comercio mutuo, sin necesidad de desviar mayormente las importaciones y exportaciones que ambos países realizan en la actualidad con otros mercados.

Desde ese punto de vista, y en abstracto, el efecto creación de comercio excedería el efecto desviación de comercio postulado por Viner, por lo que, desde el punto de vista del bienestar mundial, el establecimiento del TLC sería benéfico, sobre todo en un horizonte de largo plazo.

También desde el punto de vista de la teoría, la existencia de barreras al comercio y las elevadas tasas arancelarias en algunos productos, dada la relación de abastecedores de exportaciones e importaciones entre México y Estados Unidos, cabría esperar un mayor incremento de su bienestar económico. Además, la existencia de amplios márgenes para la realización de economías de escala, especialmente en la industria manufacturera mexicana,(9) garantizaría una mayor repercusión sobre nuestra economía, en la medida en que tales márgenes se tradujesen en menores costos unitarios en algunas industrias, lo que les permitiría incrementar su participación en los mercados de los Estados Unidos y Canadá a la firma del TLC.

La negociación de un acuerdo global de los tres países, que abarque el mayor número posible de productos para la reducción de sus respectivos aranceles en forma no discriminatoria, favorecerá, en principio también, un mayor incremento del bienestar económico de los tres países.

Todo lo anterior, cabe insistir, se derivaría del TLC en términos generales, de acuerdo con lo postulado por la teoría reseñada. Sin embargo, tales efectos podrían esperarse sólo si todos los países aceptan incondicionalmente la nueva especialización productiva que reclamaría la complementariedad de sus respectivas economías, de acuerdo con sus propias ventajas comparativas. Y obviamente, en ese proceso habrá modificaciones a la estructura productiva, radicales en algunos casos, en el que habrá «ganadores» y «perdedores» en cada uno de los países.(10)

Es precisamente este aspecto el que más suspicacias genera. Se argumenta que, dado el notable contraste en los niveles de desarrollo entre México y Estados Unidos, el acuerdo podría llevar a México a una posición productiva que sólo fuera funcional a aquel país, pero en la cual estuvieran ausentes las actividades industriales más dinámicas y de mayor impacto sobre el crecimiento económico, en especial las que están al inicio del ciclo de nuevos productos, como la electrónica, la biotecnología y los servicios altamente especializados.

Por otro lado, también se señala, el país se especializará en industrias altamente contaminantes, dadas las diferencias en las reglamentaciones ecológicas existentes entre los tres países.

No es viable señalar a priori cual seria el perfil de la estructura productiva que se derivaría para México en el mediano plazo como producto del TLC, entre otras cosas porque dependerá de la manera en que se lleven a cabo las negociaciones correspondientes. Sin embargo, algunos analistas apuntan que en actividades como la producción de rapa, de vidrio barato, partes y refacciones, México tiene ya en estos momentos una posición competitiva frente a los Estados Unidos. Por el contrario, en la producción de textiles y equipo electrónico -entre otras actividades- resulta evidente la supremacía de los Estados Unidos frente a los productores nacionales. En algunos ramos México podría ser competitivo en precio, pero no lo es todavía por la poca calidad de sus productos.(11)

Desde una perspectiva más amplia, la poca evidencia disponible señala un patrón muy complejo del rumbo que podría tomar la especialización productiva en presencia del TLC. En el sector primario, la experiencia sugiere que en algunos productos frutales, hortalizas, leguminosas y flores, por ejemplo, México podría incrementar sustancialmente sus exportaciones a los Estados Unidos. La misma experiencia muestra que en la producción de oleaginosas, por el contrario, nuestro país se favorecería con mayores importaciones procedentes de ese país.

En el sector primario mexicano, el relativo a la producción de granos básicos como el maíz, el país presenta una notable desventaja comparativa (en términos de costos) frente a los Estados Unidos. Sin embargo, parece improbable que se acepte en las negociaciones la importación indiscriminada de estos productos, por la sencilla razón de que su cultivo constituye el sustento básico de la mayor parte de la población agrícola mexicana.(12)

Dentro del sector servicios, por otra parte, cabria esperar que algunas actividades, como las dedicadas a la intermediación financiera, paulatinamente fueran dominadas por consorcios extranjeros, al igual que otros servicios altamente especializados como los relativos a consultoria tecnológica, económica y contable.

En el sector industrial la situación no es tan evidente. Estudios recientes ponen de manifiesto, por ejemplo, que las manufacturas mexicanas registran un rezago considerable en materia de productividad, pese al acelerado crecimiento registrado en los últimos años.(13) En promedio, las manufacturas mexicanas registran un valor agregado por hombre ocupado de sólo el 33% del registrado en las manufacturas estadunidenses, y esa diferencia es similar en la mayor parte de las ramas manufactureras analizadas.(14)

La experiencia reciente sugiere que en algunos rubros México ha ganado márgenes de competitividad relativamente significativos, a juzgar por el notable crecimiento de sus exportaciones, como en el caso de los productos automotrices, elaboración de cerveza y otros más.(15)

Sin embargo, la mayor ventaja comparativa que presenta actualmente el país quizá sea el reducido costo de su mano de obra Un estudio reciente de la OIT señala, por ejemplo, que para mediados de 1988 el salario industrial promedio en los Estados Unidos era cerca de 9 veces mayor que el registrado por las manufacturas mexicanas, y el de Canadá 9.4 veces mayor.(16)

No obstante, el salario por sí sólo no es representativo del grado de competitividad de la mano de obra en los mercados internacionales, dados los bajos niveles de la productividad laboral de nuestras manufacturas. Considerando conjuntamente ambos indicadores, otros estudio muestra que la mano de obra mexicana tiene una ventaja comparativa cercana al 60% respecto a una serie de países, entre ellos los Estados Unidos.(17)

Así, México podrá apoyarse, en el corto y en el mediano plazos, en el bajo costo de su mano de obra para mantener su competitividad en el mercado externo, en tanto se verifica el proceso de especialización manufacturera en aquellas ramas en las que se incorporen más aceleradamente nuevas tecnologías que permitan aprovechar las economías de escala, reduzcan costos unitarios y aumenten la competitividad productiva en el mediano y largo plazos.(18)

De ahí lo relevante que resultara para México la atracción de inversión extranjera directa en las ramas estratégicas que se orienten al mercado externo, como acertadamente señala Corden. A ello contribuirán de manera decidida la política de privatización de empresas públicas y la flexibilización de las reglamentaciones para el establecimiento de inversiones extranjeras en el país.

Una vez puesto en marcha el proceso de especialización, y dependiendo de la naturaleza de las negociaciones respectivas en materia de liberalización sectorial y sus plazos, es posible preveer que se modifique paulatinamente la distribución del ingreso en el país, aunque la dirección de tales modificaciones no sea fácil de predecir.

En la media en que se expanda el empleo doméstico -producto no sólo de las mayores exportaciones sino también de los efectos multiplicadores de las crecientes inversiones brutas que se esperan- los hogares ubicados en los estratos medios de la distribución aumentarán su participación en el ingreso, lo que podría atemperar las desigualdades en la distribución del ingreso. La elevación de los niveles medios de productividad laboral en el sector primario apoyaría ese proceso redistributivo, especialmente en el sector exportador del mismo.

No es previsible, sin embargo, que este proceso sea generalizado, cuando menos en el mediano plazo, en la medida en que las actividades exportadoras continúen siendo altamente intensivas en capital y tengan limitadas repercusiones sobre el empleo no clasificado, lo que retardará la elevación del salario de equilibrio.

En ese caso, más bien podríamos presenciar una etapa de transición en la cual se presente una dicotomización de la distribución. Por una parte, se tendría un sector exportador altamente capitalizado y con salarios reales crecientes para la mano de obra mejor calificada, sector que ocuparía los estratos de mayores ingresos. Por la otra, estaría el sector no exportador, sujeto al crecimiento del mercado interno, con menor dinamismo en la generación de empleo y en d aumento de sus remuneraciones reales, que ocuparía los estratos medios y bajos de ha distribución. Papel relevante en estos últimos estratos continuarán teniendo los sectores campesinos, cuyos intereses deberán cuidarse en extremo en el proceso de las negociaciones en marcha.

En el largo plazo el proceso de dicotomización podrá eliminarse gradualmente, a medida que el salario real de equilibrio aumente conforme aumenta la productividad media de la economía, y se acerque a los niveles existentes en los Estados Unidos y Canadá. Este proceso, sin embargo, será de muy lenta maduración y no cabría espetar que se presente de manera generalizada en lo que resta de la actual centuria.

(1) Véase G. Schwarzenberger, A Manual of International Law, Stevens & Son, LTD, Londres, 1963, pág 353.

(2) La teoría económica de las Uniones Aduaneras es aplicable, en lo general, a las áreas de libre comercio, excepto en lo referido a la fijación de aranceles respecto a terceros países. La bibliografía consultada en las siguientes páginas se encuentra compendiada en el volumen Integración Económica, editado por S. Andic y S. Teitel, de la Serie Lecturas del Fondo de Cultura Económica no 19, México 1977.

(3) J. Viner, The Customs Union Issue, Camegie Endowment for International Peace, Nueva York, 1950. 

(4) J. E. Meade, The Theory of Custom Unions, North Holland Publishing Company, Amsterdam, 1955.

(5) H.G. Johnson, «The Gains from Freer Trade with Europe: An Estimaate», Manchester School, vol. 26, 1958, pp. 247-255.

(6) W.M. Corden, «Economies of Scale an the Theory of Customs Union», en Journal of Political Economy, marzo de 1972. 

(7) Ibid., pág, 287.

(8) R.J. Wonnacott y P. Wonnacott, Free Trade Between the U.S. and Canada, Harvard University Press, Cambridge, Mass., 1967, capítulo XV. 

(9) Véase: E. Hernández Laos, La productividad y el desarrollo industrial México, Fondo de Cultura Económica, México, 1985, capítulo VIII.

(10) A la firma del TLC cada país podrá vender sus productos en el mercado de los otros dos países con menores aranceles, de acuerdo con lo pactado en el Tratado. De esa manera, cada país colocará los productos en los que esté en condiciones favorables tanto de precio como de calidad. A la inversa, los consumidores de los tres países se inclinarán por importar aquellos productos en los cuales la calidad y el precio sean más favorables que los producidos localmente. Los «ganadores» serán los productores que aumenten sus exportaciones; los «perdedores» serán los productores que reduzcan sus ventas locales como consecuencia de las mayores importaciones competitivas. En el mediano plazo lo anterior tenderá a modificar la estructura productiva y la distribución del ingreso en los tres países para adecuarlas a su función de complementariedad.

(11) Rudiger Dorbusch, «El libre comercio con México es indispensable para EU». Excélsior, 12 de abril de 1991, Sección financiera, pág. 1.

(12) Por ello cabría esperar que se establezca en el TLC una serie de condiciones muy específicas respecto a los plazos para la apertura a las importaciones de estos productos, a la vez que se implementen los mecanismos que conduzcan a la elevación de la productividad doméstica en su cultivo, quizá mediante la reforma radical de las bases sobre las que opera el ejido en México.

(13) Véase: E. Hernández Laos, Política de desarrollo industrial y evolución de la productividad total de los factores en la industria manufacturera mexicana, informe presentado, al Fondo de Estudios e Investigación Ricardo J. Zevada, Universidad Autónoma Metropolitana-Iztapalapa, México, octubre de 1990. 

(14) En industrias específicas como la madera y sus productos, y en productos de hule y plástico, la productividad en México no llega al 20% de la alcanzada en los EU. En otros rubros como la producción de ropa, zapatos y productos de cuero, y en industrias de minerales no metálicos como el cemento y similares, y en maquinaria eléctrica, los niveles medios de productividad de nuestras manufacturas son relativamente mayores, en la medida que representan poco más del 40% de los niveles alcanzados en los Estados Unidos. Estas diferencias podrían dar quizá una idea del tipo de especialización que cabría esperar de la firma del TLC con Canadá y los Estados Unidos. Véase: A. Maddison y B. van Ark, Comparisons of Real Output in Manufacturing, Working Papers, The World Bank, april 1988 (wps 5).

(15) En este caso cabe aclarar, sin embargo, que buena parte de la presunta competitividad de los últimos años se derivó del notable margen de subvaluación del peso mexicano frente al dólar, margen que ha ido reduciéndose paulatinamente a partir de 1988, con los programas de ajuste puestos en marcha recientemente.

(16) OIT, Boletín de Estadísticas del Trabajo, Génova, 1989. Esa misma fuente señala que para ese año el salario promedio en países de industrialización reciente como Corea es 2.7 veces mayor que en México sólo era mayor, en promedio, que el registrado en Hungría.

(17) Sólo en 4 de 18 industrias (alimentos, bebidas, química y maquinaria) los salarios en México -corregidos por la productividad-son relativamente menores en México que en los demás países: en 6 industrias la diferencia es de hasta 50%; en 7 de entre 50 y 100% y en un caso (productos de minerales no metálicos) la diferencia es mayor del 100%. Véase: E. Hernández Laos y J. Aboites Aguilar, La flexibilidad laboral en las manufactureras mexicanas, inédito, México 1990.

(18) Es improbable, sin embargo, que en los próximos cuatro o cinco años se reduzca significativamente la ventaja comparativa que representa el bajo costo de la mano de obra mexicana, en virtud del relativamente poco empleo que generan las exportaciones manufactureras mexicanas (Ibid.)