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Alicia Hernández Chávez 

Anenecuilco. Memoria 

y vida de un pueblo 

El Colegio de México 

México, 1991, 261 pp.

Durante los últimos 6,000 años la mayor parte del género humano ha vivido en pueblos. Los pueblos no han sido menos históricos y cambiantes que cualquier otra institución humana: a lo largo de seis milenios resulta imposible decir cuántos de ellos han cambiado y desaparecido. Y ningún pueblo ha sido nunca exactamente igual a otro. Pero las historias de los pueblos donde ha vivido la mayoría de la gente son lar- gas, algunas muy largas. Y a pesar de lo diferentes que pue- den ser, una historia Siempre nos remite a otras. Ello es inevitable, cuando menos, porque nunca ha existido, como es evidente, un pueblo totalmente aislado; la más microscópica historia siempre es en realidad la historia de poblados vecinos. El caso más significativo, una historia que evoca otras muy distantes en el tiempo y el espacio, resulta inevitable sobre todo porque de una u otra forma la mayoría de los pueblos han existido por las mismas razones: trabajo, seguridad e intercambio.

Lo significativo radica en la repetición. Durante 200 generaciones la mayor parte de los hombres y mujeres del planeta han trabajado en un momento dado en algún tipo de pueblo en forma colectiva, cooperativa o individual, en agricultura, horticultura, pastoreo, pesca, caza, crianza de animales, construcción, manufactura, transporte, preparación y conservación de alimentos. En los pueblos han criado a sus hijos en el afecto, la confianza, el deber y la dignidad, así como en la voluntad y habilidades necesarias para trabajar con otras personas o por su cuenta. Ahí han cuidado a sus mayores, les han hecho funerales y honrado su memoria. Ahí han celebrado periódicamente los lazos que los unen con parientes y compañeros, y confirmado sus mutuos compromisos. Ahí han expresado en común y de manera individual su sensación de que el mundo significa más de lo que pueden explicar, pero no mucho más; que cualquiera que haya sido el gran significado de la vida y de la muerte siempre es bueno trabajar, hacer el bien a los niños, a los mayores y al prójimo, y rogar por las recompensas del bien contra las condenas del mal. En resumen, durante 200 generaciones fue en los pueblos donde la mayoría de la gente produjo sus bienes y reprodujo su capacidad de producción, la base de la civilización sobre la tierra hasta hace 150 años. Y en sus pueblos se han organizado y reorganizado continuamente para intercambiar algunas de las cosas que producen por otras que producen sus vecinos o grupos distantes, para facilitar el trabajo y aumentar su seguridad.

Existe, por supuesto, otra cara de la moneda. Durante 200 generaciones, dentro de un mismo pueblo y con otros pueblos, la gente se ha traicionado y peleado por el trabajo, la seguridad y el comercio. Lo que es aún más impresionante, para el desarrollo y conformación de la civilización, tal vez 199 generaciones de pobladores rurales han sufrido tentaciones, disputas, exigencias, amenazas y violencia por parte de mercaderes y sus guardias, y de gobernantes y sus esbirros para persuadirlos u obligarlos a trabajar no el uno para el otro o para si mismos sino para los mercaderes o los señores. Generación tras otra, muchos han trabajado en tales términos: perpetuamente endeudados, pagando constante tributo, en calidad de siervos formales o informarles, convirtiendo a los comerciantes en mercaderes y a los gobernantes en señores, reyes y emperadores, para conformar la larga historia de despojo, explotación y opresión en el mundo; otros se han negado y resistido, conformando la larga historia de lucha agria en el mundo. Lo que es mas impresionante y perturbador es que durante las últimas cinco generaciones los pueblos de todas partes han tenido que lidiar con capitalistas y proletarios belicosos, y diferentes tipos de agitadores y organizadores partidistas, republicanos, monarquistas, liberales, demócratas, conservadores, socialistas, fascistas, comunistas. En estas nuevas contiendas los pueblos que iniciaron luchas agrarias Siempre se han visto involucrados tarde o temprano en otro tipo de luchas, con aliados y enemigos más poderosos cuyos intereses fundamentales abarcan cuestiones más amplias, de clase y estado.

Debido a los conflictos al interior de los pueblos, entre pueblos, con mercaderes, señores, reyes y emperadores, y entre clases y estados, los campesinos han tenido que comportarse, aunque a disgusto, de manera política, para mantener entre si el suficiente grado de acuerdo o condescendencia para que su pueblo dé la impresión de estar unido, de hecho para lograr el máximo de independencia posible, para autorizar representantes que negocien colectivamente con aliados, rivales, protectores y enemigos, para tomar decisiones comunes en lo relativo a negocios y amenazas, y para buscar constantemente la forma de obtener mejores tratos, menores pérdidas de producción y reproducción.

De este modo han vivido durante los últimos 4,500 años hasta hace alrededor de 50, la mayor parte de los habitantes del continente llamado América Cuando los europeos encontraron estas tierras hace 500 años, se inició aquí otra institución que afectó profundamente a muchas personas, la plantación establecida por los europeos en los pueblos del Caribe y de Norte y Sudamérica que destruyeron. Aunque después de la esclavitud algunos asentamientos se convirtieron en comuni- dades, nunca se convirtieron en pueblos. Pero en el Virreinato de la Nueva España y después en la República Mexicana, generación tras generación hasta hace apenas una, la mayoría de la gente vivía en pueblos, trabajando, criando a sus hijos, enterrando a sus mayores, siendo compadres y comadres, rezando, comerciando, peleando entre si, y luchando y haciendo política contra mercaderes, señores, funcionarios virreinales y después republicanos, y finalmente contra capitalistas que querían obtener de ellos sus últimos medios de producción y su fuerza de trabajo al más bajo precio humanamente tolerable. Quizá durante los últimos 3,500 años, y casi con certeza durante los últimos 1,000, al suroeste del Popocatépetl en una hermosa región llamada, desde hace mucho tiempo Amilpanecapan, a ambos lados de un pequeño río y justo antes del recodo donde éste se une al río Cuautla, ha existido un pueblo llamado «donde el agua corre turbulenta», en náhuatl, hispanizado, Anenecuilco. Hasta 1911 no había sucedido ahí nada demasiado extraordinario para un pueblo, sólo los habituales ciclos de despojo, explotación, opresión, lucha y actividad política, en términos capitalistas durante los últimos veinte años. Como en muchos otros pueblos del México de aquel entonces, Anenecuilco era un pequeño lugar donde la mayor parte del trabajo se realizaba en la propiedad y para beneficio de grandes empresas, mientras el pueblo desfallecía sobre los escasos medios y productos restantes. Pero súbitamente su historia se volvió notable. Para recuperar su tierra, agua, bosques y fuerza perdidos, Anenecuilco y su vecina Villa de Ayala se unieron a una insurrección contra los gobiernos estatal y federal. Y cuando éstos cayeron, y los pueblos no recibieron sino falsas promesas de los nuevos gobiernos, los pobladores de Anenecuilco y Ayala se unieron en torno a su propio liderazgo, sobre todo a Emiliano Zapata, de Anenecuilco, y en noviembre de 1911 iniciaron su propia revolución para todos los pueblos del país de acuerdo con su Plan de Ayala. La revolución que ellos hicieron en medio de otras revoluciones durante los años siguientes repercutió de manera crucial en el significado de la «Revolución Mexicana», la estructura del México moderno.

Muerto Zapata en 1919, el gobierno revolucionario a partir de 1920 se apropió del movimiento zapatista y el nombre de Zapata se convirtió en un símbolo internacional del heroísmo agrario. Sin embargo, Anenecuilco siguió siendo tan sólo un pequeño pueblo entre las decenas de miles que hay en México, hasta que Jesús Sotelo Inclán publicó en 1943 su ingenioso, valiente y perfectamente intitulado libro sobre su historia, Raíz y razón de Zapata. Desde entonces, y más aún desde la publicación en 1970, de una segunda edición corregida y aumentada, los rasgos principales de la historia del pueblo y los propósitos zapatistas están al alcance de cualquier persona que lea español.

Ahora gracias a la inteligencia y valor de todos los honorables líderes de Anenecuilco desde 1853 hasta 1947, de Jesús Sotelo Inclán de 1947 a 1990 y de su hermano Guillermo Sotelo Inclán en 1990 y 1991, contamos con documentos que nos permiten aprender aún más sobre las razones que Llevaron a un grupo de campesinos comunes y corrientes a arriesgar su vida con el fin de salvar a su pueblo j a convertirse en notables revolucionarios. Se trata de documentos cuya obtención, resguardo y empleo en la defensa legal de su pueblo, costó la vida a muchos anenecuilquenses. Son los documentos utiliza dos por Jesús Sotelo Inclán como base para su libro; los que su hermano ha devuelto noblemente a la nación por ser un elemento vital de su pasado y presente, y que ahora la doctora Alicia Hernández Chávez ha estudiado a conciencia y escrupulosamente para dar cuerpo a este libro.

Su trabajo es, en una palabra, excelente. Sus méritos particulares son numerosos y en muchos sentidos innovadores dentro de la literatura sobre la historia agraria de México. Estos son algunos de sus puntos relevantes y argumentaciones que más me han impresionado: 1) no porque ahora sepamos todo lo que sabemos sobre la historia de Anenecuilco ni porque Ahí se haya iniciado una revolución importante debemos considerar a sus habitantes de 1911 como algo único o incluso fuera de lo común entre los habitantes del México rural; 2) los pobladores de Anenecuilco de aquella época sabían mucho de la historia de su pueblo y tenían un sentido muy profundo, agudo y práctico de lo que significaba para ellos; 3) conocían la importancia fundamental del Archivo General de la Nación como depósito general y oficial de los registros existentes sobre el pasado de México para el esclarecimiento de la verdad y la justicia; 4) conocían a políticos y abogados locales y nacionales, y sabían cómo tratar con ellos; 5) habían heredado y desarrollado una visión propia y especial de la Constitución Política y Social para México: una confederación liberal de estados integrada por municipios libres; o daban por sentado que cuando todos hablan a la vez no se llega a nada, que la voz de la experiencia merece consideración especial, que más vale brindar la confianza repetidamente a un compañero que con probidad los ha representado para que los vuelva a representar y que los puestos más importantes de confianza y representación radican en el ámbito interior del pueblo y no en los cargos públicos.

Dado que Anenecuilco es tan antiguo, ha sobrevivido a tanto y no es un caso único, el estudio de la doctora Hernández Chávez sobre su historia y los documentos aquí publicados contienen importantes lecciones para los académicos y el público en general sobre amplios aspectos de las relaciones sociales y políticas en México, no sólo en el pasado, sino también ahora y en el futuro previsible.