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La polémica que suscitó el reportaje de Frabrizio Mejía («Frontera norte: La línea de tu mano», nexos 161) tiene ahora un interlocutor más. En nexos 163, el doctor Jorge Bustamante definió su postura ante una visión que disfruta con «la confirmación de sus estereotipos». Ahora, José Manuel Valenzuela, sociólogo, director del Departamento de Estudios Culturales del Colegio de la Frontera Norte, precisa la naturaleza de las cifras y discrepa de la interpretación que les dio Fabrizio Mejía. 

En nexos 163 de julio de 1991, aparece una carta crítica de Jorge A. Bustamante al artículo de Fabrizio Mejía Madrid «Frontera Norte: la Línea de tu mano» (nexos 161), donde cuestiona la posición estereotipada que prevalece en el articulo de Mejía. En el mismo número se publica la respuesta de Mejía, quien me señala como responsable de la información que utiliza sobre el desempleo actual.

Coincido con Bustamante cuando cuestiona la afinación de Mejía en el sentido de que la tasa de desempleo en Tijuana es de 28%, pues la información generada por la Encuesta Socioeconómica Anual de El Colegio de la Frontera Norte (1987-1989), indica una situación de desempleo mínimo para la ciudad de Tijuana; Mejía afirma que ese dato lo obtuvo de un cuaderno de trabajo que publiqué a inicios de 1987: «La estadística que cito se encuentra en la página 13 de una publicación del propio Colegio de la Frontera Norte suscrita por José Manuel Valenzuela Arce: «El Movimiento Urbano Popular en Tijuana. Reconstrucción Testimonial»; a pesar de que esta afirmación es correcta, creo que Mejía debería ser más sincero en su respuesta y no ocultar información que aparece en el citado trabajo, omisión que me obliga a precisar la posición que ahí se presenta.

Entre 1984 y 1985 realice un trabajo de investigación sobre el movimiento urbano popular, donde hice una recuperación de la historia de los movimientos Urbano Popular de la ciudad de Tijuana durante los años setenta, e inicios de los ochenta; periodo que comprende la etapa de canalización de la Zona Río Tijuana, y durante el cual se formó el Comité Unión de Colonos Urbanos de Tijuana A.C. (CUCUTAC), y que enmarca situaciones verdaderamente dramáticas, principalmente en relación con los desalojos de 1978 y 1980, cuando las inundaciones derivadas de la apertura de las compuertas de la Presa Rodríguez provocaron la muerte de varias personas, entre quienes se encontraba la familia de Rosa Maria Flores; su mamá Maria Luisa Ruelas, su hermano Hilario, dos hijas (Maria Luisa y Erika Violeta) y dos sobrinos (Oscar y Caritina). Para contextualizar este trabajo (que incluye los testimonios de los principales actores de esos movimientos), utilicé de manera central información «oficial; es por ello que en el título del capítulo «Problemas Urbanos de Tijuana» (de donde Mejía utiliza la información sobre desempleo), aparece una aclaración que señala: Toda la información estadística utilizada en este capitulo corresponde al Plan de Desarrollo Urbano de Tijuana, 1984″, y el primer párrafo del capítulo señala: Al analizar la información oficial sobre los problemas urbanos de la ciudad de Tijuana…», y en la misma «cita» aludida por Mejía se lee que la información corresponde a esta fuente.(1) Lo que sorprende es que Mejía extienda la información que aparece en mi trabajo y señale, al referirse a Tijuana, que «actualmente el 28% de su población está desempleada», lo cual no aparece en mi trabajo, que si bien es cierto, fue publicado hasta 1987, la información citada remite de manera explícita al PDUT de 1984, por lo cual me parece injustificable que en 1991, siete años después, se me considere responsable de las afirmaciones que sobre el desempleo actual cita Fabrizio Mejía. Creo que su trabajo padece la falta de contextualización de las imágenes que presenta sobre la frontera lo cual se ilustra en el ejemplo señalado, donde a pesar de que afirma que el cuaderno de trabajo se publicó en 1987, y la información lo remite a 1984, no vacila en otorgarles actualidad, lo cual puede tener cierto efecto polémico, ya que muestra poca responsabilidad del autor con su trabajo. Me parece que la imprecisión se deriva de la falta de contextualización, además de una lectura descuidada, que también presenta Mejía cuando cita el caso de Cartolandia, pues en mi trabajo señalo que la gente que habitaba en este lugar fue reubicada en 1973 por el gobernador Milton Castellanos: «Posteriormente, en el año de 1973, se da el desalojo de las familias que se encontraban concentradas en el área cercana a la Línea Internacional. A esta área se le conocía como Cartolandía, debido a que las ‘casas’ que ahí se encontraban estaban construidas con cartón…»; sin embargo, cuando Mejía hace referencia a los desalojos de 1978 continúa hablando de Cartolandía: «En 1978 se desalojó a más del 50% de las familias con el argumento de la peligrosidad de las lluvias que podrían desbordar la Presa Rodríguez que enmarcaba a Cartolandia».

Más allá de las imprecisiones en la información, me parece que el punto cuestionable del artículo de Mejía es su visión prejuiciada sobre la frontera. En años anteriores, al igual que otros colegas, escribí cuestionando la campaña que mediante posiciones estereotipadas configuraron una posición antichilanga en la ciudad de Tijuana, con la cual frecuen- temente se aludía al residente del Distrito Federal. El estereotipo consiste en la unilateralización e hipóstasis de los fenómenos; un proceso que consiste en la ponderación exagerada de alguno o algunos rasgos de la realidad como si constituyeran la totalidad del fenómeno que se analiza, lo cual generalmente se presenta apoyado en la fuerza de alguna anécdota. Creo que este es el punto del cual se derivan algunas de las afirmaciones más desafortunadas de Mejía, cuando generaliza planteamientos como los siguientes: «Aún así, la imagen de la tijuanense es la dama de la noche que ñasquea (ficha, talonea, burdelea) al oscurecer, y trabaja en bancos, tiendas y maquilas durante el día. Moscú, cerca de Cananea, es una zona roja, en más de un sentido. Las maestras de las primarias van ahí los fines de semana porque sus salarios no son suficientes. Y así, mientras se desnudan, pueden informarle a su cliente Como va su hijo en Matemáticas o Anatomía». La ligereza de estos comentarios ha despertado justificada indignación entre aquellos que de manera directa, o a través de las tribunas públicas de la ciudad de Tijuana, han conocido el artículo de Mejía.

Me parece cuestionable recurrir a simplificaciones que se montan sobre prejuicios y estereotipos, sean de norteños contra chilangos, o de defeños frente a los bárbaros del norte; queremos evitar la propalación de prejuicios que luego nos empujan, nos evaden, nos condenan al ostracismo de nuestros propios fantasmas y generan el resentimiento que se expresa en el párrafo final del artículo de Frabrizio Mejía: «Vamos de regreso al sur, pero no hay nada qué decir si cierro la boca es para destruir esa frontera, la última, para nombrar el caos que explota atrás de mi, mientras cierro la puerta del auto y desaparezco para siempre».

(1) En la página 68 del Plan de Desarrollo Urbano de Tijuana 1984, publicado por el Gobierno del Estado de Baja California, a través de la Secretaría de Asentamientos Humanos y Obras Públicas, se lee: «por otra parte, las tasas de desempleo y subempleo estimadas en 1984 para la ciudad de Tijuana, ascienden a 28.7% y 4.5% respectivamente».