El próximo 18 de agosto, el sexenio 1988-1994 llega a sus tres años. Comenzó en forma turbulenta con las elecciones del 6 de julio del año de su inicio, que dejaron un sabor acre en la boca de los mexicanos que votaron pero, al mismo tiempo, inauguraron una especie de estado de esperanza. Esperanza en la política, esperanza en los procesos electorales, esperanza de una transición reforzada por los acontecimientos políticos que, en todo el mundo, generaron cambios que se antojaban imposibles o muy lejanos; esperanza también en que el gobierno y los partidos políticos serán capaces de gestar el tránsito de un tiempo herido de agravios electorales a otro, nuevo, de comicios simultáneamente mas competidos, mejor reglamentados, menos manchados por la duda y la sospecha justificables.

En tres años, los mexicanos hemos visto o protagonizado hechos alentadores: el primer gobernador de oposición de la era posrevolucionaria, una nueva legislación electoral elaborada en virtud de consensos antes impensables, diálogos abiertos entre fuerzas opositoras reales y el gobierno. Pero también hemos sido víctimas de acontecimientos que obstaculizan el nacimiento de la confianza: comicios locales en los que no terminan de operar viejas e indeseables inercias, expectativas insatisfechas en la vida interna de los partidos políticos, asignaturas centrales todavía pendientes en la vida política nacional.

A la mitad del río, en este número especial nexos ofrece a sus lectores una radiografía del cauce, de los medios para terminar de vadearlo, de los actores del vado y de lo que llevan en las alforjas para afrontarlo; del tramo ya recorrido y de lo que, antes del tramo, condujo hasta la primera orilla.