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CUADERNO NEXOS

La multiplicación de los acuerdos comerciales

El mundo está cambiando y está cambiando mucho más rápido de lo que muchos anticiparon. Recuerdo cuando unas dos semanas antes de que empezara la emigración masiva de la entonces Alemania del Este, un colega -politólogo- acertó a pronosticar que en Alemania del Este no íbamos a observar el tipo de movimientos políticos presentes en Polonia, Checoslovaquia y Hungría. En discusiones posteriores también recuerdo que otros colegas vaticinaron que la unificación de las dos Alemanias no se daría en menos de diez años. A lo mejor este pronóstico termina siendo cierto de facto, pero no lo fue en términos institucionales.

América Latina también está cambiando, y para muchos, también mucho más rápido de lo anticipado. En la esfera económica el cambio es evidente. más tarde o más temprano, prácticamente todos los países de la región están convergiendo hacia un nuevo «modelo» económico que tiene tres rasgos fundamentales: prudencia en la política macroeconómica, menor participación del Estado en la economía, y apertura económica hacia el exterior. La convergencia no debe sorprender. En parte es el derivado natural de la crisis de la deuda que dejó a los gobiernos de la región con poco margen de maniobra y grandes necesidades de apoyo financiero oficial. La condicionalidad del apoyo financiero oficial (multilateral y bilateral) ha funcionado como «garrote y zanahoria» y está detrás de la convergencia en las reformas. La crisis de la deuda también ha dado mucho más poder al sector privado – al que cuenta con capital, claro esta- dentro de los países, el cual también hace uso de su «garrote y zanahoria». Los gobiernos tienen que adaptar su estrategia para que el sector privado ahorre e invierta dentro del país y esto también explica la convergencia del modelo.

Sin embargo, a pesar de que el cambio de modelo económico en América Latina esta ocurriendo en gran parte por «default», el panorama es esperanzador. Primero, porque si uno tiene una visión Hirschmaniana del desarrollo económico, la modificación en las reglas del juego que se están presentando en los países de la región a raíz de las reformas en política económica, se tendrá que reflejar en nuevos auges de inversión e incrementos en la productividad. ¿Por que? Porque la desregulación y – en particular- la apertura económica, sobre todo acompañada de los proyectos de integración regional y subregional, abre nuevas oportunidades rentables, pero esta vez enfrentadas a la competencia externa. Es decir, incentiva a los empresarios al ofrecer nuevas fuentes de lucro, pero las nuevas inversiones tendrán que ser tan productivas como las alternativas del exterior.

Segundo, porque un Estado cuyas cuentas fiscales están en equilibrio, puede gozar de mucho mayor autonomía para llevar a cabo las iniciativas priorizadas por la sociedad que un Estado a merced del financiamiento externo o de las amenazas (especulativas o no) del sector privado. Tercero, porque las múltiples iniciativas regionales y subregionales de integración económica están sentando las bases para institucionalizar la cooperación y resolución de conflictos de los países de América Latina entre sí, y entre ellos y los Estados Unidos. Obviamente, la asimetría entre grandes y chicos, poderosos y débiles, no va a desaparecer. Pero si los intentos de integración resultan, la mayor interdependencia económica y política generará mejores condiciones para resolver los conflictos que las vigentes.

¿Irán a resultar las nuevas iniciativas de integración? ¿Por qué ahora sí cuando en el pasado fracasaron? Primero, la situación es mucho más promisoria hoy que en el pasado porque los países se están uniendo para consolidar sus estrategias de apertura económica y no para protegerse del exterior. Hoy México ya dejó de ser una de las economías más abiertas de la región. Es una más de las varias economías abiertas de la región. Además del caso chileno, Argentina, por ejemplo, tiene un arancel promedio de 11% y eliminó los permisos previos, excepto para el caso de automóviles; Bolivia tiene un arancel máximo de 10% y eliminó todos los permisos previos. Uruguay eliminó los permisos previos y está encaminada a disminuir los aranceles. Hasta Brasil tiene un programa de eliminación de los permisos previos y disminución de aranceles. Hay que aclarar, no obstante, que dentro del programa actual, la economía brasileña seguiría comparativamente cerrada al final de éste, en 1994.

Segundo, los países de América Latina se están uniendo entre sí, tanto como paso intermedio, así como mecanismo de defensa. Es visto como paso intermedio para negociar acuerdos de libre comercio con Estados Unidos y con otros bloques subregionales y fuera de la región. Es visto como mecanismo de defensa frente a las iniciativas de acuerdos de libre comercio con los Estados Unidos, por parte de países individuales como son México y Chile. Es indudable que la firma de un ALC norteamericano ha sido el catalizador principal de lo que ahora se ve como una urdimbre de iniciativas de integración. Chile busca vigorosamente ser el segundo país en firmar un ALC con los Estados Unidos y al mismo tiempo está en proceso de firmar uno con México. México busca firmar acuerdos, además, con Colombia y Venezuela, y con Centro América Argentina, Brasil, Paraguay y Uruguay están tratando de formar un mercado común, el MERCOSUR, para finales de 1994. Los países del Pacto Andino, Bolivia, Colombia, Ecuador, Perú y Venezuela, acaban de ratificar su intención de crear un mercado común para 1995. Además de México y Chile, varios países individual y colectivamente se han acercado a los Estados Unidos. Bolivia, Chile, Colombia, y en breve el MERCOSUR, han firmado los llamados acuerdos «marco» para comercio e inversión, similares al que firmó México en 1987.

Nora Lustig es Visiting Fellow de la Brookings Institution, y se encuentra de licencia en El Colegio de México.