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CUADERNO NEXOS

Guerrero: Los votos de la Montaña

Los obstáculos y dificultades a que se enfrenta en nuestro país el proceso de transición a una sociedad plenamente democrática, presentan modalidades y características particulares en cada una de las muy diversas regiones del territorio. La región de la Montaña de Guerrero, localizada en la parte oriental del estado, ha sido escenario durante la última década, pero sobre todo en los últimos tres años, de un proceso de insurgencia electoral que ha transformado su realidad política considerablemente. La región es una típica zona rural marginada, con agudos niveles de pobreza extrema, habitada en su mayoría por indígenas nahuas, mixtecos y tlapanecos que apenas sobreviven sobre la base de una economía campesina de infrasubsistencia; sometidos económica, social, política y culturalmente durante siglos, los habitantes de esta región han encontrado en la actividad político-electoral una esperanza de cambiar sus terribles condiciones. En este marco, la próxima contienda electoral para elegir diputados federales y senadores, representa para el PRI un reto para el continuo proceso de avance de la fuerza electoral de izquierda representada ahora por el PRD; para este último significa la posibilidad de consolidar el gran paso dado durante las convulsionadas elecciones de alcaldes y diputados locales en 1989. Aquí se presenta un esquema electoral polarizado entre el partido oficial y la izquierda, ya que el PAN y otras agrupaciones políticas son prácticamente inexistentes.

La región tiene profundas raíces socialistas desde los años treinta, durante los cuales existieron importantes luchas agrarias, influidas por la ideología cardenista y por la presencia, aunque pequeña, del Partido Comunista Mexicano. Fue a partir de finales de la década de los setentas cuando inicio el actual proceso de avance de la izquierda, sobre todo con la actividad de Othón Salazar, el viejo dirigente magisterial, originario de Alcozauca, quien en 1978 puso en marcha su trabajo de organización y agitación partidista, con la formación del Consejo de Pueblos de la Montaña, un organismo representativo de las comunidades indígenas, que tuvo mucho peso en el fortalecimiento del PCM en la región. En 1979, Othón Salazar fue candidato a diputado federal en las primeras elecciones en las que participo el PCM, con resultados tan sorprendentes que, ante la demanda de los comunistas de que habían ganado, las elecciones tuvieron que ser anuladas.

A finales de ese año, la región fue escenario de un importante movimiento de maestros, que formó parte de un proceso de insurgencia magisterial a nivel nacional, y que el gobierno reprimió violentamente en la Montaña. Muchos maestros se radicalizaron y fueron atraídos por el PCM, y se convirtieron en promotores políticos en las comunidades indígenas. Así, en 1980, fuertemente influido por la actividad de los maestros, el PCM ganó el ayuntamiento de Alcozauca, su primer triunfo a nivel nacional.

Desde entonces se ha librado una dura batalla por rescatar los derechos políticos de los indígenas de la región. Dominada por caciquismos económicos y políticos, la elección de las autoridades locales estaba en manos de pequeños grupos mestizos de poder que dominaban los municipios, y la población no votaba: se llegaba al extremo de pagar a las personas que tachaban las boletas a favor del partido oficial que abanderaba formalmente a los candidatos ya elegidos por los caciques. La izquierda mantuvo el municipio de Alcozauca, no sin dificultades, durante cuatro periodos consecutivos, en uno de los cuales el propio Othón Salazar ocupó la presidencia; mientras tanto, la fuerza socialista aumentaba en otras partes de la región. El cardenismo vino a impulsar su presencia durante las elecciones presidenciales de 1988. Pero este impulso tuvo su expresión más contundente durante las elecciones locales de 1989: la izquierda, ya como PRD, además de Alcozauca, logro las alcaldías de tres municipios más: Xochihuehuetlán, Metlatonoc y Malinaltepec. Estos dos últimos, donde el triunfo perredista fue arrollador, son de los municipios más grandes y poblados de la región, en lo más incomunicado y agreste de la sierra y con una población mayoritariamente indígena. De nuevo el avance electoral fue precedido y estimulado por una nueva oleada del movimiento de los maestros rurales, que consiguió darle un fuerte golpe al charrismo regional.

En estas elecciones el PRI perdió incluso la diputación local, pero mediante la maniobra de anular la votación en Malinaltepec, para después otorgarle por vía extraordinaria la alcaldía al candidato perredista, logró restar de la cuenta regional los abundantes votos de este municipio oficialmente para su candidato a diputado.

Durante la elección de ese año, pero sobre todo en los agudos conflictos postelectorales, se expresó lo que quizá sea una de las más importantes contradicciones que el PRI tiene para afrontar la situación de la insurgencia electoral izquierdista y para lograr transformarse y transitar los cambios políticos regionales. El partido oficial necesita recomponer su base de sustento regional para dejar de apoyarse en las fuerzas caciquiles y así entrar a disputar el consenso de las mayorías indígenas, sin tener que recurrir a las acciones fraudulentas. Sin embargo, los grupos locales priístas, acostumbrados a ganar las contiendas con el apoyo desde arriba, se opusieron a esto para lograr imposiciones ilegales e ilegítimas. Los perredistas de la Montaña, a diferencia de la posición tomada en otras regiones del estado e incluso por la propia dirección estatal de ese partido, buscaron defender y consolidar sus triunfos municipales, en vez de alentar un movimiento estatal que tenía como fin la renuncia del gobernador Ruiz Massieu. Los priístas locales descontentos con las posiciones del congreso local, que reconocía los triunfos del PRD, presionaron a través de la toma de los palacios municipales (incluso con la ayuda de Antorcha Campesina, como fue el caso de Alcozauca) para lograr imposiciones. Esto hizo que se alargaran los conflictos postelectorales en la región, que fueron los últimos en resolverse en todo el estado, gracias reconocimiento de las victorias perredistas.

Para la próxima contienda del mes de agosto, el candidato por el PRD vuelve a ser Othón Salazar, quien ahora más que nunca tiene grandes posibilidades de ganar, aunque de todas maneras tiene asegurada su llegada al Congreso, ya que es también candidato plurinominal, con un muy buen tercer lugar en la lista de su distrito. Además de las ventajas que representan los avances logrados por su partido en las anteriores votaciones, y el apoyo que seguramente tendrá el vigoroso movimiento magisterial democrático, el profesor Salazar tiene a su favor el enorme prestigio entre las comunidades indígenas de la región, ganado a través de una obstinada y honesta lucha desarrollada a lo largo de muchos años. Sin embargo, el riesgo de no evitar acciones fraudulentas en el proceso electoral, pesará sobre sus posibilidades de triunfo. 

Por parte del PRI, Juan José Castro Justo contiende como candidato a diputado por el V distrito. Aunque es un joven político priísta, tiene una buena experiencia política, adquirida tanto en el Distrito Federal, donde llegó a ser diputado y dirigente de la Liga de Comunidades Agraria, como en la región de la Costa Chica del estado de Guerrero, donde nació. Antes de ser postulado, Castro Justo dirigía la Procuraduría Social de la Montaña, institución creada especialmente por Ruiz Massieu para atender los agudos problemas de la región, y vehículo fundamental a través del cual se han invertido los recursos de Solidaridad, lo que aunado a los enormes recursos económicos de la maquinaria electoral oficial, le representa sus principales ventajas. Tiene en su contra el poco tiempo que tiene en la región, lo que a pesar de su desempeño como Procurador social implica un relativo desconocimiento por

Quien gane, para los habitantes de la región seria un avance importantísimo el que las elecciones se realizaran con un mínimo de decoro y credibilidad, ya que las condiciones de incomunicación y aislamiento son particularmente favorables para la realización de acciones fraudulentas. El PRD debería preocuparse más por la vigilancia de las casillas que por anuncios anticipados de fraude y el PRI deberá aprender a contender en las nuevas condiciones generadas en la región y luchar en buena lid para atraer el consenso de las mayorías indígenas.

Carlos Toledo Manzur. Biólogo. Investigador de la UAM en la Montaña de Guerrero.