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CUADERNO NEXOS

Rififí en el Bajío

El pasado 12 de junio, el Tribunal Estatal Electoral de Guanajuato falló en favor de la apelación del PRD contra una decisión previa de la Comisión Estatal Electoral y le concedió a Porfirio Muñoz Ledo el registro como candidato a gobernador. En el mismo viaje, el Tribunal confirmó los registros a Vicente Fox (PAN) y Ramón Aguirre (PRI) que Muñoz Ledo había objetado. Vueltas y volteretas de la posmodernidad, pero el fallo es, como marca la ley, «inapelable, inatacable y definitivo».

¿Se puede ir más allá de la suspicacia o la reverencia ante las imponderables del pragmatismo de unos y la contumacia y audacia del otro? Desde luego, se puede y debe adelantar que el pragmatismo bueno, el que nos viene digamos de Dewey o James, no se riñe con la ley ni somete la razón histórica o política a la violencia del alegato circunstancial o leguleyo. Más bien, busca reforzar ambas a través de un reconocimiento de la flexibilidad como un atributo de la realidad, más que como un vicio ordinario de los hombres. En este sentido, no es extraño que la necesidad política o la exigencia de la convivencia social se impongan a la regla, ni tiene por que verse de entrada como algo indeseable. Para nosotros, en la perspectiva de una democratización que urge culminar, todo ello desemboca en un vocablo que resume con enorme fuerza los imperativos políticos de la hora: competencia abierta, franca y accesible para los más, incluso para todos.

Sin ella, hoy ya es evidente, las élites partidistas se amodorran y no hacen sino rendir homenajes instantáneos a Michels; los priísmos del partido, las corporaciones y el gobierno se aferran a su curiosa busca del tiempo perdido sobre un supuesto: aquello del fin del partido casi único fue una precipitación sociológica, un compromiso de ocasión corregible ante los mandatos de la circunstancia dura; y, lo peor, la ciudadanía promisoria se amilana, se refugia en la suspicacia o la resignación y los mitos del eterno presente se apoderan del ánimo público.

Así, sean bienvenidos los Porfirios que en el mundo han sido, sean o quieran ser. Pero aquí empiezan los peros. Bien que la regla se añade a la política o la gana social, pero mal que vivamos con reglas «corcho» que vuelven a flotar, sin cambio alguno, una vez pasado el oleaje. Bien que ante la irregularidad flagrante o razonable de las candidaturas (todas las candidaturas) se recurra al juicio mayor de la ciudadanía votante, pero mal que se quiera soslayar, incluso enterrar, este antecedente crucial del proceso político-electoral cortejando en abstracto a una ciudadanía paciente y sabia, pero también harta de tanta negociación o calculo en las cumbres, que para los del Llano poco, o mucho pero malo, significan (y de esto saben y con creces los guanajuatenses).

La competencia sin reglas y compromisos que hagan de lo público otro espacio que el que conocemos, dominado hasta ahora por la componenda, no lleva a un modo distinto de hacer, vivir y entender la política. Es, sobre todo, una moda nefasta y enfermiza.

Por ello, de esta tortuosa experiencia guanajuatense habría que derivar pronto una agenda legislativa destinada a fortalecer y ampliar el escenario donde con toda evidencia habrá de desplegarse y consolidarse la democratización nacional: los territorios mayores (en edad, población y sabiduría) de los estados y los municipios. Hay que homologar de prisa las legislaciones locales con la que hoy resume en lo federal el estado de la reforma política; pero, sobre todo, hay que avanzar con celeridad en materia de requisitos para ser aspirante a gobernar y representar en estados y municipios (someter el latín a las nuevas realidades de la competencia y la migración), traer a la discusión y la legislación el asunto de los partidos regionales y revivir el tema de las asociaciones políticas y la conformación y operación de los cabildos.

De otra forma, este rififí del Bajío, que debemos a la muy peculiar atingencia electoral de Muñoz Ledo, Vicente Fox y Ramón Aguirre, no pasara de ser un vulgar acomodo ranchero.

Rolando Cordera Campos. Economista, director de nexos TV.