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Una pregunta central: ¿las Chivas Rayadas del Guadalajara deben entrar o no en el Tratado de Libre Comercio?

Se la hice al Gregorovius mientras comíamos en un restaurante a los pocos días de que el equipo Guadalajara fue eliminado otra vez de la liguilla por el título de campeón. En realidad estábamos ahí porque Gregorovius me estaba pagando la apuesta. El Gregorovius es un chivista irredento, jalisquillo con la ch en el pecho. No dice por ejemplo «Va a jugar el Guadalajara contra el Puebla» sino «El Campeonísimo se enfrentará al Puebla». No es de extrañar entonces su reacción a mi pregunta:

-¿Estás loco? -dijo Gregorovius-. ¿Quieres acabar con el país? Ni siquiera lo pongas en la mesa. Que se lleven el petróleo y sus derivados, el Chac Mool y las pirámides de Teotihuacán, la Basílica de Guadalupe, la «Canción Mixteca», las playas de Caleta y Caletilla, pero a las Chivas nadie las toca

-Gregorovius -lo homilié -pon los pies en la tierra. Vivimos cambios vertiginosos. Nadie puede quedar fuera del acontecer mundial.

-Ni se te ocurra. Mira, ni lo menciones. Las Chivas serán el último bastión del nacionalismo. Once mexicanos hasta la muerte. Este hogar es Chiva y no admite propaganda extranjera. -Y se levantó para gritar: -íArriba las Chivas!

-Shh. ¿No te digo? -le dije mientras que las otras mesas volteaban hacia la nuestra-. Sigues con ese proteccionismo que tanto daño le ha hecho a tu equipo.

-¿Llamas equipo al Rebaño Sagrado?

-Ese es el problema. Gregorovius, debes entender que vivimos, o debemos aspirar a vivir, en una sociedad laica, juarista – entiéndelo y no oigas mal: dije jua-ris-ta, y no guadalajarista -y lo nuestro debe ser el liberalismo en todos los sentidos. Tú todavía estas en esas películas en las que Sara García tenía tres nietos: el sacerdote luchador -hazme el favor -que se quitaba la sotana -hazme el favor -y se subía al ring -hazme el favor -para recaudar no sé qué fondos. Y sus dos hermanos eran hazme el favor -Chava Reyes, el mero mero del Guadalajara y Clavillazo, el futbolista fenómeno. ¿Qué es eso? ¿A dónde conduce? Un poco más de decencia, joven.

-¿Y tu pinche América qué? -me interpeló el Gregorovius-. Puro entreguismo al extranjero. Incapaces de sustituir importaciones. Las únicas piernas mexicanas que tiene son las de Yuri y las otras cantantes que hacen el ridículo en los medios tiempos de los partidos.

-El América -dije -no esta incluido en la agenda. Debe ser tema para otra ronda de conversaciones. Pero de momento puedo apuntar que se adelantó a lo que vendría supo que los subsidios chovinistas de los que gozaba el Guadalajara habrían de acabarse. Y fundó futuro, se abrió a la economía de mercado; más aún, logró algo impensable: capital Mexicano con maquila extranjera. Algún día ese sueño pionero será realidad en todos los ordenes de la economía.

-Pésimo. Pésimo análisis. Por culpa del América y similares la producción futbolística nacional está donde está. Una burguesía futboloide, porque ni siquiera se merece el «futbolera», incapaz de proceder con arrojo empresarial y lograr una cantera independiente, exportadora competitiva en el extranjero, en lugar de traerlo todo de afuera. ¿Y ahora qué quieren? ¿Más cartuchos quemados, más Taiwanes que se rompen al primer contacto, más Made in Coreas que ni pilas tienen, más Singapure, baldados que desplazan elementos Mexicanos y ni escuela dejan? ¿Y qué más quieres? ¿Qué las Chivas en lugar de la gloriosa camiseta rojiblanca se enfunden en la bandera gringa, Star-Spangled Chivas, como mamarrachos? Eso se lo dejo al América

-Conste que tú dijiste lo de la bandera. Pero no estaría mal. Piénsalo bien. Ya hay camino avanzado. De hecho, los colores de las Chivas son los mismos de la bandera norteamericana. Es cosa de acostar las rayas verticales y dejar las barras horizontales. Fíjate, además las cursis estrellitas que se ponen en el escudo -una estrellita por cada campeonato, según ustedes -pues ya están dadas: se ponen en un cuadrito en la parte superior derecha de la camiseta, como las estrellas en la bandera gringa, y pueden ir acumulándolas ahí, según los campeonatos que ganen. Aunque el recurso, te repito, no deja de ser cursi.

-íCucaracha busheana! -gritó Gregorovius y volteó a las otras mesas en busca de consenso.

-Shh. Cálmate.

-íReyes, Ponce y Jara; Reyes, Ponce y Jara, arriba, arriba, arriba el Guadalajara! -voceó Gregorovius y en las otras mesas hubo aplausos y vivas.

-¿Ves? ¿No te digo? Vives en el pasado, y los que aplaudieron también. El mundo ya avanzó. Se acabó eso de que el Tigre Sepúlveda se quitaba la camiseta después de ser expulsado – hazme el favor -y la aventaba al piso como diciendo: «con la pura camiseta les ganamos». Y yo viendo eso, de niño, en el estadio. Qué bochorno. Qué insufrible olor a sacristía.

-Fue -dijo Gregorovius – uno de los grandes momentos del nacionalismo mexicano. Todos los extranjeros del América ahí, impotentes, perdiendo, retados por una camiseta sagrada. No había habido nada igual desde la batalla del Cinco de Mayo.

-Tú puedes seguir en el pasado, Gregorovius, como quieras. Yo voy al futuro. Vayamos, mejor dicho, a los posibles escenarios: 1) El Guadalajara no entra al Tratado de Libre Comercio. Persiste en el tololoche y la sacristía. Pues bueno, muy sencillo: en cinco años no le van a ganar ni al Correcaminos de Tamaulipas ni al Santos de Torreón, con sus empeñosas importaciones centroamericanas, que al menos indican un esfuerzo de integración regional: jugadores salvadoreños, hondureños y hasta ípanameños! Qué maravilla.

-íCómo es posible -interrumpió Gregorovius -, habiendo tantos jugadores mexicanos, que traigan a esos pasivos!

-No me detengo en eso. Ver anexos. Escenario 2) El Guadalajara entra en el Tratado de Libre Comercio, desesperado, muchos años después. El rezago será de pronóstico y competirá desfavorablemente, por no haberse puesto al día en el momento debido. Entonces sí acabarán contratando al viejo Arlindo, o a Amaury Epaminondas, o a Berico, todos jugadores de los sesentas. Maquinaria vieja, problemas ecológicos por desechos tóxicos, residuos de la era pretecnológica. Serán arrasados por el mercado.

íVendepatrias! -gritó Gregorovius.

-Yo sé que no va a ser fácil, y habrá una gran oposición al cambio en los sectores más tradicionalistas del Guadalajara. Pero no queda más que ir al razonable escenario 3) El Guadalajara decide entrar al Tratado de Libre Comercio y puede ser traumático, lo entiendo, un cambio muy brusco. Pero de entrada pueden contratar únicamente a dos extranjeros, aunque sean cuatro los admitidos, y además pueden negociar sector por sector de la cancha. Esos extranjeros deben ser un defensa central y un centro delantero. En el primer caso, porque Quirarte se dedicó a algo mejor en lo que a él respecta la política.

-íYa quisieras! íQuirarte, el mayor goleador mexicano en las copas del mundo aunque fuera defensa central!

-En fin, el hecho es que ya no está. (Acepto, Gregorovius -le dije entre paréntesis -que esto de Quirarte es sólo con el fin de mortificarte un poco.) El otro caso, el del centro delantero, es evidente. El que tienen ahora, no me lo negarás, parece que está jugando chancletazos, qué manera de cucharearla hacia las nubes. Y además, nadie que se llame «El Cadáver Valdez» puede considerarse, seriamente, un futbolista.

Gregorovius sonreía irónicamente, movía la cabeza y volteaba a las mesas aledañas como diciendo «¿Pueden ustedes creer lo que opina este sujeto?». Pero yo continué:

-Ahora, ¿que tipo de extranjeros? En primer lugar, un argentino para la defensa. ¿Por qué argentino? Bueno, porque así pueden alegar que el argentino Rial, por ejemplo, que fue entrenador del Guadalajara, jugó también en el Real Madrid, y que el Real Madrid fue el equipo del mexicano Hugo Sánchez, y que por lo tanto en el Guadalajara hay una tradición enterrada, pero entrañable, de argentinos que son más mexicanos que el mole -o la birria, si prefieres la metáfora regional.

-íPrimero muertos! Gritó Gregorovius.

-Ya voy a acabar. ¿Cual es el perfil del otro extranjero para la delantera de las Chivas? Esto lo he meditado profundamente. Y mi conclusión es que debe ser un francés. Uno bueno, del corte de Papin o Rocheteau (que de por si se parecía al infausto «Snoopy» Pérez -hazme el favor «El Snoopy» -, pero logrado). ¿Por qué francés? Elemental, mi querido Gregorovius. No olvidar que el Guadalajara fue fundado por franceses -de ahí, incluso, los colores de su uniforme en blanco, azul y rojo, aunque ahora bien pueden ser, quod vidi, Star-Spangled Chivas -, así que un francés sería de algún modo un baluarte del nacionalismo jalisciense. ¿Capicci?

-íRata ponzoñosa! -corroboró Gregorovius.

-Va a ser difícil -continué- sobre todo en aquellas zonas del Guadalajara más reacias a la modernización, pero los dirigentes más avanzados pueden hacer buen trabajo de lobby, primero con los socios del club más atávicos, y luego con los líderes de la porra más fundamentalistas. Y de ahí, a las bases.

Desesperado, Gregorovius sacó la única efigie que tenía a la mano, un llavero de las Chivas, y lo blandió enfrente de mi como si agitara un crucifijo contra un vampiro:

-íAtrás, maldito! íChicago Boy del balompié! íRíndete ante la gloria de las Chivas! íSólo porque no traigo una camiseta del Glorioso, si no te hacia temblar como lo hizo el Tigre Sepúlveda!

-Oiga, nos trae la cuenta por favor -le dije al mesero. -íNo huyas, cobarde! -gritó Gregorovius.

-Tengo más cosas que hacer que estarle resolviendo el futuro a las mentes regresivas del Guadalajara.

-íUn día te vas a tragar tus palabras, una por una! Es más: vamos a apostar de una vez desde ahora.

-Gregorovius, no. Ya no. Por lo demás, la cuenta ha llegado. Espero que, como un caballero Chiva, cumplirás con tu palabra.

-Esto no se va a quedar así. Nos vemos en el torneo siguiente -insistió el Gregorovius mientras nos despedíamos en la salida del restaurante.

-Primero -le dije -, vamos a ver cómo se refuerzan tus Chivas -y ya sabes cuál es el único camino del refuerzo -porque yo también me canso de abusar de ti. -Te apuesto lo que quieras, maldito.

-Luego vemos, Gregorovius. Por cierto, esta asesoría no causa honorarios, ¿eh.? -. El Gregorovius me dijo otros cuantos insultos y por fin nos despedimos. Como dicen los locutores deportivos, «hay que ir por más». Así que al día siguiente le hablé por teléfono al Gregorovius y le dije:

-Gregorovius, me porté muy mal en la comida de ayer pero ya me castigó diosito. Tuve una pesadilla espantosa. Que nacionalizaban al América.

-¿Llamas pesadilla a la única intuición sensata, así fuera recibida en situación onírica, que has tenido en toda tu vida? Lo omití por supuesto y continué:

-Espantosa. No sabes. Luego se confundían los tiempos y como parte del «paquete de medidas» el América se veía obligado a adquirir al Willy Gómez. ¿Te acuerdas de ese esperpento?

-Pues sólo en ese segundo de tu sueño el América ha tenido un driblador como el Willy Gómez, que nunca cesó de bailarlos.

Lo omití de nuevo y dije:

-¿Qué espanto, verdad? ¿Te imaginas lo que sentí al ver a ese chocarrero en el América? Me desperté empapado, tuve que darme bofetaditas y bajar a la cocina por un vaso de agua.

-Garrafones vas a necesitar para la pesadilla en vivo que tendrán la próxima vez que el Campeonísimo se enfrente a tus mamarrachos.

Lo omití por último y dije:

-No lo vuelvo a hacer, Gregorovius. Todo menos soñar otra vez esas cosas. Aunque debo confesarte, sólo para tu consumo personal, que entrevi algo revelador.

-Que el Guadalajara debe contratar bultos foráneos.

-No. Que al América efectivamente le conviene un bañito de nacionalismo. Ligero. No mucho, no creas.

-Pero si no tienen nada en sus fuerzas inferiores.

-No. Me refería a que vamos a contratar a Hugo Sánchez.

Y colgué antes de que Gregorovius me mandara al confín más lejano de la mexicanidad.