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Si hubo un padre de la predicción suicida ése fue Edwin Shneidman. Él acuñó el término “suicidología” además de fundar la Asociación Estadunidense de Suicidología en 1968; fundó y durante muchos años dirigió la publicación Suicide and Life-Threatening Behavior; y a lo largo de su carrera publicó muchos textos mórbidos e influyentes con títulos como Muertes de hombre, Voces de muerte, Definición de suicidio, La mente suicida, Comprendiendo el suicidio y varios así hasta su muerte (por causas naturales) en el 2009. “No sé si el sucidio me buscaba a mí o yo buscaba alsuicidio”, le dijo alguna vez a un entrevistador.

Shneidman fue el idiosincrático filósofo-poeta de este campo, un constante generador de neologismos (“psiqueca”, por ejemplo, o “autopsia psicológica”) y creador de nuevas metáforas para el acto de suicidarse (por ejemplo, una imagen arbórea donde nuestros estados bioquímicos son las “raíces”). No se exentó ni de la complejidad del tema ni de su lúgubre atracción. “Estoy en contra de que otras personas se suiciden”, escribió, “pero quiero reservarme esa opción para mí mismo”. Describía la mesa de su comedor como repleta de fotocopias con artículos sobre la muerte; pensar en ella lo mantenía despierto por la noche.

Fuente: Harper’s, agosto 2021.