Sin reforma, ¿la CFE desaparece?

Más allá de su mala redacción, llena de contradicciones y falacias, la iniciativa enviada por el presidente Andrés Manuel López Obrador al Congreso de la Unión para intentar reformar el sector energético mexicano tiene un error de origen: está basada en un diagnóstico errado e intenta crear mitos que después pretende resolver, escondiendo las intenciones reales de la propuesta. De estos mitos, uno de los más repetidos es la idea de que, sin reforma, la Comisión Federal de Electricidad (CFE) desaparecerá, y con ella la visión social de alumbrar a todo México. Ahora bien, cabe preguntarse: ¿es esto cierto? Para responder, conviene que recordemos que la reforma energética de 2013 conservó tres monopolios estatales del sector eléctrico: los servicios públicos de transmisión y distribución de electricidad y la generación de energía mediante centrales nucleoeléctricas. Revisemos ahora cada uno de estos monopolios.

Ilustración: Víctor Solís

La transmisión de electricidad es una actividad estatal que, de permitirse que México siguiera las tendencias de la transición energética, no sólo se mantendría sino que incluso crecería. La empresa eléctrica más grande del mundo es una empresa china de transmisión y los sistemas eléctricos en el mundo amplían y refuerzan sus actividades de transmisión para usar más y mejor las fuentes renovables. Así, el monopolio de CFE sobre la transmisión, un sector enorme del mercado eléctrico, no está en riesgo de desaparecer incluso si la reforma de AMLO fracasa.

De igual modo, la distribución de energía eléctrica, otra de las actividades exclusivas de la CFE, seguirá siendo necesaria mientras existan consumidores de electricidad. La parte de CFE que se dedica a la distribución sólo dejará de existir el día que la humanidad deje de existir o el día que sea más barato generar tu propia energía y almacenarla que estar conectado a la red.

De hecho, en los años que han transcurrido desde la reforma de 2013, tanto CFE Transmisión como CFE Distribución han tenido utilidades anuales millonarias, lo que les permitiría crecer e invertir para mejorar el servicio. La electrificación total del país es una actividad que queda en manos de Distribución, un área de la CFE a la que la ley actual asegura recursos mediante aportaciones del mercado eléctrico. Así, de continuar las cosas como están, la  CFE no sólo no está en riesgo de desaparecer, sino que tiene todas las condiciones necesarias para crecer como empresa.

Finalmente está el otro monopolio constitucional de la Comisión: la generación de energía nuclear, atribución exclusiva que la CFE ejerce actualmente en la central de Laguna Verde en Veracruz. Para muchos especialistas, la energía nuclear es uno de los recursos energéticos que serán necesarios para la transición, pues es considerada una forma de energía limpia y constante. Por razones de seguridad nacional, es muy poco probable que el Estado deje de tener control directo y exclusivo sobre la nucleoeléctrica, así es que esta parte de CFE tampoco está en riesgo.

Es importante recalcar que estas tres actividades, por sí solas, bastarían para garantizar la supervivencia de la CFE. Pero consideremos también a los sectores del mercado eléctrico que están abiertos a la competencia. En el primero de ellos, la generación de electricidad, CFE tiene un control casi monopólico de las grandes hidroeléctricas de este país. Estas centrales eléctricas —la mayoría de las cuales fueron construidas por la propia Comisión— serán necesarias para mantener la estabilidad del sistema eléctrico ante la entrada de grandes parques de energía renovable. Estas generadoras, además, pueden contribuir a la regulación de frecuencia y voltaje en todo el sistema, así como una capacidad de respuesta rápida que será cada vez más importante. Sin ellas, la transición energética se antoja imposible. Es necesario mejorar su desempeño, modernizarlas, complementarlas con rebombeo, pero su existencia no está en riesgo. Así, la importancia de las hidroeléctricas es otra garantía de longevidad para la CFE.

Ahora bien, ¿puede la CFE competir de forma exitosa en el mercado de energía eólica y solar? ¡Claro que sí! Tiene excelentes técnicos que pueden ser capacitados para desarrollar nuevas centrales, por no decir nada de la experiencia que la empresa estatal ha adquirido a través de la operación de algunos parques que pueden servir como modelo para nuevos proyectos. Es cierto que hay algunos tipos de generación de energía —como las carboeléctricas y las termoeléctricas— que sería ideal que la CFE dejara de operar en el mediano plazo por su baja eficiencia, alta contaminación y alto costo. Pero la CFE también controla centrales de generación que se volverán especialmente relevantes para el manejo de la variabilidad de las renovables, como son las centrales de turbo-gas o de ciclos combinados. De nuevo: la Comisión no está en riesgo de desaparecer.

Otra parte del sector eléctrico que debemos considerar a la hora de juzgar si la CFE corre peligro es la comercialización o suministro de energía. El suministro calificado —es decir: la venta de energía a los grandes consumidores— le permite a la CFE comprar y vender energía libremente. Si la empresa celebra los contratos adecuados para comprar energía y seguir vendiendo, seguramente se mantendrá a flote. La CFE puede buscar generadores baratos para conservar su clientela ofreciendo servicios de bajo costo. Existe además CFE Energía, que tiene a su cargo la comercialización de combustibles, con contratos de transporte y venta de largo plazo que seguirán operando y no se ve por donde puedan desaparecer.

Finalmente, está el sector de suministro básico, que actualmente atiende a más de cuarenta millones de usuarios. Ese sector tiene ya cuatro permisos otorgados a otras empresas, pero estos permisos no han podido entrar en operación debido a que este gobierno los ha bloqueado. La competencia le podría hacer perder clientes a la CFE, es cierto, pero si la Comisión apuesta por la eficiencia no tendrá problema en seguir participando ampliamente en el mercado, incluso después de que sus competidores comiencen a operar.

En conclusión, podemos decir que la idea de que la CFE está en riesgo de desaparecer a causa de la reforma de 2013 no tiene base en la realidad. La reforma de 2013 genera incentivos para que las partes de la CFE que no son rentables —donde la Comisión pierde dinero, donde no es competitiva— se vuelvan eficientes o desaparezcan. Un monopolio tiende a ser perezoso por falta de competitividad; es por eso que la competencia trae ahorros en eficiencias operativas, costos de construcción y contratación, etc. La reforma que ahora propone el presidente busca garantizar que todas las actividades de la CFE —aunque no sean eficientes, aunque sean caras, generen pérdidas y nos cuesten más a los mexicanos— se mantengan y las paguemos. En corto: se trata de mantener la ineficiencia con cargo a mi bolsillo y el tuyo.

 

Víctor Florencio Ramírez Cabrera
Vocero de la Plataforma México Clima y Energía

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Publicado en: Energía