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CUADERNO NEXOS

Elegía por Guillermo Ungo

El 28 de febrero de 1991 murió en la ciudad de México Guillermo Ungo, Secretario General del Movimiento Nacional Revolucionario (MNR) de El Salvador y máximo dirigente de la Convergencia Democrática. Sin duda su muerte es una grave pérdida para la causa de la paz y la democracia en ese pequeño y sangrado país y afecta notablemente las luchas que se libran en El Salvador para superar el estado de guerra civil que se vive. En la homilía que le dedicó Gregorio Rosa Chávez, obispo auxiliar de San Salvador el domingo 3 de marzo, se lamentó que Ungo «haya fallecido sin poder ver el fruto de su esfuerzo por encontrar una solución negociada al conflicto armado que lleva ya 10 años».

Con la muerte de Ungo pareciera que la naturaleza se coaligó con las fuerzas más retardatarias y militaristas de El Salvador. Ungo sin duda fue el político que con más tezón luchó porque se pudiera dar en El Salvador una salida política y negociada al conflicto que estalló en 1980-1981. Su vida política va a la par de las luchas por la democratización que se han librado en El Salvador en los últimos 30 años. En 1960 preside por un breve lapso de tiempo el Consejo Central de Elecciones, hecho que se dio tras la caída del entonces dictador en turno José María Lemus, derrocado por el empuje de un amplio movimiento popular antidictatorial. En esa década Ungo se dedicó a actividades político-académicas, como funcionario de la Universidad Nacional del MNR en 1968, ocupando su Secretaria General desde 1969. El MNR desde su fundación es un partido de orientación socialdemócrata, vinculado a la Internacional Socialista, ideología a la cual siempre el MNR y sus dirigentes han sido fieles, hecho destacado en un país donde las luchas políticas se dan de manera polarizada y enfrentada, por la ausencia de democracia y el militarismo.

En los años setenta el ascenso del movimiento popular, antimilitarista y democrático tiene su primera prueba de fuego en las elecciones presidenciales de 1972. Una amplia coalición política denominada Unión Nacional Opositora (UNO), sin lugar a dudas sui generis en América Latina por su composición, encabezada por el Partido Demócrata Cristiano (PDC), el MNR y la Unión Democrática Nacionalista (UDN) -ésta última de afiliación comunista- postula a José Napoleón Duarte a la presidencia y a Guillermo Ungo a la vicepresidencia. La UNO obtiene el triunfo. Con una maniobra de fraude electoral se le otorga la victoria al candidato oficial por una diferencia de 6,300 votos. Duarte y Ungo se ven obligados a salir al exilio político por vez primera. Tras un breve periodo en el exterior, Ungo regresa a El Salvador e ingresa como director del Instituto de Investigaciones Sociales de la Universidad Centroamericana José Simeón Cañas (mejor conocida como Universidad Católica -UCA-), encabezada por sacerdotes jesuitas. En esos años Ungo estrecha una amistad con aquellos con los que después siempre tuvo una gran afinidad ideológica y política: Ignacio Ellacuria, Segundo Montes e Ignacio Martín Baró, asesinados por el ejército salvadoreño el 16 de noviembre de 1989.

Ya en las elecciones de 1972 hay dos de las organizaciones denominadas político-militares de las cinco que después se integrarán en el FMLN. Tras el fraude de 1972, repetido en 1977, la disyuntiva política de El Salvador se orienta cada vez más hacia la guerra civil por la falta de entendimiento y la tozudez de la oligarquía y las fuerzas armadas por mantener intactos sus privilegios. A pesar del ambiente de represión y movilización popular y a pesar de la generalización de las actividades de los llamados «escuadrones de la muerte» -organizaciones paramilitares responsables de la violación indiscriminada de los derechos humanos-, el MNR encabezado por Ungo siempre sostuvo que la única opción viable para superar la grave crisis política de El Salvador era el entendimiento, las elecciones y la implementación de profundas reformas socioeconómicas. La crisis política se generaliza en 1979. Como una salida, un grupo de oficiales jóvenes de las fuerzas armadas impulsan un golpe de Estado y llaman al «Foro Popular» a apoyar un proyecto de reformas socioeconómicas. El Foro Popular, organización que agrupaba a la gran mayoría de los movimientos populares y partidos políticos progresistas denomina a Ungo como su representante en la junta cívico-militar. La fase progresista del gobierno cívico-militar dura tres meses y es precisamente Ungo quien promueve la renuncia de sus integrantes progresistas, por la presión de los sectores conservadores de las fuerzas armadas y el PDC, quienes, apoyados por Estados Unidos, deciden implementar un plan de represión y contención de la emergencia popular. Así, en 1980 se da la polarización total de la sociedad, formándose en el polo popular el Frente Democrático Revolucionario (FDR) en abril y el FMLN en octubre. En noviembre de 1980 los primeros dirigentes del FDR son asesinados por las fuerzas armadas y Ungo pasa a ocupar la presidencia de esta agrupación. Ungo dirige el FDR desde el exilio.

En enero de 1981 estalla la guerra civil. El FDR y el FMLN, unidos mediante una alianza política, enfrentan a un gobierno que no tiene ninguna legitimidad interna y sólo se sostiene por el respaldo militar y económico de Estados Unidos, quien decide evitar a toda costa que se repitiera el fenómeno nicaragüense en El Salvador. Ungo desde el exilio se conviene en el más destacado líder de la oposición salvadoreña.

Una de las disyuntivas que Ungo tuvo que enfrentar como presidente del FDR era el hecho de que en un país en guerra civil, un partido político socialdemócrata participa en una coalición con organizaciones revolucionarias de inspiración marxista. Las críticas de la derecha salvadoreña, las fuerzas armadas y Estados Unidos sostenían que la dirigencia política del FDR estaba subordinada y manipulada por el FMLN el FDR por su parte siempre enfatizó la autonomía de acción e ideología entre los partidos que lo integran y el FMLN. De esta manera Ungo se convierte en el líder opositor más destacado de su país y toda su labor internacional se concentra en el énfasis por impulsar una verdadera democratización de El Salvador que pasa necesariamente por una solución política negociada. Ungo siempre sostuvo que en esa negociación no sólo debían participar los actores principales del conflicto (el FMLN y las fuerzas armadas) sino el conjunto de la sociedad civil y los partidos políticos con incidencia real en la vida de El Salvador. El énfasis y constancia por impulsar una solución política y negociada al conflicto le valieron numerosos reconocimientos internacionales e incluso, a principios de la década de los ochenta en el seno de la Internacional Socialista ocupa una de las vicepresidencias, cargo del que es responsable hasta su muerte.

Sin duda el momento político más importante de la vida de Ungo se da entre 1987 y 1991. Desde la firma de los acuerdos de Esquipulas II, en agosto de 1987, contra viento y marea los dirigente del FDR deciden regresar a efectuar trabajo político en el país. Sostenían que la democracia limitada en base al esquema de guerra de baja intensidad promovido por Estados Unidos, impulsado a través del PDC encabezado por Napoleón Duarte, se podía transformar por la presencia y presión de los sectores populares y los partidos políticos progresistas (MNR, el Movimiento Popular Social Cristiano y el Partido Social Demócrata). Incluso se hizo famosa una frase acuñada por Héctor Oquelí (segundo responsable del MNR, asesinado en Guatemala en enero de 1990): «tenemos que aprender a nadar en una piscina que tiene agua, pero que está llena de tiburones». Con base en esta concepción de su participación política nació la Convergencia Democrática y postuló a Ungo candidato a la presidencia en 1989. La participación política de la Convergencia se efectuaba a pesar del FMLN, en el sentido de que éste, al no lograr un pacto de solución política con el gobierno la fuerza armada y al ser rechazada su petición de participar en las elecciones de 1989 si estas se posponían, proseguía en su estrategia militar, hecho que repercutió notablemente en los resultados obtenidos por la Convergencia. Ungo sostuvo durante toda la campaña electoral -signada por las constantes amenazas a la vida de todos los dirigentes y militantes- que la lucha electoral y política no podía aplazarse más, aun existiendo la guerra civil. Este elemento, la decisión de sus dirigentes de efectuar lucha política en un océano de adversidades, con un proyecto político de contenido socialdemócrata en un país virtualmente determinado por las acciones militares, es un acontecimiento incluso de un gran valor personal. Ungo es el principal artífice de este planteamiento.

El triunfo de ARENA en las elecciones de marzo de 1989 confirma que el país está polarizando. ARENA, partido que integra los intereses de la oligarquía tradicional y las fuerzas armadas constantemente acusa a la Convergencia Democrática de estar vinculada orgánicamente al FMLN. Es así como, tras el lanzamiento de la ofensiva militar de noviembre de 1989 por la insurgencia, Ungo, junto a Oquelí y Rubén Zamora vuelven a solicitar asilo como el único medio para salvar sus vidas. Los sacerdotes jesuitas fueron asesinados por no tomar las mismas precauciones. No obstante lo anterior, durante 1990 regresan a efectuar trabajo político para las elecciones municipales y para la Asamblea Legislativa de marzo de 1991. Ungo es el candidato número 1 de la planilla de la Convergencia y fallece tras una mortal enfermedad. Sus últimos esfuerzos se concentraron en dos planteamientos: que era posible lograr un cese del fuego entre el FMLN y el ejército -y al respecto tuvo mucha influencia en el trabajo de las comisiones de la ONU- y que las elecciones eran el medio idóneo donde ponían dirimir las luchas políticas de El Salvador en el futuro y evitar futuros estallidos de violencia. Por estas razones la muerte de Ungo es una pérdida irreparable para la paz y la democratización de El Salvador.

Raúl Benítez Manaut. Investigador del Centro de Investigaciones Interdisciplinarias en Humanidades de la UNAM.