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Salman Rushdie

Haroun and the Sea of Stories

Viking Press

London, 1990

Además de ser un hermoso cuento de hadas, Haroun and the Sea of Stories, la novela más reciente de Salman Rushdie, es un juego en torno al lenguaje.

Haroun and the Sea of Stories es la historia de un contador de historias (Rashid) al que se le agota la inspiración, luego de ser abandonado por su esposa Soraya. La metáfora acuífera no es casual, como descubrirá Haroun, el joven hijo del apesadumbrado contador a su padre están por desconectarlo de una manguera alimentadora, que lo nutría desde el mar de las historias.

Padre e hijo viven en el país de Alifbay (alfabeto en hindustani), en una ciudad triste que incluso ha olvidado su nombre. Los Khalifa -los tres nombres, Haroun, Rashid y Khalifa apuntan, desde luego, a las Mil y una noches- se enteran del abandono de Soraya a las once horas en punto; Rashid rompe el reloj: a partir de ese momento, el tiempo se detiene para el joven que es incapaz de mantener la concentración por más de once minutos consecutivos.

Haroun acompaña a su abatido padre en uno de sus viajes itinerantes como contador de historias profesional. Las aventuras del héroe se inician de manera accidental, cuando un genio de nombre I (Ssi) intenta cumplir con su tarea de cortar la manguera, y confunde al hijo con el padre. Haroun, cargado de culpa por no haber apreciado debidamente el valor de las historias de su padre (llamado significativa, onomatopeya y graciosamente el Shah de Blah en sus buenos tiempos), intenta remediar la situación, para lo cual tiene que ir personalmente al país de los Gups a hablar con la Morsa, quien controla los procesos-demasiado-complicados- para-ser-explicados (P 2C2E = processes too complicated to explain). Así Haroun se introduce en el mundo de historias en el que vivía su padre, en lo que será un descubrimiento de ambos- del padre y del mundo de la fantasía- . En este sentido la novela de Rushdie recuerda a otro de estos libros supuestamente escritos para adolescentes, de los que terminamos por apropiarnos los adultos: La historia interminable de Michel Ende, donde hay otro interesante juego de cajas chinas.

En el trayecto al país de los Gups, a bordo de una barca apropiadamente llamada Las mil noches más una, Haroun conoce a los Jardineros Flotantes, cuya tarea consiste en limpiar, desenredar, alisar, pulir, mantener los innumerables hilos que constituyen el Mar de las Historias. ¿Por qué se llaman Jardineros Flotantes? pregunta Haroun. Muy fácil, le responde el I, si no flotaran, se llamarían Jardineros Hundidos, en un alarde de lógica carrolliana y con rimas a la Edward Lear. Recientemente, señalan los Jardineros, su tarea se ha vuelto casi imposible, pues el mar está inexplicablemente contaminado y envenenado, y unas historias se han mezclado con otras. El propio Haroun tiene oportunidad de constatarlo cuando le dan a probar un poco del Agua de los Deseos, a fin de que tenga un sueño de rescate, siempre restaurador del buen humor y de la confianza en uno mismo.

El sueño transcurre normalmente, pero cuando Haroun está a punto de rescatar a la princesa de la torre, advierte el crecimiento acelerado de pelo en el cuerpo que lo hace parecer un lobo. En lugar del efecto deseado de auto-afirmación, Haroun despierta angustiado. Como en el libro de Ende, el protagonista del círculo más externo de la narración debe acudir a la salvación del reino de la fantasía.

En el país de los Gups todo tiene que ver con el lenguaje. Ahí Haroun se entera del secuestro de la princesa Batcheat (Cháchara) de parte de los Chups y encuentra, además, a su padre. El país de los Chups es lo opuesto al de los Gups: en el primero reina la oscuridad, las sombras, el frío, el silencio, mientras que en el segundo hay luz, calor y muchos hablantines.

Después de una serie de aventuras, Haroun logra, era presumible, restablecer de nuevo la vinculación entre el gran torrente que nutre de nuevas historias al mar del mismo nombre, y acabar con la producción de veneno que contaminaba las aguas. Con la ayuda de un agua mágica, y sobre todo con la fuerza de sus deseos, logra además que la luz brille también sobre el país de los Chups, acabando así con las fronteras entre Gups y Chups. Todo mejora con el rescate de la princesa: Chups y Gups se en un equilibrio mutuamente enriquecedor.

Haroun y su padre vuelven a su realidad, la esfera más externa de la narración. Descubren que sólo han pasado unas horas desde su partida: el tiempo de la fantasía ciertamente es distinto. Rashid, conectado de nuevo al mar de las historias, ha recuperado la facultad de contar cuentos. No asombra que el primero que cuente sea «Haroun y el mar de las historias», en una vuelta de tuerca.

Al volver a su pueblo, los Khalifa perciben un cambio notable: llueve a cántaros y la gente parece haber recuperado la alegría perdida; ha recordado el nombre del lugar: Kitab (historia). Un final feliz también aguarda a la familia Khalifa: Soraya ha vuelto y el tiempo reanuda su curso.

Con este libro Rushdie vuelve en cieno sentido a sus primeras incursiones en la literatura, con una narración fantástica y metafórica, pero con mucha mayor experiencia y oficio, que supera a la no muy afortunada Grimus (1975).

Tal vez sea posible advertir en esta novela, las consecuencias del terrible y lamentable escándalo de hace dos años que provocaron Los Versos satánicos. Haroun and the Sea of Stories es un cuento de hadas que transcurre en un mundo fantástico donde, al margen de la magnitud y lo formidable de los peligrosos y amenazas, es posible, con un poquito de ayuda y muchos buenos deseos, llegar a un resultado feliz -de hecho, no uno sino tres: en los países de la fantasía, en el pueblo donde viven los Khalifas, y en su propia familia- . No asombra que Rushdie, impotente ante la terrible condena que amenaza su vida, organice y cree un mundo a su gusto, donde, literal y literariamente, ordena el caos a su antojo.

Además todo gira en torno al lenguaje. En el país de los Chups se ha impuesto un voto de silencio, las sombras de los seres que ahí habitan han logrado independizarse de quienes las originan, los contornos de las cosas son indistinguibles; incluso se han inventado «lámparas» que producen la oscuridad artificial. Pero al menos en su libro, Rushdie logra acabar con este mundo donde impera la oscuridad y el silencio.