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Arturo Zárate Treviño es Director de Planificación Familiar de la Secretaría de Salud.

De pronto en nuestro país se ha despertado un gran interés por hablar de la actitud sexual del adolescente, sobre todo con relación al SIDA, a las enfermedades sexualmente transmisibles y más recientemente por la efervescencia del tema del aborto. Existe un grave problema con toda esta moda ya que la mayor parte de los comentarios y opiniones carecen de un fundamento técnico-científico; así por ejemplo cada quien se considera una autoridad y ofrece cifras acerca de la prevalencia del aborto y del uso de anticonceptivos sin proporcionar la naturaleza ni la confiabilidad de la fuente de sus datos. Por otra parte en nuestro medio empiezan a hacerse populares las encuestas que permiten conocer de una manera científica y más o menos rápida la opinión pública acerca de un fenómeno, lo que a su vez permite tomar algunas medidas o actitudes ante dicha opinión. En la Secretaría de Salud se llevó a cabo recientemente una encuesta para conocer la actitud y comportamiento de los adolescentes provenientes del área metropolitana de la ciudad de México y los resultados apenas se han publicado. Se encontró que 40% de los jóvenes entre 14 y 20 años de edad ya son activos sexualmente, en las mujeres la primera relación sexual fue como promedio a los 16.2 años de edad y en el hombre a los 17.3 años; asimismo se encontró que el primer embarazo ocurrió en las mujeres alrededor de los 17 años y en el hombre tuvo un promedio de 18.7 años. El 57.3% de las mujeres no deseaba el embarazo cuando tuvieron su primera relación sexual ni tampoco el 66.1% de los hombres; sin embargo, el hecho de presentarse un embarazo llevó, u obligó, al matrimonio al 48.1% de las mujeres y 82.4% de los hombres (¿más fuerte la presión «moral» sobre el hombre?). Las razones que se dieron para no usar una medida anticonceptiva durante la primera relación sexual fueron en primer término la ignorancia- 32% de las mujeres y 44% de los hombres- , por otra parte el 30% de las mujeres y el 28% de los hombres no tenían entre sus planes llegar a tener relaciones, pero lo más dramático fue que sólo 15.7% de los hombres creyó que podía embarazar a su compañera en esa primera relación. Del grupo de jóvenes «responsables» que sí usaron un método anticonceptivo, el «ritmo» (abstenerse de relaciones en la fecha probable de la ovulación) fue el más practicado (3.1% de las mujeres y 37.1% de los hombres); el 30.7% de las muchachas refirió que su compañero se «retiró a tiempo» (antes de la eyaculación) y 19.5% de los hombres señaló la misma estrategia. Sólo 14.4% de las mujeres tomaba la «píldora» y el 11% usó alguna jalea o pastilla vaginales; el 17.3% de los hombres refirió haber usado el condón y sólo 5.2% de las chicas tenían puesto un dispositivo intrauterino. Llamó fuertemente la atención que en la mayoría de los casos -67%- los métodos anticonceptivos se obtuvieron en una farmacia a través de empleado del mostrador, y en el 8.6% de los casos se los dio un amigo o familiar. Sólo el 7.8% de los encuestados asistieron a una consulta medica privada y en el 2.4% los anticonceptivos fueron adquiridos en las clínicas y hospitales del sector público (IMSS, SSA, DIF, ISSSTE, y otros).

En resumen, se puede decir que casi la mitad de nuestros jóvenes están teniendo relaciones sexuales, alrededor del 60% no desea embarazar y sin embargo la protección es mínima y en los casos en que lo hacen utilizan métodos no seguros ni eficaces. En el mitad de las veces que resultó un embarazo se tuvo que llegar al matrimonio y de esta manera cambiar radi- calmente la vida de estos adolescentes. Se debe mencionar que el empleado de farmacia fue el principal proveedor de anticonceptivos- tal vez por considerarse la mejor forma de anonimato por parte de quien busca un anticonceptivo- . Estas primeras observaciones indican la necesidad de recabar una mayor información acerca de esta situación y ello se puede lograr mediante encuestas estratificadas e incluyendo grupos de población heterogéneos para así llegar a tener un panorama más amplio y claro de lo que está pasando con nuestros adolescentes, los que por sí mismos representan nuestro futuro y serán los arquitectos de un mejor país. La educación sexual, su orientación, el conocimiento de la salud reproductiva, son todos ellos temas que deben enfatizarse de una manera global e integral en los programas gubernamentales, en el sector privado y en el seno de las familias.