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Linda Robinson. Periodista. Corresponsal de la América Latina para U.S.. News.

I. DIPLOMACIA MOSCÚ-MIAMI

La semana anterior a la reunión cumbre Bush-Gorbachov a fines de mayo de 1990, una decena de manifestantes se plantó afuera del Grand Bay Hotel de Miami, mostrando pancartas y gritando a los transeúntes «íNo a la negociación con los comunistas! » » Soviéticos, fuera de Cuba! » La protesta no iba dirigida a Washington sino a una reunión que se desarrollaba en el interior del hotel. El político soviético de más importancia para los asuntos latinoamericanos, cinco miembros del Soviet Supremo y media docena de otros políticos, periodistas y economistas soviéticos importantes llegaron a Miami a lanzar el «Diálogo Moscú-Miami», idea del especialista en temas soviéticos de la Universidad de Miami, Jiri Valenta y de Andrei Kortunov, asesor del comité de relaciones internacionales del Soviet Supremo, el parlamento soviético.

La ira de los manifestantes iba dirigida principalmente contra el cubano-estadunidense Jorge Mas Canosa, director de la poderosa Fundación Nacional Cubano Norteamericana (CANF), y uno de los asistentes a la conferencia. La CANF es el establishment cubano-norteamericano resumido en el poder y el dinero de Mas, un amigo cercano del medio hermano del presidente, Jeb Bush. Un millonario que empezó en Miami como repartidor de leche, un duro veterano de Bahía de Cochinos, opositor de toda relación con el régimen comunista en Cuba que casi por sí solo obtuvo apoyo del Congreso para Radio Martí, difusora de programas anticastristas para la isla. El comité de acción política de la CANF, la Coalición Nacional para una Cuba Libre, contribuye en gran medida a las campañas de los republicanos leales quienes a su vez respaldan esfuerzos legislativos como el intento del año pasado de prolongar el embargo estadunidense en los negocios con Cuba a los subsidiarios extranjeros de empresas estadunidenses. Entonces, se preguntaban los manifestantes, ¿por qué se compromete en una conferencia tan publicitada con los principales partidarios de Fidel, los funcionarios de la Unión Soviética?

Para los extraños, Miami tiene fama de ser el hogar de una comunidad de exiliados cubanos monolítica, intolerante, rabiosamente anticomunista. Sin embargo, dentro de ella las divisiones son profundas y amargas: los manifestantes pertenecían a la rival Cuba Independiente y Democrática, que espera que los militares cubanos den un golpe de Estado a Fidel. El CID, dirigido por Huber Matos, un antiguo revolucionario y prisionero político durante 20 años, no es extremista según los patrones de Miami. El espectro se extiende aún más a grupos como el Alpha 66, veteranos de Bahía de Cochinos que se adiestran en Everglades y quienes todavía lanzan ataques periódicos contra su enemigo de la isla (el último de los cuales sucedió en enero, cuando un veterano sostuvo haber sido herido por una bala disparada desde un barco cubano cuando él cruzaba la costa cubana). Para todos estos cubanos norteamericanos Mas apareció como un traidor, similar al Henry Kissinger que traicionó a los ideólogos republicanos en los años setentas con su relajamiento respecto a la Unión Soviética. El CANF, al involucrarse en una maniobra diplomática ambiciosas escandalizó a estos cubanos estereotípicos de Miami por sus métodos más que por sus propósito: adoptar a la Unión Soviética y los nuevos gobiernos de Europa del Este con el fin de agilizar el término del gobierno de Fidel Castro en la Habana.

Miami fue, de hecho, y sigue siendo, una ciudad doctrinaria, con su centro político de gravedad más a la derecha que la mayoría de las áreas metropolitanas de Estados Unidos. No obstante, están ocurriendo cambios importantes que sugieren una nueva apertura a diversos modos de aproximarse al tema cubano. Durante décadas la comunidad de exiliados ha estado fuertemente influida por una mentalidad de intransigencia, de no hacer ofertas, producto de la firme creencia de que la caída de Castro era inminente. Ahora el ánimo de Miami cambia de manera sutil, a la par de la arremetida de la crisis más seria que haya sufrido Castro. Quizás sea porque el cambio en la isla al fin parece ser una posibilidad realista que el debate de cómo influir en lo que allí sucede está generando muchas diferencias.

Por primera vez, miembros importantes del establishment de exiliados juegan con nuevas ideas. La CANF ha traducido su estrategia a la más concreta acción, pero hay otros indicadores importantes del cambio. En octubre pasado una coalición de tres partidos políticos en el exilio, dirigida por el escritor exiliado en Madrid Carlos Alberto Montaner, propuso sostener algunas pláticas con el régimen de Castro para organizar elecciones en Cuba. Pese a que esa y otras sugerencias de diálogo generan una crítica feroz en los grupos exiliados tradicionales, se ha roto el tabú de soltar esos globos. Si la campaña de la CANF es una jugada realista para llevar a Castro al límite, la proposición de diálogo de Montaner y otras más señalan un nuevo reconocimiento de que la transición. bien podría incluir tratos con el régimen actual. Con seguridad esta glasnost todavía está en su primera infancia pero anuncia una mayor tolerancia.

Los soviéticos nunca habían estado en Miami, pero desde que Valenta comenzó a tocar su «flauta mágica», como expresó Montaner, los soviéticos y los cubanos de Miami han hecho una de las parejas de amantes más extrañas de las que se tenga memoria Valenta, un académico checo emigrado de 45 años que dirige el Instituto de Estudios Soviéticos y de Europa del Este de la Universidad de Miami, tuvo la idea de reunir a estos socios improbables durante una cena con Mas Canosa en un deli de Coral Gables en 1988. Aunque se le conoce en el circuito de conferencias por sus investigaciones en temas soviético-latinoamericanos, Valenta nunca antes estuvo relacionado con la política. Pero su apreciación escolástica del desastre de la política extranjera que padece la Unión Soviética lo lleva a considerar qué efectos tendrá el «nuevo pensamiento» de Gorbachov en la más espinosa de las cuestiones latinoamericanas en la relación Estados Unidos- Unión Soviética-Cuba. Los reformistas soviéticos que promueven la perestroika y la glasnost también criticaron la resistencia al cambio de Fidel Castro y empezaron a intercambiar críticas- en vez de defender a Fidel, en los foros internacionales. Aun así, cuando en 1986, Valenta expresó su idea de un intercambio académico que llevara soviéticos a Miami, lo que provocó fue incredulidad:

«¿Estás loco? ¿Quieres morir?» La reacción no fue gratuita: los participantes de una conferencia que dio Valenta en 1988 sobre el acuerdo Angola-Sudáfrica recibieron amenazas. Y en Miami las amenazas suelen convertirse en violencia. Por ejemplo, un museo de Miami fue bombardeado por exhibir el arte de los cubanos de La Habana.

Los comentaristas de Miami fueron de los últimos críticos en Estados Unidos en desechar la idea de que la política de Gorbachov era una maniobra táctica para arrullar a Occidente, la mejor manera de lograr el dominio del mundo.

Menos convencidos estaban del cambio en la retórica soviética sobre Cuba ya que no había cambio político que la acompañara. Pero Valenta pensó que el cambio era posible, y que los miamitas podían influir en él. «Si quieres llegar a Castro», le aconsejó Valenta a Mas durante la comida, «debes apoyar la glasnost soviética». Acusó a Mas de querer arriesgar su reputación con el grupo de la línea dura al aparecerse en una reunión que Valenta dio en 1988 para Abel Aganbegyan, un arquitecto de la perestroika de Gorbachov. En los primeros días de sus esfuerzos, a Valenta se le acusó con frecuencia de ser un soplón de los soviéticos. «Ahora circula en el campus un póster donde estoy yo de rodillas frente a Mas Canosa», dice, sacudiendo la cabeza. El cartel muestra al «perro» académico acurrucado bajo el «pony» cubano-norteamericano.

Sin embargo, Valenta persiste en su papel de organizador o «intermediario honesto», y Mas Canosa decidió que valía la pena intentar el trato con los soviéticos, si lograba convencer poco a poco a su consejo. «Tú sabes, la Fundación Nacional Cubano-Norteamericana tiene esta imagen terriblemente rígida», dijo Valenta un día en el Versalles, un comedero popular cubano en la calle ocho de Miami. «Pero conforme los conoces, descubres que no son los ideólogos idiotas que deberían ser. Y tienen recursos para ser independientes, a diferencia de algunos grupos cubanos que están atados a apoyos financieros».

Los contactos de Valenta con los políticos y académicos cubanos (con frecuencia uno y el mismo) le aseguraron que su interés, recién definido bajo el pragmatismo de Gorbachov, era estimulado por el dinero y el golpe político de los cubanos de Miami y particularmente de la Fundación Nacional Cubano-Norteamericana. Tras los encuentros iniciales, ambos bandos confesaron que esperaban ataques físicos o por lo menos insultos del enemigo al que tanto habían injuriado. Algunos de los que llegaron a asistir a reuniones sociales se sorprendieron de que los cubanos y los rusos pudieran ser tan buenos compañeros de trago.

SOBORNOS Y AMENAZAS

Considerando las penurias de la Unión Soviética como una oportunidad dorada para ejercer presión en los aliados de Castro y así reducir la ayuda y los lazos comerciales con Cuba, la CANF aceptó suscribir cerca de una cuarta parte de los costos de la fundación, unos 25 mil dólares, en el Diálogo Moscú-Miami. La CANF ha desplegado una gran variedad de amenazas y sobornos al tiempo que hace campaña con los soviéticos y otros partidarios de Castro. Uno de ellos es la promesa de que un régimen poscastrista garantizará el reembolso de la enorme deuda a los soviéticos que Castro acumuló en los últimos treinta años- cifras que fueron publicadas finalmente el año pasado bajo presión del parlamento soviético- . Una promesa más inmediata es la de la inversión privada en la Unión Soviética por parte de importantes miembros de la CANF y otros habitantes de Florida, incluyendo la comunidad de comerciantes judíos. La empresa Church and Tower Inc. de Mas Canosa es especialista en colocación de cables de teléfono; otros importantes apoyos financieros del Diálogo Moscú-Miami que se interesan en las inversiones soviéticas son el banquero Abel Holz, el hotelero Sherwood Weiser y Joan Garza, de los cosméticos Elizabeth Arden. Además de inversión privada, la CANF ofrece facilitar los tratos comerciales de los soviéticos con el estado de Florida y, de hecho, en el sur de dicho estado poco puede suceder sin su consentimiento. Es tal el clima anticomunista que en los barcos soviéticos, la campaña cubano-norteamericana ofrece influir en la decisión de Washington de fomentar tratados de ayuda y comercio a una Unión Soviética en apuros. La CANF no es el único grupo de presión en Washington, pero ejerce una influencia importante en el tema de Cuba- uno de los problemas persistentes en las relaciones exteriores Estados Unidos -Unión Soviética- con la Administración y el Congreso a cuyas campañas contribuye generosamente. A la inversa, la mayor amenaza de la CANF es su decisión de oponerse a cualquier clase de ayuda estadunidense a los soviéticos hasta que el tema de la ayuda a Cuba se resuelva a su entera satisfacción.

Todo esto podría parecer una oferta despreciable si la Unión Soviética no estuviera tan debilitada y dispuesta a bajar el telón de su relación con Cuba. Pero esos factores clave hacen que los soviéticos estén dispuestos a considerar lo que podrían obtener a cambio de un giro político que de hecho deben contemplar. Oficialmente, el precio de los soviéticos por cancelar la ayuda económica a Castro es levantar el embargo comercial estadunidense a Cuba, el precio por suspender su cooperación militar con el régimen es la desaparición de toda amenaza militar estadunidense a la isla. Pero ofrecer y regatear a puerta cerrada sobre otros tratos, con otras condiciones y concesiones, está a punto de hervor- no sólo con funcionarios estadunidenses sino también, con ciudadanos cubano -norteamericanos.

La belleza del concepto Diálogo Moscú-Miami es que los soviéticos necesitan desconocer todo lazo entre sus acciones en Cuba y cualquier clase de comercio, inversión e influencia política que se ejerza a favor de los cubanos de Miami. En la línea soviética se dice que sus contactos son con ciudadanos estadunidenses comunes. Sólo que casualmente son ciudadanos cubano-norteamericanos.

Aun siendo ésa su excusa, no deja de sorprender que los soviéticos hayan abierto un canal con los enemigos acérrimos de Castro. La razón básica es el interés, simple y llano. Una evaluación práctica desprovista de ideología la proporcionó uno de los participantes soviéticos en la conferencia, en los días anteriores a la reunión de Miami. Dio cuatro razones del interés soviético en el diálogo Moscú-Miami: la influencia de los cubano-norteamericanos en la Administración Bush y el partido republicano; la posibilidad de conseguir comercio e inversiones de esta comunidad de comerciantes ricos y del sur de Florida en general; la importancia de Miami en el comercio con muchas economías latinoamericanas la nueva prioridad de política soviética en este hemisferio- y, fundamentalmente, la necesidad de evitar «el mismo error que cometimos en Europa del Este», como le dijo un soviético a un periodista, el «no tener contacto con la oposición, que entonces llegó al poder».

Como era de esperarse, esta explicación detonó pasiones en La Habana la semana antes de la conferencia, cuando se publicó en un-periódico estadunidense (US News & World Report). Castro envió un cable a Moscú pidiendo al ministro del exterior que aclarara el propósito de la reunión, provocando conmoción en Moscú y un retraso en la autorización de los permisos de viaje para la delegación con el fin de que los soviéticos intentaran seguir las pistas. La visita sin precedentes de oficiales soviéticos de alto nivel a Miami pudo producir consternación en La Habana, pero declarar abiertamente que la conferencia tenía un propósito político subyacente fue una bomba que amenazó con descarrilar el proyecto.

Los soviéticos le aseguraron a Castro que la reunión era meramente académica, diciéndole (así como los reporteros cuando llegaron a Miami) que no tenían intención alguna de negociar el futuro de Cuba Sin embargó, siendo Miami lo que es, fue inevitable que Cuba fuera el tema principal pese a que sólo era uno de los diversos asuntos Unión Soviética- Estados Unidos de la agenda formal. Además esta era sólo la primera sesión de lo que los organizadores de la conferencia pretendían que fuera un diálogo en curso, segundo round que debe coincidir con la reunión de los superpoderes en Moscú pospuesta hasta fines de la primavera. En septiembre y diciembre el presidente de la CANF, Pepe Hernández, hizo visitas interinas a Moscú, al igual que un grupo de comerciantes miamitas que también visitó al presidente de la República Rusa, Boris Yeltsin, quien se opone a la ayuda soviética a Castro. Además de supervisar los proyectos de inversión, dichos grupos trabajaron en la organización de una reunión Mas-Gorbachov. En octubre, Yuri Pavlov, el diputado soviético ministro del exterior para Latinoamérica, hizo otra visita a Miami para reunirse con cubano-norteamericanos en un lugar de Cayo Biscayne.

Los soviéticos cumplieron su promesa a Castro, repitiendo las ya tan largamente sostenidas posiciones oficiales durante la conferencia. El lado estadunidense tampoco se desvió de su libreto. Incluso, conforme Mas hablaba en el podio con Pavlov, los cubanos del público abucheaban y silbaban cada vez que los participantes soviéticos trataban de justificar sus continuas relaciones con La Habana. El segundo día, se ausentó gran parte de este disgustado contingente cubano-norteamericano. Pavlov, Georgi Arbatov (parlamentario y director del Instituto para Estudios de Canadá y Estados Unidos, influyente cerebro del gobierno), y Sergio Mikoyan (editor del igualmente augusto Latinskaya Amerika e hijo de Anastas Mikoyan, el funcionario que negoció el primer pacto de cooperación económica soviético-cubano) trabajaron tenazmente para controlar el daño que podría hacer el encuentro a La Habana. La línea soviética oficial promovida por estos tres hombres es presionar a Castro, no aislarlo o agraviarlo y sobre todo evitar la vergüenza de abandonar abruptamente o humillar a un aliado de mucho tiempo. Mas Canosa entendió la necesidad y el código diplomático: en un receso se declaró «extremadamente complacido con el encuentro, que estoy seguro tendrá sus frutos». En efecto, Pavlov mismo presionó para que se realizara el encuentro, mandando la propuesta directamente al entonces Ministro del Exterior, Eduard Shevardnadze para su aprobación, pese a la oposición de su inmediato superior.

La conferencia de Miami incluyó negociaciones tras bambalinas, y en efecto dio frutos. En la última sesión surgió un trato. Un representante de la aerolínea soviética Aeroflot, anunció que cambiaría su eje a Miami desde La Habana en 1991. Siete importantes clientes potenciales de Aeroflot fueron contratados en Miami por un abogado local, y el representante norteamericano de la aerolínea bajó a supervisar el trato. Otras negociaciones están en curso, incluyendo financiamiento y empresas colectivas de Tipco, una empresa soviética que invierte en Latinoamérica, ¿n Florida y en la Unión Soviética . El plan de Tipco de largo alcance es usar a Miami como base para sus operaciones latinoamericanas. Los miembros del consejo de la CANF también contactaron empresarios cubanos en Venezuela, Guatemala y la República Dominicana para que favorezcan a los soviéticos. En Moscú se explora la locación para un hotel. El Moscú News está considerando publicar una edición en español en Miami para llegar al mercado latinoamericano. Mientras los planes a corto plazo casi siempre implican llevar a los soviéticos a Florida, en ambos países se exploran empresas en áreas como procesamiento de alimentos, embarque, satélites y otro tipo de comunicaciones.

El cierre de estos tratos depende de la limitación del apoyo soviético a Castro. Aun si no pueden efectuar un cambio en una noche, los estrategas de la CANF buscan acelerar el proceso. Ni en mayo de 1989 ni desde entonces han recibido compromisos específicos por parte de los soviéticos, pero el lado soviético sí tuvo palabras duras y advertencias espinosas para Castro. Incluso Arbatov, el mayor experto en asuntos soviéticos en Estados Unidos y director oficial de la delegación y por tanto de la diplomacia control-daño tuvo reparos: «Con mucha frecuencia el servicio poco sincero al socialismo rendido por este o aquel gobernante dictador se ha considerado razón suficiente para que nos involucremos, pese a que los únicos lados positivos del ‘socialismo’ para este tipo de gobernantes eran el sistema unipartidista y el gobierno totalitario… La ayuda que tan generosamente se ha proporcionado a los aliados y clientes soviéticos en el Tercer Mundo ha sido excesiva en muchos casos y en muchos otros ha sido dilapidada. La mayoría de los habitantes de la Unión Soviética piensa ahora que la cantidad de casi 90 millones de rublos que los países tercermundistas deben hoy a la Unión Soviética habría sido invertida para mejorar las condiciones de vida en nuestro propio país». Este tipo de crítica soviética se ha vuelto común, pero saber que venía de fuentes oficiales hospedadas en la capital del archienemigo debe haber sido muy duro incluso para Castro.

La crítica soviética a Castro no significa que la Unión Soviética tenga intenciones de abandonarlo. Es una señal de las fuerzas conjuntas que reducen inevitablemente los beneficios que recibe de Moscú. Muchos estudiosos de las relaciones soviético-cubanas notan la división en la opinión soviética: los burócratas de carrera están a favor de una reducción gradual, negociada, del problema cubano, mientras que los reformadores radicales y populistas, incluyendo a Boris Yeltsin y el conferencista Nikolai Shmelev (economista y delegado del Soviet Supremo), piensan que toda ayuda proporcionada a Castro es comida que se quita de la boca a los soviéticos. Pavlov, un ministro del exterior agradable y circunspecto a favor del caso, evadió preguntas acerca de qué nivel de ayuda consideraba deseable y en su lugar señaló la creciente importancia del parlamento soviético en los asuntos de política exterior. «Son ellos quienes aprueban los acuerdos comerciales finales», dijo, y en efecto, en noviembre de 1990, el parlamento votó por reducir la ayuda soviética exterior en un 75 por ciento. Gran parte de lo que Cuba recibe de la Unión Soviética se oculta tras tratos comerciales favorables más que en becas directas, de modo que la decisión de noviembre es más importante como símbolo del poder de los populistas en el parlamento que como un golpe definitivo a Castro. Además de Shmelev, un economista franco e irascible que se aventuró en la política, los reformistas y populistas y críticos acérrimos de Castro estuvieron ampliamente representados en la conferencia reflejando el sesgo anticubano que se ha vuelto predominante en la prensa soviética, incluyendo al Moscow News cuya circulación fue prohibida en Cuba.

El punto central es si los lazos cubano-soviéticos se romperán rápida o lentamente, y este ritmo estará determinado sólo en parte por la fuerza de diversas facciones en la Unión Soviética. Aun así, parece que los viejos comunistas, conservadores de la línea dura y en especial el Ejército Rojo, ganan influencia conforme la Unión Soviética se ve amenazada por un movimiento de recesión. El cálculo básico de que Cuba ha costado más de lo que vale no cambiara. El establishment militar soviético tiene quizá más interés en conservar sus facilidades de inteligencia y bases en Cuba, de modo que su dominio de la política soviética señalaría un debilitamiento más lento de los vínculos. Pero la necesidad soviética de atender su línea económica de fondo aumenta conforme su facultad de alimentar a sus propios ciudadanos se vuelve cada vez más dudosa. La prioridad principal de cualquier líder soviético será obtener ayuda extranjera, y la ayuda que los cubanos de Miami ofrecen es una fuente de recursos que no pueden darse el lujo de ignorar.

La inminente caída de Castro se pronostica desde que los regímenes comunistas de Europa del Este empezaron a derrumbarse en el otoño de 1989. Como respondiendo al optimismo excedido de muchos vaticinadores, los tornillos aprietan ahora al líder revolucionario con fuerza inevitable. La presión viene no tanto del fracaso mundial de la ideología comunista -una forma nebulosa de presión- como de la dificultad concreta y extraordinariamente aguda que tiene cualquier economía dependiente cuando pierde a sus socios comerciales y benefactores externos. Cuba depende del petróleo soviético en un 90 por ciento, y del antaño bloque soviético en un 85 por ciento de su comercio, 70 por ciento del cual lo realiza con los soviéticos. Esa relación está por terminar tanto por la poca capacidad de los aliados de Cuba para abastecer a su propio pueblo y dirigir sus propias crisis internas, como por un deseo de socavar el régimen cubano. La escasez del 20 por ciento en las entregas pendientes de petróleo en 1990 se debió no a una decisión política, sino más bien a problemas soviéticos de producción y transporte, producto de la decadencia económica y la rivalidad étnica.

El comercio de subsidio soviético y la ayuda a Cuba asciende a casi 4 mil millones de dólares al año (según la tasa de conversión a rublos) y Cuba es el mayor deudor de los soviéticos con una deuda de cerca de 15 mil millones de rublos – y esto después de la cancelación en noviembre de 1989 de casi la mitad de la deuda que habían acumulado en 30 años- . Como en la Unión Soviética se filtró algo de información sobre la magnitud de la generosidad soviética a Cuba, una coalición diversa contra el subsidio, adquiere fuerza. La anima el hecho de que la Unión Soviética se convierte en el receptor, no el donante, de la caridad internacional. Debido a que primero Alemania y ahora Estados Unidos proporcionan becas directas y alimento a la tambaleante Unión Soviética, todo gasto externo en el presupuesto soviético parece cada vez más superfluo. Pese a sus privaciones en casa, los soviéticos intentan una nueva relación con Cuba más que soportar la ignominia de abandonar a Castro abiertamente. En Moscú, el 21 de diciembre se firmó un acuerdo de comercio bilateral por un año que asegura un volumen de mercancías en 1991 sólo ligeramente menor al de 1990, pero gran parte de lo bienes soviéticos tendrán que pagarse con moneda fuerte a precios mundiales. Sin embargo, el trueque crucial de azúcar cubano por petróleo soviético se mantiene pese a que los cubanos tienen que suplir más azúcar por menos petróleo, en comparación con el año pasado. Pero también es posible que el desastre económico manifiesto en la Unión Soviética vuelva discutible este asunto, e incluso la conclusión tardía del acuerdo significa que las entregas de la primera mitad de 1991 se retrasarán.

Así como era de esperarse que los soviéticos insistieran en que Castro no seria abandonado en una noche, los participantes en la conferencia realizaron su parte, señalando sin cesar la contradicción entre el «nuevo pensamiento» y la ayuda prolongada a Cuba, y pidiendo una ruptura de relaciones. Pero la retórica estadunidense oculta una aceptación subyacente, ciertamente de parte de los funcionarios estadunidenses si no es que de todos los cubanos, de que el cambio en la política soviética vis á vis Cuba solo sucederá gradualmente. De hecho ese es precisamente el enfoque que el Subsecretario de Estado de los Estados Unidos Bernard Aronson, empieza para resolver las diferencias entre Estados Unidos-Unión Soviética en toda Latinoamérica. Así como la cooperación entre estos países ayudó a resolver el conflicto doméstico y de superpotencias en Nicaragua, Aronson busca la asistencia para calmar el conflicto salvadoreño. Sigue Cuba, un problema mucho más difícil debido a la gran inversión allí existente. Activista de los derechos civiles en Virginia occidental, y autor de los discursos de Mondale, Aronson desarrolló una relación amistosa con Pavlov, que los hizo socios compatibles en una diplomacia ligera pero importante, que persiste con el sucesor de Pavlov, desde que éste fue nombrado embajador soviético en Chile a fines de 1990. Como contraparte de Pavlov y como el político más importante de Bush en Latinoamérica, la asistencia de Aronson en la reunión de Miami provocó la especulación de que realmente se estaba negociando. Otros pesos pesados de Estados Unidos eran el congresista de Florida del sur Dante Fascell presidente del Comité de Asuntos Exterior, y Lawton Chiles actual gobernador de Florida.

La diplomacia de la CANF no sólo intenta cambiar la política soviética hacia Cuba sino también romper otros lazos importantes. En efecto, los resultados más concretos que ha obtenido la CANF hasta la fecha incluyen a Checoslovaquia, en especial su decisión en diciembre de abandonar la representación checoslovaca de Cuba en Washington. El ministro del exterior Jiri Dienstbier, un amigo de Valenta (que abandonó Checoslovaquia en 1968 tras la invasión soviética), visitó Miami en octubre de 1990. Al desaliñado, afable y algo distraído Dienstbier, un ex-periodista que compartió la cárcel con Havel, lo invitaron a beber los cubano-norteamericanos durante un crucero privado en Bahía Biscayne. Los cubanos tenían una agenda muy específica en mente: convencer a Dienstbier de que su país renunciara a la representación de Cuba en Washington. Aunque no le parecía descabellada la petición, el fumador empedernido de ojos azules no habría de rendirse esta vez. Por una razón, pese a que Dienstbier no es un diplomático de carrera- ni se siente cómodo en ese papel- , parece considerar esa propuesta.

Sin embargo, los checos se movían en la dirección que querían los exiliados cubanos. La relación comercial checoslovaca-cubana estaba prácticamente rota: aunque el gobierno» checoslovaco de Vaclav Havel no canceló los acuerdos comerciales de su antecesor cuando llegó al poder, esos acuerdos dejaron de cumplirse en 1990 incluyendo provisiones de bienes manufacturados muy importantes para Cuba. Y el futuro es aún más desolador, ya que las naciones del CAME decidieron comerciar sobre una base de moneda fuerte en 1991. Esto significa muy pocas probabilidades de comercio entre las dos naciones, según Dienstbier. «Prácticamente no tenemos relaciones», dijo en octubre refiriéndose no sólo al comercio sino al frío clima diplomático que se sintió después del desagradable incidente de julio en La Habana. Una vez que muchos cubanos se refugiaron en la residencia diplomática checoslovaca con el fin de obtener una salida rápida del país, muchos otros cubanos, que se sospecha eran miembros de seguridad del Estado, irrumpieron en la residencia rompiendo los muebles y amenazando a los refugiados. Conforme más cubanos seguían su camino a otras embajadas, Castro acusaba a Checoslovaquia de instigar la campaña con el fin de manchar al gobierno cubano. Dienstbier dejó claro que había desagrado entre los dos gobiernos: «conocemos bien estos métodos. Nuestro propio gobierno los usó contra nosotros durante años». Lo que los cubano-norteamericanos fomentaron ese día en Cuba y en subsecuentes reuniones fue el fin de la representación diplomática checoslovaca de Cuba en Washington. El gobierno de Havel había aclarado antes su deseo de ceder ese trabajo a otro gobierno, pero hasta ahora ningún país se ha echado el paquete. La administración estadunidense expresó su deseo de que Checoslovaquia encuentre otro interesado con el fin de no arriesgar su propia Representación en La Habana, ya que el gobierno cubano bien podría cerrarla si Cuba pierde su Representación en Washington. Los cubano-norteamericanos estaban menos preocupados por esas repercusiones que por dar un golpe rápido a Cuba, pero Diestbier no dobló las manos en su visita de octubre a Miami; sólo dijo: «no queremos producir controversias con acciones precipitadas. pero haremos un cambio».

Hacia diciembre, en otra conferencia organizada por Valenta, esta vez en Praga, la verdadera negociación concluía. En la reunión de octubre en Miami, se redactó un memorándum de 8 puntos de acuerdo entre Dienstbier y Mas y cinco miembros del consejo de la CANF indicando lo que cada partido se comprometería a proporcionar. Los partidos de Estados Unidos, incluyendo a Mas Canosa, presentaron una carta del gobernador electo Lawton Chiles con la promesa de promover inversiones y oportunidades comerciales entre Checoslovaquia y Florida. Estuvieron de acuerdo en crear un comité de comerciantes para fomentar los proyectos, a formarse en febrero. La CANF también accedió a cooperar en la compra de un edificio para un consulado checoslovaco en Miami, y a suscribir el costo de la conferencia de Praga (30 mil dólares). En respuesta, el ministro del exterior prometió dar fin a la representación diplomática de Cuba en Washington «lo más pronto posible» y trabajar por el fin de la ayuda y el comercio con Cuba, pese a que en la actualidad la responsabilidad formal de los asuntos comerciales descansa todavía en un ministro de comercio exterior de la vieja guardia en Praga. Menos de dos semanas después de una conferencia, el gobierno checoslovaco anunció que dejaría de representar a Cuba en Washington a partir del 31 de marzo de 1991. Desde entonces no ha habido ningún otro fiador diplomático para Cuba. La CANF logró lo que quería y el gobierno checoslovaco se llevó en el bolsillo una promesa de inversión por hacer lo que de todos modos habría de hacer en determinado momento.

Las ramificaciones del trato Checoslovaquia-CANF no pasaron inadvertidas ni en Washington ni en Moscú. A Washington no se le informó del «acuerdo informal» de ocho puntos y estaba doblemente descontento no sólo por estar desprevenido sino por el modo de conducir esa diplomacia independiente. «Percibo una frialdad especial en el Departamento de Estado», dijo uno de los involucrados. «Pero Aronson no irá a quejarse a la Casa Blanca y la CANF está segura de que continuarán sus buenas relaciones». Por su parte, los funcionarios soviéticos que asistieron a la reunión de Praga expresaron un acendrado interés en los detalles del acuerdo de ocho puntos. Aun si el gobierno nacional soviético no sigue la huella checoslovaca, existe la posibilidad de que la república rusa, con el anticastrista Yeltsin a la cabeza, elija hacerlo. Otra posibilidad: como Rusia es la fuente de la mayoría de los bienes proporcionados a Cuba, Yeltsin incluso podría simplemente impedir las entregas, sin revocar el acuerdo Unión Soviética-Cuba de manera formal, así como desafió al bloqueo soviético de Lituania el año pasado.

II. MIAMI DIVIDIDA: BOMBAS, DOMINÓ, DEMOCRACIA

Aún más que la diplomacia soviética de la Fundación Nacional Cubano-Norteamericana (CANF), las nuevas propuestas para dialogar con el régimen de Castro irritaron a los fundamentalistas entre los exiliados en Miami. El tema del diálogo se ha vuelto una parte central, permanente del paisaje retórico, aunque la mayoría de los pensadores exiliados consideran una herejía que alguien sea «pro-diálogo». La CANF rompió el tabú del trato de Miami con la Unión Soviética, pero se opone vigorosamente a las peticiones aún más explosivas de un diálogo con el régimen de Castro. Sin embargo, algunos críticos influyentes que se oponen personalmente a la idea empiezan a abogar por el derecho de sus defensores a ventilarla, y a muchos les preocupa que el diálogo haya obtenido aceptación suficiente como para dividir fatalmente a la comunidad de exiliados. Mientras sólo sean unos cuantos grupos minoritarios u oscuros los que adopten ideas herejes, podrían ser ignorados o silenciados.

La amenaza que el creciente partido a favor del diálogo plantea a la CANF, por ejemplo, es clara: el rechazo inflexible de la CANF a tener contacto con los hermanos Castro puede sacar del escenario a la organización cuando se llegue a la verdadera transición. La estrategia soviética de la CANF es llevar al límite al régimen de Castro, pero no es una estrategia comprensible para negociar con lo que quede del régimen. En un escenario en el que Castro u otros comunistas decidieran que deben realizar grandes ofertas, los exiliados de la línea dura podrían quedar fuera. La opinión general es que Cuba no seguirá el patrón de Europa del Este, en el que los intentos de reforma limitada abrieron una brecha en el dique contra el cambio total, pero si eso sucediera, muchos exiliados cubanos no estarían preparados para responder.

Otros cubanos, arriesgando la virulencia de la CANF e incluso de grupos más rigoristas, tratan de encontrar un modo de facilitar la transición. La diferencia esencial entre estos grupos y la CANF (y aquellos a su derecha) es que los primeros reconocen que casi en cualquier escenario de cambio de régimen, los cubanos de la isla probablemente desempeñarán el papel principal. Los duros tradicionales de la comunidad de exiliados se han comportado a menudo implícitamente como si todo el régimen y sus partidarios fueran a desaparecer con él. En vez de eso, la realidad obvia es que los dos grupos, los cubanos de la isla y los de la diáspora, tendrán que construir juntos una nueva Cuba. Los isleños darán la bienvenida al dinero de la CANF con los brazos tan abiertos como los de los soviéticos y los europeos del Este, aunque debe descartarse la suposición de que eligirán a Mas Canosa como presidente de una Cuba posCastro. Quizá de un modo taimado, Mas Canosa ha dicho que no cree que será presidente en una Cuba PosCastro, pero por muy secretamente que lo considere, un buen número de cubanos lo cree poco probable. La razón es que una vez que tengan la oportunidad de votar, los cubanos seguramente evitarán dar el poder a cualquier fuerza, clase o grupo dominante después de haber pasado por sucesivas dictaduras. Y si alguien ha dominado la comunidad de exiliados, por lo menos en Estados Unidos, es la CANF. La especulación sobre un liderazgo posCastro es arriesgada, pero una cosa es evidente. si resulta exitosa, la elección de ese liderazgo tendrá que ser el ejercicio de democracia más amplio y más justo que haya realizado la nación.

Cada tercer domingo en el Salón Flamenco del restorán Málaga de la Calle Ocho se realiza una peña cubana. un pequeño microcosmos de democracia en curso que se opone a todas las imágenes comunes de Miami, con sus estaciones de radio difundiendo una retórica intolerante. El profesor Antonio Jorge, de la Universidad Internacional de Florida, uno de los pocos analistas cubanos respetados por los exiliados, organiza la reunión libre, imponiendo sólo una regla todas las opiniones son bienvenidas, pero deben expresarse sin insultos personales. Un cubano insólitamente calmado y prudente, mantiene el orden dando la palabra a quienes levantan la mano, y en ocasiones devuelve la palabra al orador después de que su comentario causó inquietud o desaprobación momentánea.

despiertos. Debido a que el presente es para muchos de ellos tiempo detenido mientras mantienen vivo el sueño de volver del exilio, sus debates tienen una calidad insuperable. Pero en su forma más intensa, el revivir constantemente el pasado es una manera de conservar su identidad. Por amargas que sean las discusiones en su comunidad, ese sentimiento de identidad es un poderoso coleccionador. Ese llamado a la unidad es el apuntalamiento nacional de las reuniones del Málaga, aunque muchos de los presentes se rieron un domingo cuando les preguntaron si los miembros de la CANF asistían alguna vez. «No, no es la clase de lugar que frecuentan», anotó uno. «Sería demasiado pluralista». Orlando V. Castro, un contador que luchó en Bayamo, llevó una foto maltratada de una manifestación en 1952 en La Habana, un falso entierro de la constitución. Señaló a algunos de los que llevaban el ataúd junto a él, incluyendo a Raúl Castro, algunos de sus amigos que murieron después en combate, y dos que rondan ahora en el Málaga.

La plática versó sobre muchos temas, incluyendo la intolerancia de la comunidad de exiliados, la necesidad de reconocer el derecho de que existan opiniones minoritarias, y la falta de interés en la política por parte de la juventud cubana (muy pocos de los del grupo de menos de 40 años estaban presentes). La reunión incluía a tres cubanos que habían navegado en el Granma, cinco revolucionarios que lucharon en Moncada o Bayamo y cuatro que participaron en el ataque a Palacio.

Bebiendo café cubano o cerveza, una mayoría masculina entraba y salía del local, mientras una mujer recordaba a Kennedy renunciando a su promesa de ayudar en el asalto de Bahía de Cochinos, en el que su padre participó y perdió la vida. «Debemos ser realistas», dijo, «vivimos en una ciudad estadunidense y Estados Unidos no nos va a ayudar a deshacemos de Castro». Mirando al techo, Enrique Félix Cuélez-Camps, quien luchó en la revolución pero no era un fidelista, dijo: «estoy a favor del diálogo como un medio para proporcionar a Castro una salida. Por supuesto esa no es la posición mayoritaria en esta ciudad», agregó, «por lo menos no entre los poderosos».

Mucho más comunes que estos debates pluralistas son las demostraciones de escisión. Los exiliados de Miami quieren hacer del rechazo al partido a favor del diálogo el punto principal del aniversario 32 de la revolución cubana, más que el repudio al régimen de Castro. El mensaje de una enorme Marcha del Pueblo Unido el 26 de enero llegó a casa a través de Armando Valladares, hasta hace poco embajador estadunidense ante la Comisión de Derechos Humanos de las Naciones Unidas, en una carta a Gustavo Arcos Bergnes en La Habana. Le decía a Arcos, quien en junio pasado propuso un diálogo de la oposición cubana interna y externa con el gobierno de Castro, que el activista y su Comité cubano de Derechos Humanos «podrían estar seguros» de que la salida de unos 70,000 cubanos señalaba el rechazo total de la comunidad de exiliados a su propuesta, que para él «había sido ofrecida en un momento de consideración irreflexiva».

La retórica de Valladares muestra que continúa con la campaña que lanzó el verano pasado contra Arcos, cuando tildó al llamado al diálogo de «traición» y fue apoyado por la CANF en esa condena Sin embargo Arcos, uno de los pocos activistas conocidos de los derechos humanos en Cuba que no está en la cárcel, es altamente respetado en Miami y la comunidad internacional. El incidente detonó un escándalo en Miami que todavía se escucha. El ataque de Valladares, virulento incluso conforme a los patrones cubanos, marcó una vertiente de opiniones. La administración Bush se distanció de la declaración de Valladares, diciendo que no eran declaraciones oficiales. En diciembre, Valladares dejó su puesto de embajador. Algunos de los medios de comunicación de Miami se pasaron al bando de Arcos, por lo que recibieron una bofetada de Valladares en su carta a Arcos, llamándolos periodistas «renegados, frustrados y envidiosos». Sin embargo las credenciales nacionales anticastristas de Arcos son impecables. Muchos se preguntan: ¿ha llegado demasiado alto el precio de la intolerancia? El espectáculo de la oposición de Castro devorándose a si misma llevó a algunos a sugerir que Castro podría ser el único beneficiario posible. Concretamente, la división de la comunidad de Miami aumentó la posibilidad de una población exiliada tan fragmentada en su interior que no puede tener una voz coherente y por tanto ejercer influencia en el momento que esperó toda su vida.

La controversia sobre el diálogo aumentó aún más cuando el llamado de Arcos fue seguido el 17 de octubre por otra propuesta, la Plataforma Democrática Cubana, una coalición de tres partidos políticos en el exilio. Es un anteproyecto para realizar elecciones en Cuba, que propone hacer contacto con el gobierno de Castro para ese fin. La propuesta, hecha en Miami, Madrid y Venezuela, fue redactada por Carlos Alberto Montaner, director de la Unión Liberal Cubana, el Partido Democrático Cubano Cristiano y el Coordinador Social Democrático. El padre de Montaner criticó la propuesta en la radio de Miami. La opinión de los exiliados en general es aún de anti-diálogo aunque la plataforma no se puede descartar como la idea de un elemento descocado, de un grupo pacifista marginal. Montaner, cuya columna aparece con regularidad en la edición en español del Miami Herald, El Nuevo Herald, es una figura influyente, como Arcos, en Miami.

Las propuestas de Arcos y Montanero presentan un desafío serio a la posición dominante de los exiliados porque coinci- den con el principio central que ha sido siempre artículo de fe para los exiliados: que Castro debe irse. Son herejes al defender medios- hablar con Castro- declarados como inacepta- bles desde hace mucho tiempo por los dirigentes tradicionales del exilio. Pero el hecho de que la meta de estas propuestas de diálogo sea el cambio fundamental de régimen, los aparta de las limitadas agendas de otros grupos de exiliados más liberales. Lo que la coalición cubano-norteamericana busca, por ejemplo, es una mayor facilidad para viajar y comunicarse con familias cubanas dentro y fuera de la isla, no la caída de Castro. Ramón Cernuda y CODEHU (Organizaciones Coordinadas de Derechos Humanos en Cuba) buscan reformas incluyendo la salida de Castro pero ponen mucho más énfasis en la necesidad de concesiones por parte de Estados Unidos (como levantar el embargo comercial) como un medio para lograr la reforma en Cuba. Estas posiciones, pese a que son legítimas, simplemente no tienen el potencial para ganar seguidores en una población de exiliados conservadora en su mayoría. A sus defensores se les molesta y ridiculiza, pero no representan la amenaza mortal a la unidad del exilio que sí plantean los nuevos dialogueros.

Por esta razón sonó la alarma en octubre cuando el vicepresidente cubano Carlos Rafael Rodríguez dijo por Radio Habana «estamos mejorando relaciones» con un grupo que sonaba mucho al de Montaner, quien se unió a la confusión al decir que su Unión Liberal Cubana tenía en efecto contactos indirectos con el gobierno cubano. Resultó que en efecto las relaciones a que aludía Rodríguez eran con la Coalición Cubano-Norteamericana, que siempre tuvo contactos para fomentar viajes y comunicación con la isla. El temor que difundieron la prensa y la radio conservadores de Miami era que apenas Montaner hiciera una insinuación, Castro adoptaría la proposición. Están seguros de que Castro usará la Plataforma Democrática Cubana para ganar tiempo, hacer cambios insignificantes y socavar las demandas de los exiliados para retirarse. Están tan seguros no sólo de que Castro lo intentará sino de que logrará burlar a cualquier opositor que se atreva a darle la batalla, que sus plumas y micrófonos están listos para dispararle a cualquier tonto David que trate de burlarse de Goliat.

Una vez que se aclararon los malentendidos para asegurar a los temerosos que Castro no había aceptado ninguna propuesta de diálogo, se disipó la crisis. Pero Montaner encontrar, argumentos en la calificación de Rodríguez de que «por ahora no había contacto con el grupo del diálogo, implicando un posibilidad. Claro que los exiliados de la línea dura tienen razón en que si existe peligro de que este grupo también se; elegido para ratificar cambios menores que dejen intacto a régimen. La oposición de Europa del Este corrió el mismo riesgo: los regímenes comunistas habían buscado hacer los mínimos cambios posibles. Pero una vez que abrieron la puerta a las demandas de cambio, encontraron imposible controlar la corriente de opinión pública. Admitiendo que es una apuesta, esta es la oportunidad que los dialogueros buscan.

La estatura de los nuevos disidentes, el hecho de que son parte de la opinión pública, ha forzado una nueva tolerancia en Miami de manera muy evidente. Pese al feroz debate que provoca el tema del diálogo, no se ha ejercido violencia contra la coalición de la Plataforma, y tampoco hubo ninguna contra la CANF por sus tratos con la diplomacia soviética.

Seguramente este no habría sido el caso si los rebeldes no fueran miembros importantes del establishment. En una ocasión en que Valenta comentó a Mas su temor de ser atacado por los locos de Miami, Mas le aseguró: «Cuando yo esté contigo, no tienes nada que temer». La falta de violencia contrasta con las acciones contra los exiliados más a la izquierda del espectro, por ejemplo, el segundo bombardeo en junio de 1990 del Museo Cubano de Artes y Cultura, uno de cuyos directores, Ramón Cernuda, es un blanco frecuente de los medios de comunicación del exilio. En septiembre de 1990, varios exiliados cubanos dieron testimonio en la Organización de Estados Americanos en Washington sobre la intimidación y la violencia a que estuvieron sometidos como resultado de sus opiniones disidentes de la mayoría miamita, incluyendo a un activista de los derechos humanos a quien le pusieron una bomba en el auto. Por muy espesa que parezca a primera vista la atmósfera actual de Miami, la tendencia subyacente muestra que la ciudad pasa, aunque tortuosamente, de las bombas y el dominó, a la democracia y la glasnost.

Si la glasnost de Miami sigue floreciendo, y es difícil detenerla, los que no se sentían con derecho a hablar comenzarán a hacerlo creando más desorden a corto plazo. Pero es posible que lo que se ha considerado como la opinión dominante sean sólo las voces más sonoras, o que las opiniones varíen mientras sigue el debate. Los que se reúnen en el Málaga no son un grupo abierto a sugerencias como las de Montaner o Arcos. ¿Representan una mayoría silenciosa? Imposible saberlo, por ahora. Algunos argumentan, como Montaner, que dos minorías duras dominan el escenario político en La Habana y Miami pero ni siquiera ahora representan las opiniones o sentimientos populares.

Pero hay otra Cuba, mucho más vasta, la inmensa mayoría, dentro y fuera del país, cansada de los errores, hastiada de la sangre, asqueada de las consignas, de las pancartas, de los desfiles unánimes, de los llamados a denostar al prójimo. Y esa Cuba inmensa, pero dispersa, se va moviendo a tientas, en la sombra, reconociéndose por encima y por debajo de los insultos y del escándalo irracional de los odiadores de siempre. Y a la postre es esa Cuba tranquila y razonable, madurada a golpes, cansada de caudillos, la que acabará imponiendo su voluntad democrática. Aunque Castro intente ahogar con gritos la voz de la razón. Aunque algunos de los enemigos de Castro hagan en Miami exactamente lo mismo. (Carlos Alberto Montaner, «Cuba: entre moderados y extremistas», El Nuevo Herald, 20 de enero de 1990).

Si esta caracterización del sentimiento de los exiliados es correcta, se hará evidente cuando la glasnost se prolongue y eche raíces más profundas en Miami. Por lo menos ahora las ventanas están abiertas al debate. Pero el terreno político de Miami incluye a un inmenso grupo que nunca tolerará, mucho menos adoptará, las opiniones de un Montaner. Hace poco algunos cubanos se juntaron en una esquina de La Pequeña Habana a comprarle limas al Dr. Orlando Bosch, a quien el FBI considera un terrorista incorregible por sus bombardeos anticastristas de aviones y barcos (uno de los objetivos fue un carguero soviético en el puerto de Miami). Liberado de prisión pero sin permiso para trabajar, Bosch llegó a la calle donde una multitud fiel se reunió a desearle suerte. La verdadera prueba para Miami se dará cuando ocurra la crisis esperada en La Habana. Es posible que, enfrentados al momento, los cubanos miamitas tomen cualquier opción y apoyen a cualquier líder que les ofrezca la mejor oportunidad de influir en el futuro de su país de origen.

Mas Canosa debe estar pensando al menos en la necesidad de tomar en cuenta el clima cambiante. En enero, con el fin de subsanar las diferencias y reparar algo del daño causado por el amargo debate del año pasado, Mas Canosa envió una carta a Arcos reconociendo el valor de su defensa de los derechos humanos. Pese a que por ningún motivo apoya la propuesta de diálogo de Arcos, la carta de Mas podría leerse como un signo más del lento, casi imperceptible cambio en el centro de gravedad de Miami. Otra posibilidad, pero mucho más secreta debido a la sensibilidad de los exiliados, es que estaría abierto a una reunión que incluyera funcionarios cubanos, como parte de los encuentros soviéticos-CANF. El argumento es que si se excluye a los hermanos Castro, una reunión así podría reconciliarse con la posición de la CANF de no establecer contacto.

Otro signo de cambio es el esfuerzo de un grupo rival de la CANF, el Cuba Independiente y Democrática de Huber Matos, por cortejar a Moscú. Usando al anterior Secretario de Estado de Reagan para Asuntos Internacionales, Elliot Abrams, como mensajero en un viaje en el mes de diciembre, el CID buscó formas para debilitar el lazo cubano-soviético. Su campaña se basa en la imagen del CID como un grupo más moderado que la CANF. El argumento es que el CID plantea una amenaza política mayor a Castro debido a su mayor atractivo y es por lo tanto un interlocutor más afín para los soviéticos, ya que Matos fue comandante de la revolución cubana y un prisionero político durante 20 años. El CID también tiene relaciones con Washington y recibe apoyo oficial incluyendo fondos para emisiones de radio a Cuba. Sin embargo, no tiene la influencia económica de la CANF, que es un elemento fundamental del atractivo para los soviéticos. Como recibe apoyo de Estados Unidos el CID también sabe que Washington lo controla más de lo que él puede controlar ahí la política. El CID puede tener dificultades para influir en los soviéticos porque por una parte goza de menos independencia económica que la CANF y por otra tiene menos independencia política que la coalición Plataforma Democrática.

Pero el punto más importante por ahora es que el CID es otro grupo que persigue activamente una vía diplomática para una solución en Cuba. Es importante a pesar de que las conclusiones de Abrams en su encuentro en Moscú no fueron alentadoras, ya que observó que la Unión Soviética sigue decidida «a conseguir de Estados Unidos un trato más favorable a Castro sin ninguna reforma real en Cuba». Incluso si el CID no persigue activamente un diálogo con Moscú, la proposición lo pone en el lado «flexible» de los divididos- en contraste con su anterior vigilancia con piquetes del diálogo Moscú-Miami de mayo de 1990- . Además, el CID adoptó otra posición que favorece el movimiento: que todo cambio real en La Habana debe ser correspondido por el gobierno estadunidense. Esto es paralelo a un cambio en la posición oficial de Estados Unidos a favor de esa correspondencia, aunque es un cambio tan intencionalmente sutil que ha sido ignorado. Varios factores explican estos cambios, pero la glasnost de los exiliados cubanos es un elemento clave. Mientras más voces cubanas apoyen esa flexibilidad, después de años de fría retórica, más fácil será para todos los partidos involucrados aprovechar cuanta oportunidad surja para abrir las puertas al cambio en La Habana por medios pacíficos y democráticos.