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Nadie, viejo diablo, nadie, 

nos persigue siempre con cuerpo ausente.

Nadie viene por la calle, nadie, 

como un hombre alto de capa oscura nadie.

Nadie por la casa nadie, 

niños que trepan por la escalera nadie.

Nadie en todo el jardín, nadie, 

como una muchacha, que en silencio cose, nadie.

Nadie viene, nadie ha de llegar, 

el oído alerta le aguarda sin cesar.

Hasta que este nadie acepte morir 

con su maldición hemos de vivir- 

Maldición de sus celos, pena y terror, 

un grito en la noche, muerte y violación .

 El mar angosto

Contigo por mástil, por vela y por bandera

y ancla que nunca se ha dejado arrastrar

en el angosto y opresivo mar de la muerte

no me parece imposible navegar.