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Este año se cumplen 500 años del sitio de Tenochtitlán, la batalla final de la guerra entre españoles y mexicas que terminó con la derrota de la Triple Alianza y, a partir de la cual, se empezó a establecer el dominio colonial español en México. Pocos sucesos son tan importantes en la historia de México o, incluso, en la historia universal. Tras la victoria militar de los españoles y sus aliados indígenas, Tenochtitlán se convirtió en el centro del poder colonial español en las Américas y fungió como base para la subsecuente conquista y subyugación de gran parte del hemisferio occidental bajo el dominio español.

Al igual que el viaje de Colón en 1492, la caída de Tenochtitlán se ha convertido en símbolo de la Conquista española en América y de todo lo que ésta conllevó: el abuso y la destrucción de sociedades indígenas, así como las transformaciones políticas y económicas que trajo el régimen colonial. En México, este ambiguo aniversario se ha conmemorado con varios eventos culturales, el cambio de nombre de una avenida central en Ciudad de México, un simbólico viaje inverso de un grupo zapatista a España e incluso una dudosa reinterpretación de la fecha de fundación de Tenochtitlán por razones igualmente simbólicas. Muchos relatos reales e imaginarios sobre la invasión española y la derrota de la Triple Alianza —como la decisión de Cortés de hundir las naves en las que habían venido los españoles de Cuba, la infundada leyenda de que la población local confundió a los invasores europeos con dioses, la misteriosa muerte de Moctezuma, la imagen de Cortés llorando bajo un árbol tras una victoria mexica, la tortura de Cuauhtémoc— juegan un papel importante en las percepciones acerca de la Conquista dentro y fuera de México.1

Este texto trata de lo que pasó tras la derrota mexica. Como ha escrito el historiador Ross Hassig, la conquista real de México “se dio luego, después de las batallas”, conforme la Corona española fue extendiendo y consolidando paulatinamente su control político en un territorio cada vez más amplio.2 El proceso fue contencioso, irregular y podría decirse que quedó inconcluso luego de tres siglos de dominio colonial.

¿Cómo extendió su autoridad la Corona española por ese territorio remoto? ¿Cómo evolucionaron las instituciones coloniales durante el primer siglo de dominio español? ¿Cuáles son las lecciones generales que podemos aprender del caso mexicano?

Tras la victoria sobre Tenochtitlán, la Corona española se enfrentó a la difícil tarea de extender su autoridad política por un territorio vasto y distante sobre el cual tenía muy poca información y control. Para hacerlo, autorizó en los hechos una conquista privada —subcontratando a conquistadores que actuaban por cuenta propia— y basó su estrategia de expansión en una institución de dominio indirecto, la encomienda, para administrar sus nuevos dominios. A través de la encomienda, la Corona les confería el derecho a los encomenderos de extraer mano de obra y tributo de la población local a cambio de proveer seguridad y financiar la represión de revueltas, recolectar impuestos entre los caciques indígenas y promover la conversión al cristianismo. Una versión de esta institución feudal ya se había usado durante la reconquista de la península ibérica durante el siglo anterior, y fue adaptada a las instituciones indígenas locales. En México central, por ejemplo, se aprovechó la organización fiscal de la Triple Alianza para recolectar el tributo y otros impuestos. Como argumenta el historiador Bernardo García Martínez, la organización inicial del Estado colonial mexicano bajo la encomienda exhibe las características clave del tipo de dominio indirecto que los británicos usarían después en África y el sur de Asia.3

Este sistema fue exitoso para extender rápidamente el control territorial y para atraer y retener colonos europeos, aunque vale la pena mencionar que la Corona también nombró encomenderos indígenas, como fue el caso de los descendientes de Moctezuma. La encomienda fue también una forma práctica para extraer ingresos y afianzar el control político con una administración raquítica durante las décadas posteriores a la caída de Tenochtitlán. La Corona aprovechó la información que tenían los encomenderos sobre sus posesiones para que éstos recolectaran impuestos y reprimieran con mayor eficacia a la población local.

Aunque para la Corona el sistema de la encomienda haya sido una forma barata y efectiva de dominar a las poblaciones indígenas, también le generó costos económicos y políticos considerables. Gracias a sus privilegios y autonomía de estilo feudal, los encomenderos retenían una proporción considerable de los ingresos locales y la autoridad real los empezó a ver como una amenaza política. Conforme el control político se fue afianzando, la Corona buscó centralizarlo y convertir las encomiendas en corregimientos, cargos públicos a través de los cuales los funcionarios reales recolectaban directamente los impuestos para la Corona. A diferencia de los encomenderos, los corregidores recibían salarios directamente del gobierno español y respondían a funcionarios reales de mayor nivel. En palabras del historiador Alan Knight, se convirtieron en “útiles agentes de la centralización”.4

Ilustraciones: Alma Rosa Pacheco

Sin embargo, centralizar el poder era mucho más fácil en la teoría que en la práctica. Los encomenderos controlaban milicias y tenían un poder coercitivo independiente al de la Corona. Algunos intentos previos por controlar su autoridad en el Imperio —por ejemplo, a través de las Leyes Nuevas de 1542— se habían enfrentado con resistencia armada.5 Además de la posible negativa directa de los encomenderos, centralizar el poder también aumentaba el riesgo de levantamientos populares, pues los encomenderos actuaban como una línea de defensa crítica durante momentos de crisis y rebelión dada su mayor presencia física y su conocimiento superior de las condiciones sobre el terreno. El famoso cronista Bernal Díaz del Castillo, por ejemplo, describe su participación como encomendero en varias campañas para reprimir revueltas tributarias en el sureste de México.6 Además de los gastos de establecer un aparato administrativo, pasar a una forma más directa de dominio obligaría a la Corona a asumir la ardua y costosa labor de represión y vigilancia del territorio.

Mientras el riesgo de la rebelión popular y de la resistencia armada de los encomenderos seguían siendo altos, la Corona prefirió continuar usando el dominio indirecto de la encomienda a pesar de la pérdida de ingresos y de control que esto significaba. ¿Qué cambió para que la transición al dominio directo se volviera más atractiva? En un artículo reciente, examinamos a detalle cómo una catástrofe que disminuyó el riesgo de rebelión popular y de resistencia de las élites abrió las puertas a la centralización política.7 A continuación describimos los principales hallazgos.

Hay muchos factores que pueden explicar por qué las autoridades centralizan el poder, como las amenazas militares externas, la geografía, la estructura institucional de la producción agraria o las características demográficas de un territorio, por mencionar algunos. Aquí, nos enfocamos en el efecto del catastrófico colapso de la población indígena en México durante el primer siglo de dominio colonial. Aunque las cifras varían, se estima que la población indígena en México central cayó hasta un 90 % durante ese periodo, sobre todo debido a enfermedades.8 La gravedad del colapso fue muy distinta según la región y determinó la capacidad y disposición de la Corona a centralizar el poder en cada una.

El fuerte declive de la población tuvo muchas consecuencias para la economía política novohispana tanto a largo como a corto plazo. Argumentamos que facilitó la transición al dominio directo de dos maneras. En primer lugar, redujo enormemente la amenaza de rebeliones indígenas y, por lo tanto, los beneficios para la Corona de depender de los encomenderos para la defensa local. Con las epidemias se derrumbaron las instituciones sociales indígenas que facilitaban la acción colectiva, disminuyeron las presiones demográficas sobre la tierra y los sobrevivientes quedaron, en palabras del historiador Friedrich Katz, “desorganizados y desmoralizados”.9 Y en segundo, las oportunidades de los encomenderos de extraer ingresos de los impuestos y mano de obra locales se evaporaron con el colapso de la población, lo que redujo también sus incentivos y su capacidad de resistir contra la pérdida de autoridad política. Así, la catástrofe demográfica permitió que la Corona centralizara el poder.

El patrón regional del establecimiento del dominio directo en todo México sugiere precisamente esta relación entre el colapso poblacional y la centralización política. En la Nueva España y en Nueva Galicia, donde se dio un marcado declive poblacional, la adopción del dominio directo sucedió de manera acelerada. En contraste, en Yucatán, donde la caída inicial de la población fue menor, la Corona conservó la encomienda hasta el siglo XVIII.10

Con un enfoque econométrico de diferencias en diferencias para analizar de manera más sistemática la variación poblacional y la forma de dominio a través del tiempo en los distritos administrativos coloniales, encontramos que en las zonas en donde el declive poblacional fue más pronunciado, la transición hacia el dominio directo de los corregimientos también fue más acelerada.

Hay que ser cuidadosos, sin embargo, al interpretar como causales este tipo de estimaciones dadas las posibilidades de errores de medición, sesgos por variables omitidas o causalidad inversa.11 Para responder a estas preocupaciones, también usamos una estrategia empírica de variables instrumentales basada en las características de una serie de epidemias graves hacia fines del siglo XVI e inicios del XVII.

Mientras que algunos brotes —como el conocido brote de viruela de 1591-1521— fueron provocados por enfermedades europeas, otros se han atribuido a una enfermedad virulenta local conocida como “cocoliztli”, la cual se cree que era causada por un patógeno transmitido por roedores similar al hantavirus humano o, posiblemente, salmonela.12 Al igual que otras enfermedades transmitidas por roedores, los brotes de cocoliztli estaban relacionados con el clima: surgían por lo general durante años con lluvias por encima del promedio inmediatamente después de sequías severas.13 Durante los periodos de sequía, los roedores portadores de la enfermedad se concentraban en los lugares donde había algo de agua y alimento, y esa concentración permitía que el patógeno se propagara entre la población de dichos animales. Cuando mejoraban las condiciones climáticas, se restablecía la población de roedores; éstos se esparcían por el campo y los hogares, e infectaban a la gente que ingería alimentos o respiraba aire contaminado con el virus de sus heces.

Con base en estas secuencias climáticas asociadas con los brotes de cocoliztli, creamos instrumentos que varían en el tiempo y que construimos con base en mediciones dendrocronológicas de la humedad anual del suelo. En sintonía con investigaciones previas, estas secuencias climáticas predicen con precisión el declive poblacional durante este periodo.14 Además, y como es necesario para poder estimar efectos causales utilizando esta metodología, es poco probable que los instrumentos estén directamente relacionados con las tendencias de centralización una vez tomados en cuenta otros factores (como el promedio de precipitación pluvial en cada distrito). Con este enfoque volvemos a encontrar que el colapso de la población facilitó la transición al dominio directo de la Corona española.

Además de estos resultados, también mostramos que los efectos del colapso poblacional fueron mayores en zonas donde los encomenderos tenían opciones externas rentables (y, por lo tanto, tenían menos incentivos para resistir contra la pérdida de poder impuesta por la Corona) y donde los riesgos subyacentes de una rebelión indígena eran mayores (en esos lugares habría sido más importante cualquier reducción en el riesgo de levantamientos). En conjunto, la evidencia empírica sustenta el papel que tuvo la caída demográfica para facilitar la transición al dominio directo, pues mitigó el riesgo del conflicto interno.

La mortalidad de la población no es el único factor que explica los patrones de centralización del poder implementados por la Corona. Otros investigadores han subrayado el incentivo de la Corona de contener a élites particularmente poderosas o la necesidad de seguir utilizando a la encomienda en zonas fronterizas donde el control político era tenue, entre otros factores.15 Algo que ilustran estos trabajos es que la decisión de centralizar la autoridad en la América Latina colonial varió drásticamente a través del tiempo y del espacio. En algunas zonas, apenas una o dos décadas después de la Conquista, la Corona ya tenía un control firme y directo sobre las instituciones políticas. En otras, el control fue frágil y fragmentario durante los trescientos años de dominio colonial. La narrativa tradicional sobre la Conquista no enfatiza el largo, complicado y contencioso proceso mediante el cual se establecieron y evolucionaron las instituciones coloniales.

¿Qué lecciones generales se pueden aprender de este caso? Una muy clara es que el establecimiento del dominio español en México no fue en absoluto un proceso claro y lineal que haya iniciado con la derrota del Imperio azteca en 1521 y terminado con el Grito de Dolores en 1810. El grado de control que tenían las autoridades centrales sobre las instituciones coloniales, las élites locales, la Iglesia católica y los grupos indígenas varió mucho a través del territorio y del tiempo. La autoridad real en el imperio se expandía y contraía según factores como la cambiante amenaza de conflictos internos y externos, las exigencias fiscales de las guerras en Europa, el supuesto declive del poder español en el siglo XVII y las reformas borbónicas del siglo XVIII.16 A pesar de su importancia simbólica, la victoria militar de Cortés y sus aliados indígenas en 1521 representó apenas el inicio de un largo proceso a través del cual se estableció y evolucionó el dominio colonial.

Más allá del México y la Latinoamérica coloniales, la historia de la encomienda en la región ofrece algunas lecciones generales sobre la conquista territorial y la centralización del poder. Las autoridades centrales de muchas partes del mundo siguen dependiendo de formas indirectas de dominación para extender su autoridad a zonas que de otra forma sería difícil gobernar.17 La idea de centralizar el poder puede ser atractiva para los gobernantes centrales, pero quienes detentan el poder local por lo general están mejor posicionados para monitorear y controlar a la población de la región, sobre todo cuando el riesgo de resistencia popular es alto. El colapso demográfico en México fue único en su alcance y severidad pero, de manera más general, llama la atención la forma en la que un choque que reduce las amenazas de resistencia y rebelión puede dar pie a la centralización y la consolidación de la autoridad estatal.

Una última lección es que la longevidad y estructura del dominio colonial español no eran inevitables. Como señala Hassig, cuando los tlaxcaltecas y otros aliados indígenas se unieron a Cortés en la lucha contra la Triple Alianza por sus propias razones, no quedaba claro que esa victoria militar desembocaría en el establecimiento del dominio español en lo que hoy es México y en territorios más lejanos durante los siguientes tres siglos.18 Es difícil saber qué habría pasado si las poblaciones indígenas hubieran sobrevivido y si las amenazas de rebelión hubieran seguido siendo altas. Nuestro trabajo —y el de muchos otros— sugiere que la trayectoria del dominio colonial habría sido muy distinta.

 

Francisco Garfias
Profesor investigador de la Universidad de California en San Diego

Emily A. Sellars
Profesora investigadora de la Universidad de Yale

Este texto es una versión del trabajo originalmente publicado en Broadstreet, 7 de junio de 2021, https://broadstreet.blog/

Traducción de Ana Inés Fernández Ayala


1 Para un recuento fascinante de la construcción social y política de los mitos persistentes sobre la expedición de Cortés, véase Restall, M. When Montezuma Met Cortés, HarperCollins, 2018. Un notable ejemplo en español es el proyecto de divulgación histórico Noticonquista (https://www.noticonquista.unam.mx), que conmemora el aniversario, reconstruye ciertos sucesos relacionados con la Conquista y cuestiona algunas de las narrativas predominantes.

2 Hassig, R. Mexico and the Spanish Conquest, University of Oklahoma Press, 2006, p. 183.

3 García Martínez, B. “Encomenderos españoles y British Residents. El sistema de dominio indirecto desde la perspectiva novohispana”, Historia Mexicana, vol. 240, núm. 4, 2011.

4 Knight, A. Mexico: The Colonial Era, Cambridge University Press, 2002, p. 54.

5 La revuelta de los encomenderos en Perú tras la introducción de las Leyes Nuevas amenazó el control de la Corona en esa región. Véase, por ejemplo, el clásico de Lockhart, J. Spanish Peru, 1532-1560: A Social History, The University of Wisconsin Press, 1994, capítulos I y II. Versión en español: El Mundo hispanoperuano, 1532-1560, Mariana Mould de Pease (trad.), Fondo de Cultura Económica, México, D. F., 1982.

6 Díaz del Castillo, B. Historia verdadera de la conquista de la Nueva España, Tomo II, Editorial Pedro Robredo, 1939, capítulo CLXVI.

7 Garfias, F., y Sellars, E. A. “From Conquest to Centralization: Domestic Conflict and the Transition to Direct Rule”, The Journal of Politics, vol. 83, núm. 3, 2021. Una versión de libre acceso se puede consultar en: http://franciscogarfias.com/DirectRule.pdf

8 Por ejemplo: McCaa, R. “Was the 16th century a demographic catastrophe for Mexico? An answer using non-quantitative historical demography”, 1995, https://users.pop.umn.edu/~rmccaa/noncuant/democat0.htm

9 Katz, F. “Las rebeliones rurales en el México precortesiano y colonial”, en Friedrich Katz (comp.), Revuelta, rebelión y revolución: la lucha rural en México del siglo XVI al siglo XX, Paloma Villegas (trad.), Era, México, 1990, p. 80.

10 Según el análisis de Manuela Cristina García Bernal, la evolución demográfica de la población indígena en Yucatán fue distinta a la del centro de México. Después de un descenso moderado entre 1550 y 1600, la población se recuperó en la primera mitad del siglo XVII. La población maya disminuyó drásticamente más tarde, durante la segunda mitad de este siglo, debido a “una serie de calamidades” causadas por una epidemia devastadora (p. 111). García Bernal, M. C. Población y encomienda en Yucatán bajo los Austrias, Escuela de Estudios Hispano-Americanos, Sevilla, 1978, capítulos II, III, y V.

11 Por ejemplo, el propio sistema de encomiendas pudo haber exacerbado la mortalidad. Charles Gibson, entre muchos otros, describe el sistema laboral coercitivo, las restricciones de movilidad interna y la sobreextracción tributaria que imponía la encomienda en Los aztecas bajo el dominio español, 1519-1810, Julieta Campos (trad.), Siglo Veintiuno, México, 1975, pp. 81-84.

12 Ver Acuña-Soto, R.; Stahle, D. W.; Cleaveland, M. K., y Therrell, M. D. “Megadrought and Megadeath in 16th Century Mexico”, Emerging Infectious Diseases, vol. 8, núm. 4, 2002; y Vågene, Å. J.; Herbig, A.; Campana, M. G.; Robles García, N. M.; Warinner, Ch.; Sabin, S.; Spyrou, M. A.; Andrades Valtueña, A.; Huson, D.; Tuross, N.; Bos, K. I.,  y Krause, J. “Salmonella Enterica Genomes From Victims of a Major Sixteenth-Century Epidemic in Mexico”, Nature Ecology & Evolution, vol. 2, núm. 3, 2018.

13 Acuña-Soto, R., y otros, ob. cit.

14 Sellars E. A., y Alix-Garcia, J. “Labor Scarcity, Land Tenure, and Historical Legacy: Evidence from Mexico”, Journal of Development Economics, vol. 135, 2018.

15 Ver, por ejemplo, Yeager, T. J. “Encomienda or Slavery? The Spanish Crown’s Choice of Labor Organization in Sixteenth-Century Spanish America”, The Journal of Economic History, vol. 55, núm. 4, 1995; y Pastore, M. “Government, Taxation, Coercion, and Ideology: A Comment on Yeager”, The Journal of Economic History, vol. 58, núm. 2, 1998.

16 Ver, por ejemplo, Arias, L. M. “Building Fiscal Capacity in Colonial Mexico: From Fragmentation to Centralization”, The Journal of Economic History, vol. 73, núm. 3, 2013; Guardado, J. “Office-Selling, Corruption, and Long-Term Development in Peru”, American Political Science Review, vol. 112, núm. 4, 2018; y Garfias, F. “Elite Coalitions, Limited Government, and Fiscal Capacity Development: Evidence from Bourbon Mexico”, The Journal of Politics, vol. 81, núm. 1, 2019.

17 Para descripciones detalladas de esas formas institucionales y ejemplos históricos y contemporáneos, véase, por ejemplo, Gerring, J.; Ziblatt, D.; Van Gorp, J., y Arévalo, J. “An Institutional Theory of Direct and Indirect Rule”, World Politics, vol. 63, núm. 3, 2011; y Naseemullah, A., y Staniland, P. “Indirect Rule and Varieties of Governance”, Governance, vol. 29, núm. 1, 2014.

18 Hassig, R., ob. cit.

 

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