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Todos somos bien conscientes de la fragilidad de las oposiciones en esta dramática coyuntura por la que atraviesa el país, en la que el covid ha segado cientos de miles de vidas y otros más, el crimen organizado. El gobierno tiene una responsabilidad muy grande en el desastre sanitario, y no deja de ser un enigma que ni siquiera en estas condiciones las oposiciones no hayan logrado consolidar un frente amplio al que pudieran acogerse aquéllos que perdieron a seres queridos mientras el presidente decía que había que espantar al virus con un escapulario y una matraca. Hay muchas otras causas de descontento: el desempleo, el deterioro de la economía familiar, las escuelas cerradas, las decisiones irracionales y arbitrarias de funcionarios, como Marx Arriaga, quien sustituyó los libros de texto gratuitos porque sí y con una versión de mala manufactura y plagada de errores. Sin embargo, las oposiciones siguen mirándose la una a la otra, absortas en un diálogo sordo, sin ocuparse de los ciudadanos. La fuerza del presidente hoy proviene de la debilidad de las oposiciones más que de sus cualidades personales.

Ilustración: David Peón

Las oposiciones partidistas son un archipiélago heterogéneo que se mueve sin orden ni concierto; se deja sólo arrastrar por los movimientos del presidente, pero no se ha puesto a construir nuevos liderazgos y tampoco ha diseñado respuestas para enfrentar al presidente en terrenos cruciales para un gobierno, como son el Estado de derecho, la seguridad o la salud.

Pasadas las campañas electorales y la renovación de diputados, alcaldes, munícipes y gobernadores, las oposiciones parecen ociosas, pero sobre todo débiles frente a un presidente que parece fuerte. Si esta combinación sólo fuera un asunto de apariencias, sus consecuencias serían limitadas, pero oposiciones débiles invitan al ejercicio autoritario del poder presidencial y si esta dinámica no se topa con freno alguno, entonces estamos en la vía rápida al establecimiento de un régimen dictatorial, en el que lo que menos importa es la legitimidad de las decisiones del poder.

El presidente abona esta trayectoria, como si una de sus principales determinaciones fuera socavar a las oposiciones. Desde el inicio de su gobierno ha hecho todo por desacreditarlas y se ha justificado con un argumento autoritario impecable: las oposiciones deben ser castigadas retroactivamente por sus pecados ideológicos. Pero ahora ha recurrido a métodos menos rudos y más insidiosos para destruirlas: ha puesto en práctica la seducción, ha atraído a miembros de la oposición despertando su apetito de poder. Así, ha nombrado embajador en España a Quirino Ordaz Coppel, el exgobernador priista, empresario del sector turístico que tendrá todas las oportunidades de promover los negocios turísticos; y al gobernador panista de Nayarit, Antonio Echevarría, lo ha invitado a incorporarse como su asesor a la Presidencia de la República. De esta manera ha sembrado la esperanza en el corazón de otros miembros de la coalición PRI-PAN-PRD de que los invite a ocupar algún cargo.

La implicación más importante de esta nueva estrategia es que, muy a pesar de los esfuerzos del presidente de presentarse como un político purista y riguroso, intransigente cuando de sus ideales se trata,hoy sabemos con certeza que como cualquier político cuyo interés primordial es controlar el poder está negociando con otros actores, y si lo hace con los opositores no es para entablar un diálogo constructivo, sino para abrir un boquete en la coalición.

En todo caso, el presidente quiere una oposición a modo; quiere dictar su contenido, definir su perfil. La mala noticia para la democracia mexicana es que las oposiciones son de arcilla y se dejan hacer por las ideas desordenadas, las arrogantes autodefiniciones y las súbitas acusaciones de Andrés Manuel López Obrador.

 

Soledad Loaeza
Profesora-investigadora emérita de El Colegio de México. Investigadora emérita del SNI. Obtuvo el Premio Nacional de Ciencias y Artes 2010. Su más reciente libro es A la sombra de la superpotencia. Tres presidentes mexicanos en la Guerra Fría, 1945-1958 (en prensa).

 

Un comentario en “Cañoneo contra la oposición

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