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Existe un ave a la que llaman caradrio; se dice en el Deuteronomio que no debe comerse (Dt, 14). El Physiologus dice que es completamente blanca, que no tiene nada negro y que el excremento de su intestino cura el endurecimiento de la vista. Todos los que están impedidos por la enfermedad pueden saber por esta ave si vivirán o morirán. Si, en efecto, se trata de una enfermedad mortal, el caradrio aparta inmediatamente su rostro de aquel hombre, y no cabe duda de que morirá. Si, al contrario, debe fortalecerse y curarse, el caradrio le mira atentamente y, acercándose a él, le pone el pico en la boca y mediante su aliento absorbe toda la enfermedad en su propio cuerpo; después, se echa a volar hacia el sol, quema la enfermedad y la dispersa, y el enfermo se cura, y queda sano y salvo.

Fuente: Bestiario medieval. Edición a cargo de Ignacio Malaxecheverría. Ediciones Siruela, Madrid, 1986.

 

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