Reforma Bartlett, cimentar en mentiras (parte II)

La semana pasada inicié el análisis de los argumentos de Bartlett para proponer una reforma constitucional. Los cuatro analizados en la edición anterior parecen falaces, pero no son los únicos y vale la pena revisar los siguientes.

Manuel Bartlett pone tres ejemplos de la ventaja de tener condiciones de una empresa monopólica, pero de nuevo parecen falacias.

Empieza hablando del metro y de la capacidad rápida que hubo para recuperar el suministro eléctrico después de un siniestro.

¿Es real? Sí, fue una buena capacidad de respuesta, pero vale la pena señalar dos cosas: primero, el único encargado de dar el servicio público de distribución de energía eléctrica en este país es la CFE. Pero si las obras fueron dentro del metro, y no en las redes públicas, las pudo hacer cualquier otro contratista. ¿Pudo ser más rápido, más barato? Puede ser, pero nunca lo sabremos porque por la emergencia no se licitó. Y sí, al final la CFE lo hizo por un pago, igual que cualquier privado. Para mantener las capacidades operativas ante emergencias no se requiere hacer cambio alguno al marco jurídico actual. Segundo, el servicio del metro es un monopolio del Estado. El siniestro se dio por falta de mantenimiento, derivado de falta de inversión. O sea, tener un monopolio propiedad del Estado en algo tan importante como energía o transporte público masivo no es sinónimo de eficiencia, como lo quiere hacer ver Bartlett.

Ilustración: Víctor Solís

Otro ejemplo que puso el director de la CFE fue el del apagón por falta de gas en Texas en febrero de este año. Dijo que gracias al monopolio se recuperó el suministro eléctrico antes que Texas. Hay dos cosas que decir al respecto. Primero, si bien hubo generadoras de la CFE que fueron importantes para recuperar la capacidad de generación, no se habría recuperado la capacidad de abastecer al sistema sin los generadores privados, principalmente Productores Independientes de Energía de ciclo combinado que aportaron mucha energía al sistema. Pero además, los únicos proyectos que la CFE tiene este sexenio son seis centrales de ciclo combinado, las cuales incrementarían la dependencia al gas natural texano.

El último ejemplo que puso Bartlett fue el del apagón de diciembre. Cuidado aquí. Del dictamen que dieron los especialistas sobre el apagón de diciembre podemos encontrar muchos factores que influyeron en el incidente y que, por su naturaleza, caen en la responsabilidad de la CFE en tanto monopolio de Estado en transmisión. La falta de mantenimiento bajo las líneas, la falta de infraestructura de comunicación en la red, la falta de redundancia en una línea que estaba en planeación pero no se ha concretado, entre otras fallas, fueron las que permitieron que el supuesto incendio —“comprobado” mediante un oficio falso— haya tenido un efecto tan amplio en el sistema eléctrico. De hecho se acusó a una empresa de haberse conectado de forma irregular a la red, cuando la responsabilidad de que se haya conectado así —si es que es cierto— recae en instituciones del Estado y en actividades que por ley no puede hacer un privado.

Resulta por lo menos curioso que los ejemplos de Bartlett para fortalecer un monopolio de Estado sean ejemplos en los que el Estado falló (el metro, el apagón de diciembre), o en los que fue rescatado en buena medida por privados (el apagón de febrero). El gran argumento de que el gobierno es bueno porque teóricamente busca el bien del pueblo, mientras que los privados buscan el lucro, pierde cualquier fundamento en los hechos.

Su discurso tuvo un par de mentiras plenas, como decir que el disturbio de febrero pasado le costó 70 millones de pesos a la CFE cuando tiene demandas por 400 millones de dólares derivadas de este asunto. Finalmente, el director de la CFE engaña con la verdad al decir que la encomienda que tiene es que no suban las tarifas eléctricas y que así ha sido. La realidad es que los costos de la energía han bajado en general, excepto por el asunto de febrero pasado, pero se pudo haber bajado las tarifas en este tiempo y, en lugar de eso, se modificaron metodologías para que la CFE pudiera seguir cobrando alto.

Como vemos, no hay argumentos económicos o técnicos para hacer una enmienda a la Constitución y darle poder a un monopolio, pero el mismo Bartlett se sinceró en su discurso y dijo su objetivo real al citar: “Se dice que quien controla el sector energético de un país, controla el país”. Sobre eso hablaremos la siguiente semana en el tercer artículo de esta serie.

 

Víctor Florencio Ramírez Cabrera
Vocero de la Plataforma México Clima y Energía

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Publicado en: Energía