Reforma Bartlett: cimentar en mentiras (parte I)

Días antes de iniciar las sesiones del Congreso, los diputados de cada partido se reúnen para acordar qué temas pretenden legislar. Algunos traen a expertos; otros, a funcionarios públicos que les explican la situación que guarda algún sector. En esta ocasión, el partido en el gobierno llevó a Manuel Bartlett a exponer la reforma constitucional que el presidente enviará este mes para intentar modificar el sector eléctrico. El periódico El Universal recogió el discurso de Bartlett. Vale la pena analizarlo, pues parece que será el fundamento o la exposición de motivos de la reforma.

Ilustración: Patricio Betteo

Van sus argumentos y un análisis punto por punto:

1. “Si no tenemos una empresa eléctrica propia de la nación que garantice tarifas eléctricas y un abasto estaríamos perdidos”.

Antes que nada, ya hay un ente del Estado que controla el sistema eléctrico, el Centro Nacional de Energía. Pero, siguiendo la lógica de Bartlett, ¿cómo explicamos que las grandes potencias económicas no sólo no se hayan perdido sino que se han desarrollado sin tener un monopolio público y permitiendo la participación de privados en su sector eléctrico? En México, tenemos un modelo híbrido que permite la participación privada a la vez que se resguardaba el monopolio para transportar y distribuir energía eléctrica en una empresa pública, la CFE, por lo que no se requiere cambio alguno para garantizar el abasto. El problema de regresar a un monopolio es que vamos a encarecer la energía y nos costará más a los mexicanos —cada megawatt-hora de la CFE nos cuesta 1687 pesos en promedio, contra 619 pesos de privados, según datos de la Comisión Reguladora de Energía (CRE) de agosto de este año—.

2. “Quienes impulsan o limitan la inversión son los intereses privados”.

Primero, ¿quién impulsa la inversión? El consumo, y el consumo lo hace el Estado: gobierno, sociedad e iniciativa privada. Si se consume más o hay oportunidades de negocio (porque alguien puede dar precios más bajos que su competencia), hay inversión. Pero además el gobierno tiene herramientas para impulsar la inversión, como las subastas. Finalmente, nada limita que el gobierno pueda invertir. Y aquí hay que ser claros, quien limitó la inversión fue este gobierno mediante bloqueos por fuera de la ley, desde la CRE. Por lo tanto, esta segunda premisa es falsa.

3. “El sistema está en contra de México, el sistema que hoy nos rige nos regresa a los años treinta”.

Hay dos errores aquí. El primero es que el sistema está a favor de los mexicanos y de que tengamos acceso a servicios más eficientes en materia energética. Para eso usa la competencia económica, que además fue exitosa al lograr el récord a los costos de energía más bajos a nivel mundial. Ahora, si tu proyecto de empresa es no ser eficiente ni competitivo, es obvio que pienses que el sistema está en tu contra. Pero en realidad el sistema está a favor del usuario. Por otro lado, el sistema actual y sus objetivos no tienen absolutamente nada que ver con el de 1930. La única coincidencia es el nombre de la ley, pero nada de su contenido. El sistema eléctrico de 1930 consistía en una serie de monopolios privados repartidos por el país, desconectados, cada uno con sus valores de trabajo propios (frecuencia, voltaje). Se encargaban de generación, transmisión, distribución y comercialización de forma integral en su zona de operación. El marco legal actual mantiene dos monopolios en manos del gobierno: el transporte y la distribución de energía eléctrica. No hay forma de que se reconfigure algo parecido a los años treinta del siglo pasado.

4. “Si el Estado tiene el control del sector eléctrico se prioriza el beneficio colectivo, a diferencia del sector privado, el cual sólo busca ganancias”.

Esta sentencia se basa en la hipótesis de que la empresa privada y la pública son igual de eficientes, pero la privada usa su eficiencia para ganar dinero y la pública para beneficio del pueblo. La realidad es que la empresa pública, en México por lo menos, no ha sido del todo eficiente. Muestra de ello es la diferencia de precios de energía. Por ejemplo, generadores de ciclo combinado privados —como los Productores Independientes de Energía (PIE)— tienen costos de energía de menos de la mitad que la CFE con la misma tecnología (849 pesos MWh de privados; 1542 pesos MWh de la CFE en abril de este año). O sea, el modelo de competencia económica permite que, incluso con ganancias, sea mucho más económico usar generación privada que generación propiedad del gobierno. Con estos datos duros, la premisa de Bartlett se desvanece, y los privados terminan por ser los que priorizan el beneficio colectivo con energía más barata disponible y todo lo que eso significa: inversión, empleo, crecimiento económico.

Hasta aquí la primera parte del análisis del discurso que busca cimentar la reforma constitucional que pretende presentar el Ejecutivo. Como podemos ver, las premisas son ajenas a la realidad y son más bien posturas ideológicas que se alimentan de datos equivocados.

Esto quiere decir que, en tres años de ejercer el poder, no han sido capaces de encontrar los verdaderos espacios de oportunidad del modelo —y entonces se presenta un “nuevo modelo” basado en falacias. ¿Para qué? De eso platicaremos la semana siguiente.

 

Víctor Florencio Ramírez Cabrera
Vocero de la Plataforma México Clima y Energía

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Publicado en: Energía

Un comentario en “Reforma Bartlett: cimentar en mentiras (parte I)

  1. Victor RAMIREZ, más claro ni el agua envasada!!! Esperamos la segunda parte. Muy interesante! Gracias

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