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Desde Nueva York, el día 23 (enero, 1960) pusieron a mi disposición un Cadillac con chofer y un ingeniero turinés para que me hiciera de guía en Poughkeepsie, en Westchester, donde está la gran fábrica de la IBM. Es una fábrica con diez mil personas, como una ciudad fortificada medieval; delante hay un enorme espacio para estacionar cuatro mil coches (estos inmensos estacionamientos de coches azules y grises que se ven al salir de Nueva York son una de las cosas que mejor da el color de Norteamérica.) Me recibe un grupo de managers y primero me explican toda la organización de la fábrica y una de las primeras cosas que me explican es que allí no hay sindicato (Union). Naturalmente pregunto que cómo es eso: “They don’t need them”, me responden. De hecho, todos están mejor pagados que en cualquier otra parte; hay un paternalismo declarado, con el retrato de Mr. Watson colgado por todas partes. Luego me enteraré de que en el cumpleaños de Mr. Watson todos los departamentos fueron invitados a la fiesta con una carta mimeografiada en la que se les explicaba que si no tenían vehículo para ir a la fiesta ellos y sus mujeres, un coche proporcionado por la dirección iría a recogerlos a la hora tal; si la mujer no tenía traje de noche, la dirección se lo proporcionaría; el servicio de baby-sitter también estaba asegurado esa noche, y en la mesa número tal estaban reservados para ellos los sitios tal y cual; y que, cuando entrase el señor Watson, debían ponerse de pie y cantar la siguiente cancioncilla sobre el conocido motivo, etc.; y venían los versos de un estribillo a favor de Mr. Watson. Pero todo esto no tiene nada que ver; he visitado la fábrica, me han explicado sobre todo los cores de que está hecha la memoria y también he aprendido cómo a través simplemente de carga positiva en los cores pueden representar cualquier número y letra, y el modo en que se fabrican esos pequeñísimos transistor, y luego he visto la Ramac, que es la que realiza las operaciones, incluso con datos introducidos al azar, es decir: no en un orden establecido. Bellísimas máquinas con esas cascadas de hilos de bellísimos y variados colores, con efectos de gran pintura abstracta. Estuve de lunch con algunos managers e investigadores, sin bebidas alcohólicas porque Mr. Watson tiene prohibido el alcohol en la fábrica. He visitado los laboratorios; una arquitectura bellísima, más que en Olivetti, y con las paredes de las salas móviles, de modo que se pueden lograr ambientes de las dimensiones deseadas, y la organización de la investigación es formidable, separada de la producción. En su conjunto, la organización de la fábrica es muy funcional, aunque cuando te hacen en la pizarra el esquema de la estructura de la fábrica, más arriba de Mr. Watson continúan la línea y dicen: God. Muerto de sueño, me explicaron ese problema, el de los aisladores. También vi la escuela, muy bonita. La gente: hay dos tipos, el tipo manager, que verdaderamente da mucho miedo, y el tipo que llamaríamos olivettiano, pero naturalmente no he logrado comprender las relaciones y la dialéctica entre ambos tipos. Era muy bonito ver a todos aquellos matemáticos y físicos en sus celditas con sus pizarras verdes. Naturalmente, mano de obra trabajadora muy calificada, ritmo de trabajo muy tranquilo; muchas mujeres, todas gordas, todas feas (la mujer guapa aquí, como en las ciudades italianas, ya se limita sólo a algunos estratos sociales.) Muchas cajas de dulces en todas las mesas de trabajo: es Navidad. En medio de los cerebros electrónicos, adornos y mensajes navideños; los altavoces transmiten al personal de la técnica más avanzada del mundo christmas carols, obsequio de la dirección IBM.

Fuente: Italo Calvino, Ermitaño en París. Páginas autobiográficas. Traducción Ángel Sánchez-Gijón. Siruela, Madrid, 1994.

Fotografía: NASA Ames Resarch Center (NASA-ARC) en dominio público

 

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