Björk en paz

El Islandés pasaba los días con las manos hechas una sopa. Con todo y sus muchos años por acá, las rémoras invernales de Rejkjavic no lo dejaban. Nuestro país le seguía saliendo caluroso, pero así le gustaba. "Un país donde no se suda sin necesidad de trabajar no es país", decía. Por eso vino a principios de los setentas, y por eso se quedó sin pensarlo dos veces. Ni siquiera una. Levó amarras -de por sí muy flojas- con su patria y se quedó, primero en Nayarit y luego en el Valle de Anáhuac -por mentarlo líricamente, como a él le gustaba.

Este artículo está disponible sólo para suscriptores

Si ya tienes una suscripción puedes iniciar sesión aquí.

Suscríbete

 

Suscripción Plus

Suscripción plus
(impresa y digital)

1 año por $ 799 MXN

Entrega de la edición impresa*
Lectura de la versión impresa en línea
Acceso ilimitado al archivo
Contenidos especiales

Suscríbete

*Para envíos internacionales aplica un cargo extra, la tarifa se actualizará al seleccionar la dirección de envío

 

Suscripción Digital

Suscripción digital

1 año por $ 399 MXN

Lectura de la versión impresa en línea
Acceso ilimitado al archivo
Contenidos especiales

Suscríbete

¿Eres suscriptor de la revista y aún no tienes tu nuevo registro?

Para obtenerlo, sólo tienes que validar tus datos o escribe a soporte@nexos.com.mx.

Escribe tu correo para recibir el boletín con nuestras publicaciones destacadas.


Publicado en: 1990 Agosto