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“La vida de los escritores es toda ansiedad y ambición”, escribió Martin Amis en Visitando a Mrs. Nabokov y otras excursiones. Los retratos que hace de artistas y escritores son artificios cuya meta es el labrar un espejo a través de la imagen y de las palabras de otros. La habilidad de Amis para someter a sus interlocutores, sean Asimov, Burgess o Polanski, a una especie de juicio sumario es excepcional. Los expone y se expone. A mí me resultó antipático.

Ilustración: David Peón

Los libros de entrevistas centrados en entrevistas se impusieron en mi gusto desde que era joven. Los prefería sobre otros géneros porque deseaba ser escritor y en ellos encontraba un catálogo de vanidades, personalidades y tramados verbales que me dejaban asombrado. “¿Qué clase de personas son los escritores?”, me preguntaba entonces. Malvados, vanidosos, verdaderos sacos de prejuicios y miedos, ¿qué más? Y, sin embargo, el tiempo amplió mi debilidad por las entrevistas hasta los ámbitos de la ciencia, la filosofía y el arte, de manera que la entrevista o la charla publicada se tornó una saludable adicción para mi espíritu.

Así las cosas, cuando tuve en mis manos El origen eléctrico de todas las lluvias. Entrevistas con escritores, artistas y pensadores, de Alejandro García Abreu, me sentí de inmediato impulsado hacia su lectura. Mi curiosidad es una cuenta que no he podido saldar y varios de los entrevistados en este volumen merecen más que una esmerada atención. Sobra explicar que acerca de un libro tan vasto no puede decirse casi nada, puesto que en sí mismo es ya un mundo de voces, reflexiones, posturas, divagaciones y honduras que impiden una opinión eficaz o, más bien, una impresión que se encuentre a la altura de su enorme diversidad. No es posible engullir el infinito, como pensaba Flaubert, pero sería un desperdicio renunciar a entrar de lleno en sus páginas.

Hay que acentuar el hecho de que Alejandro García Abreu es un entrevistador implacable en su erudición y conocimiento de la obra de sus convidados. Es un conversador, sí, pero en ocasiones también un interrogador preciso que no se rinde a la hora de extraer el máximo provecho de sus entrevistados. Como contraparte a su esmero Gilles Lipovetsky fabrica un ensayo sobre el lomo de cada pregunta; Jorge Edwards charla con ligereza y pasión sobre Kafka y Montaigne; James Ellroy masculla respuestas ensayadas desde su antipatía; António Lobo Antunes, apasionado del tabaco, se convierte, de pronto, en un personaje de Julio Ramón Ribeyro; Paul Krugman me recuerda a Guillermo de Ockham cuando hace un elogio de la simplicidad contra las complicaciones inútiles de toda doctrina intelectual; y un número intimidante de escritores y artistas se suman en este libro al mundo alucinante de las palabras y las cosas.

En la entrevista el lenguaje abre el camino a la interpretación. El lector conversador encuentra a sus pares, se sorprende, se decepciona o reafirma sus intuiciones. El fanático, el perverso y el observador, el estudioso o el despistado se acercan a esta clase de libros de distinta manera. La entrevista es movimiento indeterminado y conocimiento; también chorcha y despilfarro. Las conversaciones entre Lawrence Grobel y Truman Capote; las charlas sostenidas por Bryan Magee y los filósofos más importantes del siglo XX; los encuentros con un número apreciable de científicos prominentes que dan forma al libro de entrevistas de Carlos Chimal, Luz interior; más un buen número de volúmenes dedicados al cultivo de este género literario. A ellos sumo ahora El origen eléctrico de todas las lluvias. Buena noticia para esta añeja adicción.

 

Guillermo Fadanelli
Escritor. Entre sus libros: El hombre mal vestido, Fandelli, Mis mujeres muertas y Mariana Constrictor.