A quien nos lee,
si quieres apoyar nuestro trabajo te invitamos a suscribirte a la edición impresa.

SUSCRÍBETE

Sería interesante saber cuántos viejos, con más de setenta y cinco años, son felices la mayor parte del tiempo. Dicha idea no pasa de ser una idea; son demasiados los rubros a considerar: estatus económico, relaciones sociales y familiares, enfermedades previas, salud emocional, situación del país en el cual se vive, ocupación, etcétera.

Ilustración: Izak Peón

El tinglado previo guarda relación con uno de los principales logros de los sistemas de salud: el incremento en la longevidad es orgullo de salubristas. Hoy, en Occidente, la esperanza de vida rebasa los ochenta años, mientras que en la Edad Media era de 30 y a inicios del siglo XX alcanzaba los 55. La esperanza de vida habla de cantidad no de calidad. ¿Cuántos viejos son felices? En sociedades ricas el porcentaje debe ser mayor que en las pobres: cuando la pobreza domina es (casi) imposible, sobre todo en la vejez, ser feliz.

Comparto notas y preguntas. Muchas se vinculan con envejecimiento y retiro. No todas las personas de la tercera edad desean retirarse ni existe consenso universal en la edad de corte: ¿65?, ¿70?, ¿cuándo?; eso debería depender de cada persona. No es así. El “cuándo” lo determinan los patrones y la capacidad de producción. Las notas, preguntas y dudas son vastas. No ofrezco respuestas. Enlisto nueve.

1. En la era preindustrial las personas trabajaban tantos años como el cuerpo lo permitía.

2. “Antaño” la experiencia y sabiduría acumulada por las personas mayores de edad eran valoradas y respetadas.

3. La calidad de vida de los viejos en los siglos XIX y XX era mejor para quienes trabajaban en el campo; las exigencias hacia los empleados en industrias mermaban la calidad de vida.

4. La idea de pensionar a los viejos y permitirles (o exigirles) que se retiren es arbitraria: primero se fijó en 70 años, después en 65 y en algunas naciones en 60. No hay encuestas que expliquen cuántas personas retiradas gozan cuando ingresan al “espacio retirados”. Recuerdo unas líneas de una novela. Un viejo atribulado comenta con su nieto: “A diferencia de lo que les sucede a ustedes, los jóvenes, a los viejos nos sobra tiempo”.

5. Hace poco más de un siglo, 75 % de las personas mayores de edad trabajaban. En los ochenta del siglo pasado sólo laboraba el 7 %.

6. En Preparing for the late years de G. P. Mulley, tras señalar que retirarse es una imposición reciente, el autor subraya un hecho trascendental: a diferencia del nacimiento, la confirmación en el cristianismo, el bar mitzvá en el judaísmo o el matrimonio, retirarse conlleva, con frecuencia, sucesos negativos como mermas económicas, modificaciones en el ritmo de vida, cambios en el estatus social y menor contacto con los compañeros de trabajo.

7. Conforme se envejecen, las personas requieren mayor contacto social/humano. En la sociedad moderna, el tiempo enjuto impide que hijos y seres cercanos ofrezcan parte de su tiempo para acompañar a sus progenitores.

8. Cuando una de las personas se retira, la dinámica con el cónyuge se modifica. Compartir tiempo y espacio suele ser complejo.

9. Las mermas económicas y la menor independencia se acompañan de otros problemas. Los siguientes datos no requieren explicación: después de los 75 años, 64 % de mujeres y 30 % de hombres habían perdido a su cónyuge.

La vejez es un fenómeno moderno. La ciencia médica, apoyada en avances sociales y tecnológicos, proseguirá su camino. El porcentaje de personas pertenecientes al rubro “tercera edad” aumentará. No cuestiono el progreso de la ciencia ni propongo que las personas vivan menos. El quid es otro: junto al progreso científico, las ciencias sociales deben proveer a las personas mayores instrumentos para vivir mejor. El ejemplo del retiro ilustra bien las dismetrías entre ciencia y felicidad.

 

Arnoldo Kraus
Profesor en la Facultad de Medicina de la UNAM. Miembro del Colegio de Bioética A. C. Publica cada semana en El Universal y en nexos la columna Bioéticas.

 

13 comentarios en “Vejez: notas, preguntas, dudas

  1. La vejez plantea preguntas que no necesariamente son las mismas en todas partes, vgr., en Japón disfrutan de un respeto que no se conoce en Mėxico; ya sabemos que en el mundo moderno existe un culto a la juventud y en la propaganda comercial son retratados con una sonrisa estúpida que refleja su » felicidad». Hay mucho por discutir y por hacer respecto a la vejez en nuestro país, un ejemplo es la vida sexual de los adultos mayores, hasta ahora un tema tabú. Llama la atención el caso sueco según el cual -de acuerdo con la prensa- en la zona roja los viejos son perseguidos por la policía.

    • Saul:
      No creo que sea veraz lo que comentas acerca de Suecia. Lo que es cierto es que intentan prohibir, con buenos resultados la prostitución. Y sí, por supuesto, en algunos países la vejez no es tan incomoda como sucede en otras naciones. En países pobres los viejos se la pasan mal por la pobreza, pero, en general, tiene compañía. En países ricos sufren por el abandono familiar aunque tienen»buena protección» del estado. Compleja situación. Y bueno: complejo el ser humano. Meta ansiada de los sistemas de salud es incrementar la longevidad. La pregunta es, ¿vale la pena?
      Saludos afectuosos,
      Arnoldo

  2. En suecia se persigue al cliente no a las prostitutas; en un reportaje de El País un viejo es perseguido en la zona roja. No conozco Suecia, dije que la sexualidad de los viejos en México es un tema Tabú. Como en el coro de brujas de Macbeth: «lo bueno es malo, lo malo es bueno». En la CDMEX si una joven me trata con simpatía puedo recibir agresiones de muchachos, estoy harto de este país. En la Ciudad de San Francisco las mujeres me regalan sonrisas y cortesía: soy «Sir» , no me señalan como un viejo Dandy. Los viejos debemos ser respetados en todos nuestros derechos y eso incluye la sexualidad y el flirteo que en ocasiones las jóvenes nos regalan. En paises bajos, por otra parte, admite el suicidio asistido para aquellos cansados de vivir. México es mal lugar para envejecer, lo detesto, no es agradable que una mujer vieja me grite en la calle «viejo mañoso» con amenazas físicas. México no es país para viejos. Sé que soy una voz aislada. ¡me corrieron de una cafetería! Basta. Es todo. Saludos.

  3. Conocí a un tipo, que me contaron, se ufanaba de atropellar ancianos con su automóvil. El odio a los viejos – hombres y mujeres- carece de un bocablo que lo enuncie, hace grado es la ignorancia de la sociedad sobre estas cuestiones.

  4. Fe de erratas vocablo por bocablo. Es grave el desconocimiento de la sociedad sobre estas cuestioned. Gracias, saludos como siempre.

    • Saúl:
      La triste anécdota que compartes, ¿es veraz? Yo no lo creo. Si lo hacía y lo contaba, ¿a quién se lo contaba?, y, en caso afirmativo, ¿qué hacían las personas con esa información?, ¿se convertían en cómplices?
      Saludos,
      Arnoldo