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Para  Margarita, Danae, Sofía, Lucero, Marialú, Malinally, Mariangie y a todas y cada una de las mujeres que luchan por el derecho al cuidado digno y el tiempo propio.

En la conmemoración del Día Internacional de la Mujer, dedico este texto a mis compañeras, amigas y cómplices. Mujeres que día a día enfrentan a una sociedad que sigue asumiendo el trabajo de cuidados como una “labor femenina”. Mujeres que se enfrentan simultáneamente al “cuidarismo” y al patriarcado.

Aún recuerdo la manifestación del 8 de marzo pasado, cuando el coronavirus y el aislamiento nos amenazaban pero se percibían aún lejanos. Recuerdo a todas las compañeras que no pudieron salir a marchar ni parar al día siguiente porque se quedaron cuidando a alguien o porque requerían de cuidados y no tuvieron quien se los proporcionara.

Recuerdo a quienes no pudieron, no pueden ni podrán, permitirse tiempo para parar, manifestarse, marchar, gritar o exigir porque están cuidando a otros. Gracias a ellas por ser y por resistir.

Después de pasar meses encerrada debido a la pandemia, decidí abrir una recaudería: un negocio pequeño pero absorbente que ha modificado mi dinámica y se ha sumado a mis otras actividades, entre ellas la de cuidadora. Es imposible plasmar lo mucho que mi vida se ha transformado durante el último año. Al impacto económico y familiar se suman las afectaciones emocionales y a la salud mental, estas últimas las más fuertes para mí.

Ilustración: Kathia Recio

Cuidar en tiempos de pandemia constituye un reto mayor que hacerlo en tiempos de relativa “normalidad”. Como dice Alejandra Lepaspi, antes de la pandemia, el trabajo del cuidador se podía dividir entre varias personas, pero “dada la naturaleza del virus covid-19, hay momentos en que el cuidado del enfermo recae únicamente en el cuidador primario”; cualquier actividad y opción fuera del hogar es imposible.

La carga de trabajo, el estrés y agotamiento se han potenciado. Se redujeron las opciones de recreación y las oportunidades de disfrutar del tiempo propio. Las cuidadoras estamos agotadas. Por fortuna, una de las consignas más fuertes del movimiento feminista en este momento es la defensa del derecho al cuidado digno y el tiempo propio, la desfeminización del trabajo de cuidados y el reconocimiento del cuidado como una labor de Estado.

Si bien el feminismo actual ha visibilizado a las cuidadoras y a los sujetos de cuidados, es necesario enfrentar al “cuidarismo” que a veces se asoma en el movimiento: las actitudes negativas, desvalorizantes y discriminatorias a las que nos enfrentamos quienes cuidamos y que tienen una carga desproporcionada hacia las mujeres.

Pensar que las mujeres que cuidamos lo hacemos porque “no tenemos otra opción”, que es nuestra obligación o que “no somos lo suficientemente buenas para dedicarnos a otra cosa”, son manifestaciones comunes del cuidarismo. Dentro de los grupos feministas a veces encontramos mujeres que reproducen estos discursos y consideran al cuidado como algo cercano a lo indigno, que es resultado del sometimiento y se manifiesta como forma de violencia.

Este año, desde la colectiva Yo Cuido México, hemos continuado nuestra lucha por la reforma al artículo 4 constitucional para el reconocimiento del derecho al cuidado digno y el tiempo propio, así como a la construcción del Sistema Nacional de Cuidados. También impulsamos que a quienes de personas en situación de dependencia se les otorguen todas las facilidades para desempeñar su labor en tiempos de pandemia. Interpusimos una queja el ante la Comisión Nacional de los Derechos Humanos (CNDH), por la discriminación de la Secretaría de Salud a las personas con discapacidad y a quienes están a cargo de su cuidado.

La crisis derivada del covid-19 ha revelado al trabajo de cuidados como una labor indispensable y a su reconocimiento como un acto de justicia social. La pandemia ha obligado al Estado y a la sociedad a enfrentar una realidad que se esforzaban por ignorar: el cuidado es el sostén de la humanidad, todos necesitamos de él. Mi expectativa para este 2021 es que hayamos aprendido la lección y entendido la importancia del trabajo de cuidados, de la dignidad y del afecto como pilares de nuestro planeta.

 

Sabina Itzel Hermida Carrillo
Activista. Forma parte del Colectivo Educación Especial Hoy, Familias y Retos Extraordinarios A. C. y de Yo Cuido México.