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El confinamiento afectó el bienestar, la calidad y la vida misma de las mujeres y niñas en todas sus diversidades; sin duda es esencial para reducir el covid-19, pero cuando se implementa sin enfoque de género e intersectorialidad provoca que las mujeres se queden atrapadas con sus agresores y, por lo tanto, se transgreda su derecho a vivir libres de violencias. Prueba de ello son las escalofriantes cifras de México en 2020, en donde a diario se asesinaron a más de 10 mujeres y niñas, se realizaron 46 denuncias por violencias sexuales contra mujeres y niñas y desaparecieron 19 mujeres.

Ilustración: Kathia Recio

Ante ello, el actual y evidente incumplimiento gubernamental que se ha fortalecido con los rezagos de sexenios anteriores, ha imposibilitado garantizar la igualdad sustantiva, que implica asegurar la inclusión, no discriminación y dignidad de todas las mujeres.

Durante la pandemia, nos hemos enfrentado a las amenazas constantes de retrocesos de derechos logrados, por razones político-ideológicas patriarcales, conservadoras, discriminatorias y excluyentes a todo lo se que refiera a mujeres, género, feminismo y derechos humanos.

Patrones culturales misóginos de privilegio machista que continúan concentrando el poder para subordinar y profundizar impunemente las desigualdades que vivimos las mujeres en los espacios públicos y privados. Se contrae la autonomía de las mujeres para controlar sus recursos; se disminuye su capacidad para decidir sobre su (nuestro) cuerpo, para participar como ciudadanas y disfrutar una vida libre de violencias.

Situaciones que antes de la pandemia existían, pero que ésta vino a recrudecer, evidencian y demuestran la incapacidad de actuación de las autoridades. Esto es claro en asuntos como los derechos a la atención pre y posnatal y el acceso libre a la interrupción del embarazo y a la anticoncepción debido a la saturación de los servicios de salud.

Ante la falta de medidas de protección, por no considerar que las mujeres solicitantes cuentan con los “suficientes elementos” para comprobar que se requieren, mujeres víctimas de ataques de ácido o con discapacidades como secuela de las violencias machistas lamentan no haber sido informadas por las autoridades sobre su derecho a estar en un refugio. Situación que las hubiera llevado, como ellas mismas lo han expresado, a “tener hoy una historia distinta”.

El Estado sigue sin comprender la importancia de incorporar en la agenda política el enfoque de interseccionalidad y adoptar medidas diferenciadas para mujeres, niñas y adolescentes diversas: con discapacidades, migrantes, privadas de su libertad, víctimas de trata, mujeres que por el simple hecho de serlo están en mayor riesgo de violencias, discriminaciones y exclusiones.

Pese a lo anterior, el confinamiento potenció nuestra creatividad para resignificar las acciones de quienes apoyamos a mujeres, niñas y niños sobrevivientes de violencias, creando estrategias para continuar acompañándolos y respondiendo de forma efectiva e incluyente. Contuvimos las propias emociones que genera una pandemia y estuvimos pendientes de las emociones de las familias residentes del refugio, con la certeza de que nosotras no podemos parar. Pese a las propias declaraciones de las autoridades, la violencia contra las mujeres y los feminicidios no entraron en cuarentena, por lo que hemos intentado mitigar el impacto emocional, físico y económico del covid-19 para nuestras organizaciones y quienes las conformamos.

Sin duda, la doble pandemia arrasa vidas, y ante ello los movimientos de mujeres nos mantenemos con firmeza al frente, diseñando acciones, campañas y tomando las redes sociales para manifestar el rechazo a la corrupción, la impunidad y al patriarcado: “Ya basta”; “No estás sola”; “Justicia para todas”; “Mi cuerpo es mío”; “Por el derecho a decidir”; “Ni una más, nosotras tenemos otros datos”; “Yo sí te creo”; “Rompa el pacto patriarcal”.

Marchamos virtualmente, informamos, difundimos, evidenciamos, propiciamos debates para analizar el patriarcado y el machismo que perpetúan la injusticia, acuerpamos a las otras para alzar la voz desquiciando al patriarcado convencidas de que sólo los feminismos garantizarán el avance de los derechos humanos de todas las mujeres.

El movimiento feminista diverso y legítimo exige históricamente a todos los gobiernos y sigue marcando la agenda feminista pese a la discriminación reiterante y represiva del gobierno en turno, articulándonos y movilizándonos para afrontar las descalificaciones y violencias.

Entre tanto, el gobierno actual anima a los perpetradores, les proporciona poder, controles adicionales mientras exhorta a las víctimas a “perdonar y olvidar”. Presenciamos la usurpación de la dignidad de las mujeres cuando el presidente protege a un candidato a gobernador que ha sido denunciado como agresor. La violencia que se prolonga genera percepción de poderío, seguridad e impunidad al agresor, eso sí es conservador.

Ante esta realidad, desde nuestras diversidades, las feministas le decimos al patriarcado: “¡No nos vamos a callar!”. Y seguiremos exigiendo al Estado garantía de todos los derechos para todas las mujeres, alzando la voz por nuestra vida, libertad y acceso a la justicia hasta que la dignidad se haga costumbre y derroquemos al patriarcado. ¡Ni una más, vivas nos queremos!

 

Wendy Figueroa Morales
Psicóloga feminista y directora de la Red Nacional de Refugios.