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Todo el mundo está familiarizado con el Mayflower. A bordo del famoso buque llegaron los pilgrims, peregrinos puritanos, a fundar una colonia en la costa de Massachusetts en 1620. Un año después, los colonos de Plymouth celebraron su primera cosecha con una acción de gracias, epítome de las celebraciones religiosas de los protestantes, pensadas como alternativas a las fiestas católicas. Numerosas interpretaciones del excepcionalismo estadunidense datan su origen en esa peculiar fundación.

Ilustración: Belén García Monroy

Casi nadie, empero, recuerda otro barco, el Seaflower. En febrero de 1631 el navío zarpó de Londres con cerca de cien pasajeros. Su destino era la isla de Santa Catalina, cerca de la costa caribeña de Nicaragua, recién capturada por los ingleses. Ahí establecerían una segunda colonia puritana en América, melliza de la de Massachusetts. Providence Island fue fundada el 25 de diciembre de 1629. Hombres temerosos de Dios querían erigir allí una comunidad piadosa. Rápidamente rebautizaron la ínsula como Providencia, porque creían que el dedo de Dios les indicaba el camino, la ciudad en la colina. La Providence Island Company fue una empresa privada que contó con la autorización del rey Carlos I de Inglaterra para colonizar y administrar la colonia. El propósito era el mismo que el de las otras colonias puritanas en Norteamérica: construir comunidades piadosas que fueran al mismo tiempo empresas agrícolas prósperas. Desde el siglo XIX nadie recuerda la colonia de Providence (hoy la isla colombiana de Santa Catalina), entre otras cosas, porque su destino fue muy distinto al de su hermana de Massachusetts: al cabo de unos cuantos años (la vida de la colonia fue de escasos once años) los colonos se volvieron piratas y ávidos esclavistas. En 1641 los españoles, fastidiados por las tropelías de los corsarios de Providence, que asolaban a barcos y poblaciones costeras, decidieron retomar la isla. Karen Ordahl documentó minuciosamente la historia.1

El caso de la colonia de Providence Island pareciera demostrar que la cultura no es destino: los mismos hombres que colonizaron Plymouth se establecieron en Providence. Unos, sin embargo, fundaron una colonia próspera y exitosa, mientras que los otros se convirtieron en piratas y esclavistas. ¿Fue la naturaleza la responsable? La explicación, sin embargo, es más compleja de lo que parece. La breve pero intensa historia de la colonia demuestra que existieron diferencias de importancia. Providence era una colonia puritana, pero enfrentaba problemas singulares. Ninguna de las colonias de tierra firme era tan vulnerable como ella. Los españoles jamás reconocieron la posesión inglesa. Los ataques llevaron a que, en respuesta, los colonos solicitaran al rey de Inglaterra una patente de corso, que les fue concedida. La isla se convirtió así en un activo puerto de avituallamiento y resguardo de corsarios. La piratería, censurable para los colonos puritanos, resultó al cabo un mejor negocio que la agricultura. A pesar de que la isla poseía tierras fértiles, la curva de aprendizaje requerida para establecer una plantación exitosa era larga. La piratería, en cambio, producía ganancias inmediatas que servían para compensar la inversión de los socios de la compañía. Otro factor que impidió el desarrollo era el esquema laboral que los socios de la compañía idearon. Deseaban construir una comunidad desprovista del individualismo egoísta que habían visto surgir en otras colonias. Por ello, la tierra no sería dividida de manera permanente, sino trabajada en común. Así establecieron contratos de aparcería con los colonos. No serían propietarios —la compañía era la dueña de toda la tierra— sino medieros, que debían entregar a la compañía la mitad de sus ganancias. La incertidumbre sobre los derechos de propiedad, ausente en Massachusetts, impidió que los colonos invirtieran en el cultivo de sus tierras. El trabajo manual lo harían siervos por contrato. Después de ciertos años estos hombres quedarían en libertad y podrían a su vez ser dotados de tierras para cultivar. Sin embargo, la colonia jamás logró atraer a un número suficiente de siervos. Así fue como poco a poco los colonos fueron comprando esclavos. En unos cuantos años Providence se convirtió en la colonia británica con más esclavos per cápita. Ahí ocurrió la primera rebelión de esclavos en una colonia inglesa.

Por último, Providence era una colonia manejada desde Inglaterra. A diferencia de otras colonias, en las cuales ocurrió que los propietarios exigieron instituciones representativas para proteger sus derechos e intereses y regular las contribuciones a las obras públicas, los colonos de la isla de la pureza no contaron ni con propiedad privada ni con una asamblea representativa. Tampoco tuvieron el control de los elementos militares de la colonia. Según Ordahl, cuando todos estos elementos estuvieron presentes, las colonias tuvieron éxito, pero cuando alguno faltó, fracasaron irremediablemente.

El 25 de mayo de 1641 el general Francisco Díaz Pimienta, al mando de una pequeña flota española que partió de Cartagena de Indias, tomó en un solo día de combate las defensas de la isla y se hizo del control de la colonia. Una misa solemne se ofició en la iglesia protestante. Díaz Pimienta encontró 381 esclavos y 350 ingleses. La colonia de la isla de la pureza había llegado a su fin.

 

José Antonio Aguilar Rivera
Investigador del CIDE y autor de La geometría y el mito. Un ensayo sobre la libertad y el liberalismo en México, 1821-1970 y Cartas mexicanas de Alexis de Tocqueville, entre otros títulos.


1 Kupperman, K. O. Providence Island 1630-1641. The Other Puritan Colony, Cambridge University Press, Cambridge, 1993.

 

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