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Cambio climático y cáncer conforman un binomio muy complejo y poco explorado, cuya suma deviene nuevos e impredecibles daños en la salud. Modificar el rumbo de las alteraciones generadas por nuestra especie es urgente.

Cavilar acerca de los efectos que el cambio climático está teniendo en determinadas neoplasias, desde la exposición a la radiación ultravioleta, la contaminación del aire y el agua hasta el impacto que tiene la inseguridad alimentaria es obligatorio, sobre todo, por el compromiso hacia los más jóvenes.

Tres ideas como preámbulo. Primera: entre 2015 y 2019 se registraron los cinco años más cálidos en la historia. Segunda: el mayor desafío en salud global del siglo XXI radica en modificar los daños provenientes del cambio climático. Tercera: de acuerdo con The Global Burden of Disease Cancer Collaboration (2019), el cáncer será la principal causa de muerte y obstáculo fundamental para incrementar la esperanza de vida en el siglo XXI.

Investigaciones científicas y medios de comunicaciónhan expuesto la asociación entre cáncer de pulmón y contaminación del aire. Dicha neoplasia, según el Global Cancer Observatory (2020), es, tras analizar el resto de los tumores, la que ocupa el primer lugar de mortalidad a nivel mundial. Desafortunadamente, apenas hace siete años la International Agency for Research on Cancer reconoció a la contaminación del aire como carcinógeno: sustancia o agente que produce cáncer. El problema de la contaminación se ha agravado por incendios forestales y sequías, asociados, muchos de ellos, a negligencias humanas: nuestra falta de respeto hacia la Tierra es infinito.

La pandemia de covid-19 es un nuevo elemento en este complejo tejido. Esta enfermedad representa una muestra de las pandemias asociadas al calentamiento global. En julio 2020 se publicaron los primeros resultados del registro internacional TERAVOLT (Thoracic Cancers International COVID-19 Collaboration), en el cual se reportó que de 200 pacientes con covid-19 y cánceres torácicos, 76 % fueron hospitalizados y 33 % fallecieron.

Ilustración: Kathia Recio

Aproximadamente desde 1990 se conoce la relación entre el daño a la capa de ozono, la radiación ultravioleta y el cáncer de piel. Los casos de melanoma han aumentado de manera constante en las últimas décadas. En 2012 se reportaron 230 000 casos y 55 000 muertes. Un factor que contribuye a la complejidad del problema es que el impacto de los gases de efecto invernadero en la capa de ozono y la exposición a la radiación ultravioleta es heterogéneo. Australia es uno de los países más afectados por el daño a la capa de ozono. En ese país el cáncer de piel representa más del 80 % de todos los tumores malignos.

Sería erróneo no señalar los posibles vínculos entre cáncer y nutrición. Buena parte de los debates actuales giran en torno a las siguientes preguntas: ¿qué tipo de dieta es adecuada para no desarrollar cáncer?, ¿en el futuro podremos alimentar con una dieta saludable y sustentable a 10 000 millones de personas? Son múltiples las vías por las cuales el cambio climático está afectando la cantidad y calidad de la producción alimentaria. Ejemplos sobran. Sobresalen el aumento de la temperatura, inundaciones, sequías, huracanes, disminución de polinizadores e incremento del nivel del mar. Es innegable que la humanidad confronta un problema mayúsculo. Un estudio reciente predijo que para 2050 habrá 534 000 muertes relacionadas con el cambio climático, incluidos los decesos por cáncer provocados por los cambios en la producción de alimentos, principalmente por una reducción en el consumo de frutas y verduras. En el mismo contexto cabe resaltar que las inundaciones pueden aumentar el riesgo de exposición a sustancias químicas tóxicas. En Estados Unidos alrededor de 2500 sitios que manipulan productos químicos tóxicos se encuentran en áreas en riesgo de inundación. Dichos productos tóxicos, entre otros, benceno, son objeto de estudio por su posible asociación con tumores malignos.

Matthieu Ricard, doctor en biología molecular por el Instituto Pasteur, escritor y monje budista, ilustra y confronta: “En el mundo contemporáneo, el altruismo es más que nunca una necesidad, incluso una urgencia”. Altruismo, responsabilidad, solidaridad, conciencia, futuro. Palabras cuyo corazón las transforma en vivencias: al unirlas y repasar su esencia la idea de Ricard cobra fuerza.

Desmenuzar lo que se ha dado en denominar la condición humana es urgente. Como especie tropezamos y después de caer, volvemos a tropezar. Somos contumaces. Si no modificamos nuestra actitud y no respetamos a la Tierra, el presente quedará en presente y el futuro, para los jóvenes, no será más que mera entelequia.

 

Julieta Gómez
Médica. Actualmente cursa la subespecialidad de Oncología Médica en el Centro Médico Nacional 20 de Noviembre. Integrante del Colegio de Bioética.

Arnoldo Kraus
Profesor en la Facultad de Medicina de la UNAM. Miembro del Colegio de Bioética A. C. Publica cada semana en El Universal y en nexos la columna Bioéticas.

 

3 comentarios en “Cambio climático y cáncer

  1. La primera vez que escuché hablar de que el clima en una región de México estaba cambiando fue a mediados de los 80’s de boca de un agrónomo en una conversación informal, a partir de entonces me interesè en observar el clima en mis entornos por mera curiosidad y los resultados al día de hoy los encuentro interesantes por la forma que pueden impactar nuestra vida cotidiana: se nos olvida que somos animales desnudos. No han faltado antropólogos que hayan buscado una relación entre violencia y clima caliente. El estudio del clima me parece apasionante y desde luego la influencia de la actividad humana en el mismo. Un poeta dijo que el mediodía es la hora del suicida, de hecho existen lugares en que la claridad de la hora puede resultar insoportable: ahora recuerdo el extranjero de Camus. Sin duda el tema que ustedes abordan es importante.

    • Gracias, como siempre, por tu interés. Desde 1980 todo ha empeorado. Entre más se sabe del clima, nos enteramos de mas noticias malas. Hay una actividad directamente proporcional entre las actividades del hombre y el deterioro de la Tierra. Sumergidos de lleno en el Antropoceno, ¿qué sucederá en dos o tres décadas si acaso la Tierra «sigue viva»? El panorama es ominoso.
      Saludos afectuosos,
      Julieta y Arnoldo