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Los amaneceres tienen promesa del futuro (y más en estos días). En cambio, la noche siempre invita a lo callado. Había olvidado el placer de acompañar a los más pequeños en su paso de la vigilia el sueño: con las canciones de cuna, las nanas a las que Lorca dedicó un entrañable ensayo. Lo hacía con mis hijas cuando eran pequeñas, pero han pasado muchos años. Algunos días he podido dormir a mi nieto. Entonces recurro a las canciones que han pasado de generación en generación, un legado que nos anuda a las madres, una sabiduría que remite siempre al final de la jornada de las madres jóvenes y su dulce manera de poner al pequeño a dormir. Vienen a mí canciones que cantaba Nicolasa a Juana, Juana a Charo, Charo a mí, más las que yo añadí para mis hijas. Un repertorio que ha arrullado un linaje familiar y sigue funcionando. Lo compruebo con mi nieto que aún no ha cumplido dos años. Cabe decir que canto mal, sin embargo, ese arrullo susurrado es un asunto privado entre mi nieto y yo, que no parece desagradarle. Pongo mi mano sobre su vientre niño y lo acaricio con giros que llevan el ritmo de la música, como si el canto entrara mejor acompañado del tacto. Siento el cuerpo abandonarse al descanso, aquéllo alimenta la suavidad de mi voz que se va haciendo más queda. Y me confieren un poder secreto: arrullar.

Ilustración: Estelí Meza

De pronto, una de esas esporádicas noches de arrullo, la mano de mi nieto toma la mía. Es un regalo que confirma nuestro pacto silencioso. Como si quisiera decir ya sé que aquí estás, abuela. Me asombro ante la ternura renacida, ante lo que nos une. ¿Dónde estaba esta clase de amor que se estrena con los hijos de los hijos? Me ha llamado abuela y con su mano engarzada a la mía, a punto de hundirse en el largo sueño de los niños en la cuna, me confirma el papel con el que me ha ungido su nacimiento: soy su abuela, la memoria, la voz de las generaciones, pero también una niña en un cuerpo gastado. Alguien capaz de reír, disfrutar, atestiguar desde otra trinchera la continuidad de la vida, las maneras de nombrar el mundo. Me he conmovido. Gracias, Tomás.

 

Mónica Lavín
Escritora. Es autora de Todo sobre nosotras (2019), entre muchos otros títulos.