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Del 2020 rescato mi acceso casual a un tramo de pasado. Por algún motivo regresé a los poemas y canciones de Federico García Lorca. Volví a recordar el hecho de ser el menor de cinco hermanos que creció en una casa de huéspedes. A mis oídos llegó gran cantidad de cosas en discos, ya fuera por mis hermanos o los demás. Desde Los Beatles a Javier Solís. Entre esos discos había unos de Rafael Acevedo. Antes que leer a García Lorca lo oí recitado por él. De esas oídas aún conservo en la memoria largos pasajes del “Romance de la casada infiel” y del “Llanto por la muerte de Ignacio Sánchez Mejías”.

Ilustración: Estelí Meza

Otra ventaja de ser el menor: cuando me llegó el tiempo de leer a García Lorca ya estaban en mi casa las Obras Completas de editorial Aguilar. Aún tengo ese libro. Estoy viéndolo. Después de tantos años quedó en mi poder. Era de Emma, la mayor de mis hermanos; se lo regaló un pretendiente. Es la novena edición, de 1965.

Ahora: en 1965 yo cursaba primaria en el Instituto Patria. Ahí nos daba clases de canto el Sapo, Mario Gutiérrez Alpírez. Puedo ver cómo se llamaba en el anuario del Patria de 1965; lo tengo porque a la muerte de mi madre en 2005 apareció entre las cosas mías que ella había guardado. (Otra ventaja de ser el menor.) El hecho es que entre las canciones que el Sapo nos ponía a cantar estaba La Tarara y sólo volví a encontrármela tiempo después en las Obras de García Lorca, en las “Canciones populares españolas” que él había recogido y, a veces, armonizado para el piano. Confieso que de la versión de García Lorca sólo recordaba el estribillo (“La Tarara, sí; /la Tarara, no; /la Tarara, niña,/ que la he visto yo”); y la primera de las tres estrofas (“Lleva mi Tarara / un vestido verde /lleno de volantes/ y de cascabeles”). En cambio, al Sapo siempre le estaré agradecido por darme más Tarara con la estrofa: “Tiene mi Tarara/ un vestido blanco/ de lunares negros/ para el Viernes Santo”. Es buenísima: no se diga que la alegrérrima Tarara por vestir de blanco es desobligada frente al Viernes Santo; ahí están los lunares enlutándola. Qué más quieren.

En mi caso el año habrá sido bueno si, con las tés fuertes y las eres suaves, puedo terminarlo tarareando La Tarara.

 

Luis Miguel Aguilar
Su último libro es la plaquette de poemas De varias formas.